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Aquí les cuento | La cárcel del pueblo. (4)

Por Aquiles Silva


¡Dijo bien!

 El canciller ruso,

 al exigir la liberación inmediata de

Nicolás y Cilia; secuestrados 

Por el emperador. 


Año y medio llevaba aquella planta de yuca injertada de Bonifacia con la Amarilla procedente de Amazonas. Todos observaban con curiosidad que Nery le brindaba particular atención a aquella siembra. Tendría un abono especial logrado de lombrices criollitas del patio, los orines de Nery le proveían Urea, mucho abono orgánico, preparado exclusivamente para esa mata en particular. De ese experimento Nery mantenía informado a los más cercanos colaboradores. Entre los cuales se encontraba su propio sobrino conocido como: Richard Vega, “El Acure” a quien habían condenado a quince años, por invitar a sus amigos a su casa, a comer cachapa de maíz sarazo, vender guarapo de papelón con limón en la calle; y preguntar a la gente en su pregón:

 -¿No oyen? ¿Están sordos?

Habían transcurrido tres años cinco meses y doce días, cuando Nery decidió iniciar el procesamiento de la mata de yuca. Nery le comunicó a su equipo, que era necesario prepararse para lo que sería la tarea más satisfactoria realizada por todos. Que, de acuerdo a sus cálculos, en tres meses y doce días exactamente, todo el mundo hablará de un milagro ocurrido en este pueblo.

En efecto. El tubérculo que había crecido del injerto, de acuerdo a lo previsto por Nery, había alcanzado un desarrollo tan grande que, la punta media dos metros y diez centímetros. Nery, un hombre grande, cabía de pie con los brazos abiertos; y todavía quedaba yuca de arriba y de abajo sin cubrir.

Ante la pregunta de los sorprendidos internos, cercanos al proyecto: 

- ¿Cómo vamos a sacar esa yuca tan grande?

Nery no dio respuesta. Se limitó a sonreír.

-¡Bueno muchachos, ya les explicaré!...

En efecto, la yuca era tan grande que ningún ser humano, ni la maquinaria más poderosa, pudiera desenterrarla. En consecuencia, la única forma de cosecharla era minarla. De ahí que la estrategia fue expuesta brevemente por Nery, despertando alegría en los internos que serían beneficiados de aquella, inédita realización.

Al día siguiente, muy temprano, los internos del proyecto casabero, trajeron del depósito cuatro carretillas, igual numero de picos y palas para empezar a cosechar la yuca.

Ya no era necesario destinar a muchos hombres a raspar las yucas para quitarles la concha, ya que el proceso de minado consistía en extraer la blanca pulpa, con la utilización de los picos y las palas y llenar con ella las carretillas que, de viaje en viaje, iban cargando hasta los espacios; donde se prensaba la pulpa, para extraer la catevía, lista para la elaboración del casabe.

Cada día, con el minado de la yuca, se iba avanzando en el interior del tubérculo, a razón de unos cinco metros diarios. La producción se disparó exponencialmente, igual que las ventas del casabe cuya demanda, por la calidad del mismo, y el costo económico a que se vendía; aumentaba cada día. Eran muchas las solicitudes y listas de espera de los nuevos clientes.

Nery les había dicho a todos los presos, que este año, El Niño Jesús, por primera vez se acordaría de los pobres.

Había soportado tres años de reclusión. Y es de todos sabido que la principal tarea que tiene un hombre justo, al caer en prisión, es lograr su libertad.

Transcurridas las dos primeras semanas ya la yuca había proporcionado las primeras diez toneladas de materia prima. Y el recorrido en su interior, avanzado setenta metros. Habían traspuesto la muralla y seguía avanzando hacia la fosa inundada conocida como Freedom River que media treinta metros de ancho por doce de profundidad.

La inteligencia natural de Nery, y su sencilla habilidad de caerle bien a todo el mundo, fue allanando el camino; para que la confianza de las autoridades le permitieran laborar, y dirigir con autonomía todo el proceso productivo. Claro, si los principales beneficiarios eran: el Gobernador Sam Pulguin Otario y el Alcaide de la prisión. Aunque siempre quedaban algunas orillas de casabe y harinitas, que recibían los funcionarios de menor rango.

El primer mes de trabajo, los presos habían redoblado el entusiasmo y lograron ciento treinta metros de cosecha.

 La fosa de los cocodrilos había quedado muy atrás y el enorme túnel avanzaba hacia el norte del pueblo.

 Los presos le preguntaban a Nery, que por qué, habiendo traspuesto ya bastante terreno, no salían a la superficie. Nery les explicó que, ellos tenían que cosechar toda la yuca, ya que los campesinos, agradecidos de la tierra, no deben dejar perder la cosecha por ningún otro interés, o asunto que se les atravesara. La misión era producir casabe para cubrir la necesidad el pueblo y del país. Al final -aseguraba- tendrían su más grata recompensa.

Llegó el mes de diciembre. La producción de casabe alcanzó el más alto rango en todo el país. El Gobernador ordenó al Alcaide que, colaborara con la iglesia del pueblo. Y que le comprara al cura todo lo necesario, para hacer la mejor fiesta de navidad que recordara el pueblo.

El día veinticuatro de diciembre, desde la mañana jugarían los niños y recibirían cotufas, algodón de azúcar y raspado. Los adultos tomarían chocolate, hecho por el mejor cacao de la sierra. Y comerían a discreción las empanadas de María Ramírez, quien instaló un fogón exclusivo, donde está el monumento de la virgen. 

El alcaide decretó ese día de júbilo para que: - ¡Todos coman y beban, hasta que se les tiemple el maruto! Así está escrito en la gaceta municipal. 

De la capital llegó una empresa que plantó cerca de la iglesia, una batería de fuegos artificiales que se exhibirían a las doce de la noche, cuando repicaran las campanas anunciando la hora del nacimiento del niño Jesús.

Aquiles Silva.

Valle guanape 29 de septiembre de 2026.