Letra veguera | El fascismo cultural
Por Federico Ruiz Tirado
12/08/2026.- Cuando el tentáculo fascista atrapa la conciencia humana, estamos quizá ante una de las formas más peligrosas de dominación y enajenación, porque no necesita cadenas, ni armas, ni fusilamientos para someter a los débiles y oprimidos. Basta con adueñarse de su imaginación y vigilar estrechamente la cotidianidad de las personas a ver si renuncian a su identidad, desprecian sus raíces y terminan defendiendo con fervor a quienes las explotan. Incluso lo hacen sus propias familias, si esta las considera la famosa oveja negra de la estirpe.
Allana el ser
El fascismo cultural es una maquinaria que devora la dignidad y niega los derechos individuales. Al romper el vínculo con la ancestralidad, la memoria y la cultura propia, esta demoníaca serpiente convierte la sumisión en una aparente virtud y hace que los pueblos olviden quiénes son, facilitando así la perpetuación de cualquier forma de opresión.
Imponer la obediencia
Existe una forma de dominación que surge desde las penumbras de la subjetividad, como si un lobo disfrazado de cordero nos asomara sus intenciones salvajes detrás de la puerta. No viste de caqui ni marcha a paso de parada; no requiere tanques ni alambres de espino para imponer la obediencia. El fascismo cultural actúa desde el tuétano del tejido simbólico, colonizando la imaginación, desarticulando los imaginarios colectivos y reprogramando las identidades hasta lograr que el oprimido perciba su subordinación no como una injusticia, sino como el orden natural de las cosas.
Se instala en el paladar
Al desbaratar el vínculo con la memoria histórica —volverla metafísica, etérea—, la ancestralidad y el arraigo territorial se tornan híbridos y esta operación transforma el sometimiento en una aparente virtud republicana o económica.
El individuo, desposeído de su razón identitaria, termina defendiendo con fervor los dogmas e intereses de quienes provocan su propia marginación. La víctima quiere parecerse a ellos, usar sus vestimentas, ingerir sus cocteles, hablar con onomatopeyas sus idiomas, leer sus libros de autoayuda, comer y hacer dietas al estilo de la gastronomía que bien pudiera desprenderse de la pasión de Mussolini por el queso provolone, como sucede en algunos países como Argentina, Chile y Uruguay. El fascismo italiano también se instaló en el paladar de los sureños de la América Latina.
La mecánica del desarme simbólico
El fascismo cultural opera mediante un proceso sistemático de desarticulación y reemplazo de la identidad colectiva. De la mano de la Iglesia, la Santísima Trinidad y el sindicalismo más rancio, atacan hasta lograr la invalidación del acervo propio, lo originario, comunitario o autóctono, y lo catalogan desde las narrativas dominantes como "atraso", "arcaísmo" o "ineficiencia".
Si usted masca y escupe chimó, o juega dominó en el porche de su vivienda, sin camisa y con unas "frías" abajito de la silleta de cuero de vaca, escuchando su musiquita, usted es un indecente y vulgar que debe cambiar esas costumbres salvajes que lo "identifican" como un pobre diablo chavista.
Trump nos ha dicho brutalmente "muertos de hambre, pero felices". Esta vulgaridad contiene, desde luego, uno de los rasgos de un demente que no tiene empacho en lanzarla, desde el despacho oval hasta el fin del mundo, como un dardo de la guerra cognitiva para que se instale el llamado complejo de inferioridad social, donde las expresiones culturales nativas pierden legitimidad frente a modelos importados.
La amnesia histórico-social
Se despoja al pueblo de su genealogía de luchas. Sin memoria histórica, no hay referente contra el cual contrastar el presente; al perder la consciencia de dónde se viene, se vuelve imposible discernir hacia dónde conducen las políticas de despojo. José Roberto Duque ha abordado este tema de la ancestralidad como escudo de resistencia haciendo uso de su caleidoscopio personal. Hemos celebrado su opinión con entusiasmo, porque se vincula con el sociologismo y los toques de clarín que hoy saltan como venados a atacar a Delcy después del 3 de enero.
El sujeto autorreprimido
La violencia ejercida a nivel simbólico conduce a una internalización de la culpa. El trabajador o el campesino no atribuyen su precarización a las estructuras socioeconómicas, sino a sus propias "deficiencias" personales o a la inadaptación a las dinámicas del mercado globalizado.
Estudios de caso: dispositivos de alienación en el Cono Sur
Para comprender el impacto de este fenómeno en América Latina, es fundamental analizar cómo la imposición ideológica operó en los procesos sociopolíticos contemporáneos de Chile y Argentina.
En los casos de Chile y Argentina, encontramos:
- Palabras claves: Matriz ideológica, doctrina neoliberal e individualismo propietario, desprecio de la identidad popular e idealización exógena.
- Dispositivo cultural: Transformación del derecho en bien de consumo (como la educación, la salud o las pensiones).
- Desmantelamiento de la memoria del movimiento obrero y lo nacional.
- Resultado social: Naturalización de la precariedad y ruptura del tejido comunitario. Hay una justificación del despojo bajo el dogma de la eficiencia del mercado.
Chile: El modelo neoliberal y la ruptura de la solidaridad colectiva
En Chile, tras la imposición del modelo neoliberal a través de la dictadura de Augusto Pinochet y su consolidación durante la transición democrática, el fascismo cultural operó mediante la sustitución del concepto de "ciudadano" por el de "consumidor".
Además, aparecieron los siguientes conceptos:
- Mito del mérito individual: Se instauró una narrativa socioeconómica donde el bienestar individual depende en exclusiva del esfuerzo personal dentro de un mercado privatizado (salud privada, educación bancarizada).
- Desarticulación comunitaria: El valor de la solidaridad de clase o de la organización vecinal fue proscrito culturalmente y tachado de subversivo o ineficiente.
- Defensa del modelo por los afectados: Gran parte de los sectores trabajadores terminó militando de forma activa en la preservación de instituciones privatizadas que precarizaban sus vidas. Percibían cualquier intento de democratizar los bienes comunes como una amenaza a la "libertad individual".
Argentina: la culpabilización del trabajo y la hegemonía del desprecio social
En Argentina, las dinámicas de dominación cultural han fluctuado entre regímenes autoritarios e hegemonías mediáticas, que instalaron el desprecio hacia lo popular y hacia las conquistas históricas del movimiento obrero.
Otras características relevantes son:
- Estigmatización de la memoria colectiva: Se construyó un discurso donde los derechos laborales alcanzados y la intervención del Estado en la economía son presentados como la causa del atraso del país.
- Alineación cultural exógena: Se exalta un modelo eurocéntrico o anglosajón en detrimento del arraigo latinoamericano y soberano, haciendo que amplios sectores populares asimilen el lenguaje de la desregulación económica, que fragmenta su propia estabilidad laboral.
- Autoodio clasista: El trabajador precarizado asume el léxico del capital financiero y termina criminalizando las reivindicaciones sociales de sus iguales. Apoya programas económicos de ajuste severo que conducen al cierre de industrias nacionales y al desmantelamiento de la educación y la ciencia públicas.
La resistencia cultural como restauración de la dignidad
Frente a la colonización de la subjetividad, la emancipación no puede ser meramente económica o política; debe ser, ante todo, una revolución cultural y simbólica.
¿Qué hacer?
Desarticular el fascismo cultural requiere recuperar la pedagogía de la memoria, revalorizar las raíces históricas y comunitarias y reconstruir una narrativa soberana que dignifique la identidad de los pueblos. Descolonizar la imaginación es el primer paso indispensable para que la sumisión deje de ser percibida como virtud y la libertad vuelva a fundamentarse en la justicia social y la soberanía colectiva.
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