Image

Trinchera de ideas|Crónica de la construcción de una Balanza de Poder


Sergio Rodríguez Gelfenstein

El gobierno de China ha evitado confirmar oficialmente la realización de una cumbre trilateral entre Xi Jinping, Donald Trump y Vladímir Putin -al margen de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC)- durante el próximo mes de noviembre en la ciudad china de Shenzhen, limitándose a declarar, a través de Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, que “no cuenta con información que ofrecer” sobre tal evento, manteniendo cautela ante los anuncios que se han hecho al respecto desde Washington y Moscú .

Beijing ha preferido conservar su tradicional postura ambigua y prudente en público en la búsqueda de sostener la armonía y el equilibrio que caracterizan su política exterior para no comprometer su relación estratégica con Rusia -calificada como una asociación “sin límites”- ni cerrar canales de diálogo o negociación con la administración de Estados Unidos tras los recientes contactos bilaterales con el presidente Donald Trump.

En el mismo momento que se comenzaba a hablar de la posible Cumbre a tres bandas y cuando el propio Trump había mencionado la posibilidad de una reunión para debatir sobre desarme nuclear, Mao se negó a confirmar la presencia de su país en esas conversaciones. Según la edición en inglés del portal griego, Geopolítica, el argumento de Beijing se sustenta en que Estados Unidos “con un enorme arsenal nuclear", debería cumplir con su "responsabilidad especial y primordial en materia de desarme nuclear". La diplomática china consideró que la capacidad nuclear de China “no está ni mucho menos al mismo nivel que la de Estados Unidos y Rusia”, y que “no era justo, razonable ni realista” pedirle a China que se una a lo que ella denominó “las llamadas negociaciones trilaterales de desarme nuclear en esta etapa”.

No obstante a ello, hay varias señales en el sentido de que sí habría preparativos, y lo que es más importante, interés en organizar el cónclave. Las relaciones bilaterales entre estas potencias se encuentran en un ambiente distendido desde la visita del presidente Xi Jinping a Estados Unidos a finales de septiembre de este año y el más reciente viaje de Steve Witkoff, enviado especial de Trump que se reunió recientemente en Moscú con el presidente Vladímir Putin para abordar propuestas de paz sobre Ucrania y hablar de las relaciones bilaterales. Fue precisamente tras este encuentro, que Putin sugirió celebrar una cumbre conjunta con Trump y el presidente de China Xi Jinping, durante la próxima cumbre del foro APEC en territorio del país asiático.

Las relaciones bilaterales entre China y Rusia se encuentran en un nivel estratégico sin precedentes, a menudo descritas por sus líderes como una "asociación estratégica integral de coordinación para una nueva era" o una "amistad sin límites".

Por su parte, tras la visita de Estado del presidente chino Xi Jinping a Washington del 23 al 25 de septiembre de este año y su cumbre con el presidente estadounidense, las relaciones bilaterales se encuentran en una fase de estabilización y diálogo estratégico, aunque continúan marcadas por profundas competencias estructurales. El concepto de estabilidad estratégica señala que aunque ambos países son poseedores de armas nucleares carecen de incentivos para lanzar un primer ataque nuclear o involucrarse en un conflicto militar de gran envergadura según lo expuso Dmitri Trenin, miembro del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia en un artículo publicado en marzo de 2019 por el centro Carnegie de Moscú.

De igual manera, las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Rusia atraviesan una fase de acercamiento diplomático selectivo y distensión negociada, impulsada por la administración de Trump y sus esfuerzos por mediar en la guerra de Ucrania, a pesar de que persisten profundas fricciones estructurales derivadas del conflicto bélico.

En este marco, tras la valoración positiva por parte de Moscú respecto de la decisión del presidente de Estados Unidos de firmar una orden ejecutiva que suspendió temporalmente la entrada en vigor de nuevas sanciones contra Rusia con el objetivo -según Washington- de estabilizar el mercado energético mundial y restablecer gradualmente el comercio de productos energéticos, el viceprimer ministro ruso Alexánder Novak, anunció el 9 de octubre que su país comenzará a levantar de inmediato las restricciones a la exportación de diésel, antes de los plazos previstos inicialmente. Asimismo, expresó la disposición de Rusia para coordinar futuras acciones a fin de lograr un mercado más predecible y estable.

Siguiendo la lógica de estos hechos, el 12 de octubre el presidente Putin comunicó a Trump la disposición de Rusia de suministrar petróleo a los mercados estadounidense y mundial. Unos días después, el 19 de octubre, el presidente norteamericano anunció por primera vez que se fijaría la fecha de una reunión conjunta con Xi Jinping y Putin en función de la cuestión del desarme nuclear. En relación al tema, Trump dijo que: “Si Putin y Xi desean una reunión trilateral en China, me gustaría que se llevara a cabo” agregando que: "Yo la haría si ellos quieren tenerla. Me acabo de enterar, y si a ellos les gustaría llevarla a cabo, creo que se haría [...] yo estaría dispuesto".

Ese mismo día, Yuri Ushakov, asesor del presidente ruso, comentó que el posible encuentro trilateral se podría dar en Shenzhen, al margen de la reunión de líderes de APEC. Ushakov afirmó que: "Si el presidente de Estados Unidos estará allí, entonces creo que el anfitrión de este evento, el presidente Xi Jinping, probablemente va a dar algunos pasos para la posible organización de una reunión trilateral".

Al día siguiente fue el vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov quien se refirió al tema destacando la necesidad de incluir la estabilidad estratégica en la agenda de un eventual encuentro de los tres líderes, dado que "el mundo, por primera vez en mucho tiempo, se ha quedado sin una base jurídico-contractual" en esta materia.

Veinticuatro horas después, otra vez Ushakov aseguró que los líderes de Rusia, China y Estados Unidos confirmaron que están listos para reunirse, incluso fue más explícito a pesar del mutismo de China al respecto, al afirmar que: “Los anfitriones del encuentro, […] ya trabajan en los preparativos añadiendo que "En un escenario favorable, [la reunión] estará incluida en la agenda" de la mencionada cumbre multilateral.

Entre otras cosas, Ushakov indicó que la parte rusa ha compartido "algunas ideas prácticas acerca del contenido" del posible encuentro. Según sus datos, los expertos ya han trabajado al respecto, pero todavía está por asegurarse la "presencia de los tres líderes en un lugar al mismo tiempo".

Tras la cada vez más arraigada comparación en la opinión pública entre esta reunión y la que sostuvieron en Yalta en febrero de 1945, los líderes de la Unión Soviética, Estados Unidos y Reino Unido en la que establecieron el orden mundial de posguerra, Peskov se apresuró a rechazar las símiles entre los dos eventos reconociendo en todo caso que el encuentro sería de alcance mundial. Peskov no dudó de ello. Ante la pregunta de un periodista no dudó en afirmar que: "Desde los tres lados hay comprensión de que sería bueno reunirse. Desde los tres lados existe la disposición hipotética para realizar tal reunión"-

A este respecto el analista internacional mexicano Alfredo Jalife-Rahme opinó que a su juicio, no era correcta la aseveración de un Yalta 2.0, “ya que a ella asistieron tres triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, cuando hoy Trump —quien heredó el empantanamiento de Biden en Ucrania y fue empinado por Netanyahu a entablar su fallida guerra contra Irán— asiste como perdedor junto a dos vencedores: Rusia (en Ucrania) y China, que ocupa el primer lugar en el PIB global, medido por el poder adquisitivo, según datos recientes del Banco Mundial, y líder en la trazabilidad de 69 de 74 rubros tecnológicos de impacto”,

Tratando siempre de ser original, Jalife consideró que más bien, “la cumbre trilateral de marras se parecería más correctamente a un Congreso de Viena 2.0 (1814-1815), donde concurrieron ocho grandes potencias europeas: Austria, Rusia, Prusia, Gran Bretaña, España, Portugal, Suecia y Francia (la potencia derrotada por las 'guerras napoleónicas'…”

Sin embargo, Vladimir Putin fue más cauto al respecto. El 21 de octubre cuando se reunió con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, se limitó a manifestar su voluntad de reunirse con Trump en China toda vez que había “algunas consideraciones que nos gustaría compartir”.

El asunto fue creciendo en el ánimo de la opinión pública mundial. El 24 de octubre se pronunció sobre el tema María Zajárova portavoz del Ministerio ruso de Relaciones Exteriores, al exclamar que: “Miles de millones de personas en el mundo depositan sus esperanzas en el encuentro entre los presidentes de Rusia, Estados Unidos y China -Vladímir Putin, Donald Trump y Xi Jinping, respectivamente-, en China el próximo mes”. Así, Zajárova se hacía eco de la imperiosa exigencia de la mayor parte del planeta que clama por un alto en las tensiones, el conflicto y la guerra, sobre todos después que han fenecido todos los acuerdos en materia de control de armamentos nucleares firmados durante la guerra fría y cuya vigencia se mantuvo hasta hace pocos meses atrás.  

Zajarova afirmó que: "Los líderes de las tres potencias más grandes, en el momento más difícil desde el punto de vista de las relaciones internacionales, cuando literalmente se sacude todo el planeta, tendrán la oportunidad, en el marco de un formato multilateral, […] de intercambiar opiniones". La diplomática rusa quiso ser todavía más contundente al reiterar que la reunión concentrará "la atención de millones, incluso diría miles de millones" de personas. que esperan que dicho encuentro marque un punto de inflexión en la crisis internacional”.

Concluyó diciendo que: "La gente deposita muchas esperanzas en una reunión. ¿Por qué? Porque muchos quieren dejar atrás este deslizamiento hacia el caos absoluto y comenzar a regresar a la estabilización o, al menos, al camino que pueda conducir a la estabilización".

En su reiterada vocería sobre el asunto, el 25 de octubre, Ushakov aseguró ahora que la organización de la reunión ya había comenzado. Incluso fue más preciso: "Ahora puedo decir con certeza que en Moscú, en Pekín y en Washington, en principio, están preparados para celebrarla [la reunión], y que ya han comenzado los preparativos", Asimismo, el asesor de la presidencia de Rusia señaló que los funcionarios chinos se habían tomado muy en serio la organización de las negociaciones.

En este contexto, es válido preguntarse ¿qué ocurre con Europa? Cuando la Unión Europea (UE) está perdiendo, uno tras otro, los pilares que sostuvieron su bienestar durante décadas. Tras volverse dependiente de China, Rusia y Estados Unidos en comercio, energía y seguridad, el bloque comunitario ha tensado sus relaciones con los tres y, en la práctica, “está marcando un triplete geopolítico, aunque, al parecer, en su propia portería” de acuerdo a un reporte de RT en español publicado el pasado 17 de octubre.

El escrito señala que Europa le dijo adiós a la energía barata de Rusia convirtiendo ese vital rubro en uno de los mayores lastres para su economía . Según la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, solo desde el inicio del conflicto en Asia occidental las importaciones de combustibles fósiles le han costado a la UE más de 100.000 millones de euros adicionales, 

En el frente comercial, los problemas con China se acumulan, mientras las importaciones crecieron un 45 % en 5 años, las exportaciones europeas cayeron hasta generar un déficit comercial que ya roza los 1.000 millones de euros diarios y ha aumentado otro 10 % desde comienzos de 2026. La situación es de tal gravedad que este año los 27 miembros de la UE registran un déficit comercial con el país asiático.

Pero, en realidad la dependencia más cara de Europa -de acuerdo al informe de RT- es la militar. Aunque en la cumbre de la OTAN de La Haya en 2025, los aliados se comprometieron a elevar el gasto en defensa y seguridad al 5 % del PIB para el 2035, del cual el 3,5 % debía ir a necesidades militares básicas, la meta quedó lejos, toda vez que según Janes, empresa británica de inteligencia especializada en temas militares, de seguridad nacional, aeroespaciales y de transporte , el gasto militar básico medio de los miembros de la OTAN sin contar a Estados Unidos, apenas pasó del 2,2 % del PIB en el 2025 al 2,4 % en el 2026. Esta carencia tendrá que cubrirse con deuda, en un momento en que endeudarse en Europa sale bastante más caro que en el 2022 y la capacidad financiera de cada país es muy distinta cuando los europeos han asumido casi por completo el apoyo a Ucrania desde que Trump recortó la ayuda estadounidense a Kiev.

En este contexto, se ve muy difícil que Europa pueda revertir esta tendencia transformando al conglomerado en un actor irrelevante de cara al futuro. Así, es posible asegurar que el sistema internacional del futuro se configurará a partir de tres actores protagónicos y hegemónicos. La balanza de poder se verificará con la presencia de China, Estados Unidos y Rusia como actores nacionales y esenciales. En esta liga Europa no juega ni jugará. Mientras tanto, si el sur global quisiera tener un papel protagónico en este escenario, deberá superar sus limitaciones económicas y sus contradicciones políticas planteándose de manera resuelta, hacer un esfuerzo de acercamiento e integración que le dé un espacio relevante de participación en el mundo del siglo XXI. Si se observa el estado de la región, para América Latina y el Caribe, esta aseveración es particularmente dramática. 

Te invito a seguir mis redes:


YouTube: https://www.youtube.com/@SoySergioRodriguezGelfenstein

Facebook: https://www.facebook.com/share/19pfvYSqSv/

IG: https://www.instagram.com/trinchera_de_ideas_sergior?igsh=aGU1Y2EzbGk3Z2pp X/Twitter: https://x.com/sergioro0701

Blog: https://sergioro07.blogspot.com/