Psicosoma | Metáforas
Por Rosa Anca
Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.
Ludwig Wittgenstein
11/08/2026.- Las metáforas son pilares que estructuran todo nuestro pensamiento, la estructura misma con la que pensamos. Casi se podría decir que el lenguaje es el pensamiento mismo. No son un simple adorno poético, como muchos creen por ignorar las construcciones que subyacen en el mundo sentipensante del individuo, es decir, sus bases biológicas y su función neuropsicológica, en complemento con la vida sociocultural en la que habita. En ese "lenguajear" —lenguaje y acción diaria— yace la estructura germinal elemental previa a las ideas abstractas, al construir y generar. Entendemos antes de hablar y, en ese proceso prelingüístico, nos entramamos gracias a nuestra naturaleza biológica, física, cognitiva y emocional básica de sentir y estar en el mundo. Comprendemos que somos parte de la naturaleza como animales sentipensantes.
Cómo cuesta reflexionar y entender que estamos inmersos en el mundo de forma holística, y que tanto lo micro como lo macro e invisible nos conforman en una continua interdependencia. Resulta más útil y cómodo "creer" que estamos disociados de ella, de la Madre Naturaleza (Pachamama) para que impere el "hombre dividido", aquel que le genera al mundo el negocio comercial de las enfermedades y de la sanación. Es la "autosanación" de una psicología positiva tóxica, que suma cuantiosas rentas en el negocio del alma y de la psique, algo muy parecido al mundo medieval con la culpa explotada por el cristianismo.
Casi todo es negociable a través del discurso, y más todavía con las tan mentadas "narrativas". En Metáforas de la vida cotidiana, libro de George Lakoff y Mark Johnson, se abordan las construcciones inconscientes e inevitables del pensamiento. La narrativa, en cambio, es consciente y cultural; las narrativas son ideológicas y comerciales.
El pensamiento metafórico le da sentido a la realidad a partir de las experiencias físicas con el entorno para desarrollar la "cognición corpórea" (Lakoff y Johnson). A esto se suma el aporte de Noam Chomsky, quien sostiene que el lenguaje no se aprende por imitación, sino que es una capacidad biológica innata con la que todo ser humano nace, pues existe una gramática universal que contiene las reglas comunes a todos los idiomas. El cerebro está preprogramado genéticamente con un dispositivo de adquisición del lenguaje (LAD, por sus siglas en inglés). Esta tesis generó el distanciamiento de Chomsky con sus alumnos, pero sus planteamientos nos iluminan para entender las metáforas y el lenguaje. Asimismo, el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, en su obra el Tractatus logico-philosophicus, aborda los límites del lenguaje, la relación entre el pensamiento y la realidad, y formula una crítica profunda a los problemas tradicionales de la filosofía.
Wittgenstein afirma la importancia básica del juego del lenguaje y de la metáfora como herramienta: "El lenguaje existe porque se puede pensar; sin el pensamiento no podría plantearse la posibilidad de un lenguaje", "De lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio" y "Lo que se puede decir, se puede decir con claridad".
Así, tenemos el innatismo de Chomsky frente a la lingüística cognitiva. Esta última se enfoca en la semántica, el significado y las metáforas, mientras que Chomsky se centra en la sintaxis y concibe la mente como una CPU abstracta. Por su parte, Lakoff y Johnson ven la mente como un reflejo directo de la vida física y cultural.
Estar expuestos a una gran cantidad de contenidos en estos tiempos, o a los monólogos del poder en todas las áreas, nos encamina al barranco del absurdo. Por supuesto, se manejan discursos diseñados con meses o años de antelación mediante metalenguajes, disonancia cognitiva y profecías autocumplidas. Como las memorias son frágiles y se carece de hábitos de lectura, se reafirma la idea de que "aquí no pasa nada" o nos susurran suavemente al ego. De este modo, se dificultan la autocrítica, el diálogo, la reflexión y la discusión confrontativa, reduciendo la sociedad a manadas o "masas" que ceden a la voz paternal del Estado o a su abrazo maternal (que resuelve a punta de subsidios, becas, "emprendedores"...). Quizás, en ocasiones, las catarsis colectivas ayuden a través de marchas o festivales culturales, pero no pasan de ser picos de "amor y paz" en el "aquí no pasa nada", pues los hechos de violencia y el reciclaje de narrativas continúan generando más marginación. Cada oración y cada palabra detona en la intemperie: muertes de migrantes, satanización de las diferencias, identidades, géneros, nacionalismos...
La "pobreza mental" crece al creer en esas metáforas germinales y nucleares que construyen "narrativas" harto conocidas para convencer sin disparar, diseñadas para persuadirnos de aceptar realidades distópicas conducidas por gobernantes psicópatas... Ya en la época de Jesús, los conceptos e ideas eran concretos y se vinculaban con acciones. Él enseñaba con imágenes de la vida cotidiana (metáforas estructurales), parábolas que conectan la divinidad con lo que se ve a diario, expresando que el Reino de Dios era como una semilla de mostaza, una red de pesca o una moneda perdida. Cada parábola obliga al cerebro a evocar una imagen mental para extraer su significado, lo que Lakoff denomina metáforas raíz.
Jesús estructuraba sus pensamientos utilizando orientaciones espaciales básicas del cuerpo humano (metáforas orientacionales) y analogías físicas directas: "Yo soy la vid, vosotros, los pámpanos" (relación de dependencia física); "El que edifica su casa sobre la roca, frente al que la edifica sobre la arena" (estabilidad física como metáfora de la estabilidad espiritual); y la imagen visualmente hiperbólica para explicar la imposibilidad: "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja...".
En la actualidad, la influencia de las metáforas cotidianas es más profunda, invisible y masiva que nunca, ya que no solo estructuran nuestro pensamiento individual, sino que ahora son el motor que diseña la tecnología, la política y la cultura digital. Las tesis de Lakoff y Johnson se aplican hoy a escala global a través de los siguientes ejes:
- El diseño del entorno digital: Uso de metáforas espaciales y redes sociales.
- Antropomorfismo: Atribución de cualidades humanas a la inteligencia artificial y a los procesos de cómputo. Los modelos de lenguaje actuales son capaces de entender el subtexto de nuestras metáforas cotidianas para darnos respuestas coherentes, demostrando que el lenguaje humano es inherentemente asociativo.
- Polarización política y enmarcado (framing): En la política actual, el uso de metáforas define el debate público; quien impone la metáfora, gana la discusión (la política es una guerra, metáforas de salud e higiene, la nación es una familia, o la crisis climática y la economía, donde el tiempo y el dinero cuentan, mientras el planeta se concibe como un paciente o un conjunto de recursos).
En cambio, la metáfora poética toma las metáforas cotidianas y las subvierte o rompe para despertarnos del automatismo, buscando frenar al cerebro para que experimente el mundo como si lo viera por primera vez. El lenguaje poético opera sobre nuestro sistema conceptual de cuatro formas:
1. Extensión de lo cotidiano: El poeta toma una metáfora común preexistente y la lleva a un límite físico extremo.
- Metáfora cotidiana: "El tiempo se agota".
- Metáfora poética (Quevedo): "Y ayer se fue; mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto; / soy un fue, y un será, y un ser cansado". El poeta extiende la noción del tiempo como un objeto gastable hasta convertir su propia existencia en un fragmento gramatical exhausto.
2. Rompimiento de la estructura (desautomatización): La metáfora poética rompe las reglas lógicas de nuestro mapa mental para generar extrañeza o belleza.
- Metáfora cotidiana: "La vida es un camino".
- Metáfora poética (Lorca): "La piedra es una frente donde los sueños gimen". Al leerla, el cerebro no tiene un archivo previo para procesar qué significa que una piedra tenga frente o que los sueños gimoteen en ella. Esto lo obliga a detenerse y a crear una imagen mental completamente nueva.
3. Personificación radical (metáforas ontológicas extremas): Si en el día a día decimos cosas simples como "el coche no quiere arrancar" (metáfora ontológica básica), la poesía dota a los objetos inertes de una vida interior compleja y dolorosa.
- Ejemplo de Neruda: "Hay libros que huelen a juventud caída, / como ropa colgada de una casa abandonada". Junta el olor, la memoria, el papel y el abandono en una sola imagen visual y sensorial.
4. Metáforas de "hilo único": A diferencia de las cotidianas, que se agrupan en sistemas compartidos —como asociar la tristeza con el color gris o la caída—, una metáfora poética puede ser un destello único que solo funciona dentro de ese poema específico. No busca volverse un hábito, sino ser un evento estético.
Según el poeta Jorge Luis Borges, en su obra Nueva refutación del tiempo, así se desarma lo cotidiano: "El tiempo es una sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego".
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