Micromentarios | Argentinofobia
Por Armando José Sequera
11/08/2026.- En el hace poco tiempo concluido Mundial de Fútbol 2026 se produjo una especie de cataclismo en torno a la imagen de uno de los equipos: el de Argentina.
La mayor manifestación fue la pérdida o desgaste de su condición de equipo representativo del continente americano, debido a varios factores. En primer lugar, al hecho de que todos los equipos que enfrentaron al seleccionado argentino fueron víctimas de fallos y sanciones cometidos injustificadamente por los árbitros.
A los jugadores de dichos equipos —la mayoría por debajo del puesto 20 del ranking mundial— les pitaron faltas inexistentes, y no les cobraron a los argentinos las que estos les hicieron.
Ese favoritismo arbitral generó anticuerpos contra los compañeros de Lionel Messi. Y este mismo no salió bien parado del escrutinio sobre la selección de su país.
Messi repitió su faena habitual en la Major League Soccer —llamada despectivamente, por su bajo nivel de calidad, la Liga de las Hamburguesas—, donde comete faltas al por mayor sin que lo sancionen y donde obliga a los árbitros a sacar tarjetas amarillas y rojas a los contrarios por cualquier tropezón o caída que tenga o finja.
Prueba de ello fue la patada descarada que dio en la pantorrilla al jugador argelino Aïssa Mandi, en el minuto 30 del partido contra el seleccionado de este país. El árbitro no le llamó la atención, no le mostró tarjeta amarilla, ni mucho menos roja, y ni siquiera mencionó el incidente en su informe. Tampoco exigió la intervención del VAR.
En otro juego, a cualquier jugador que incurriera en una falta similar, de inmediato se le sancionaría con tarjeta roja.
Por otra parte, Argentina fue el equipo más favorecido por la anulación de goles válidos. En todos los partidos hubo al menos uno, y dos en la gran final.
Aparte del ventajismo del que disfrutó el equipo argentino, algunos de sus jugadores —no todos— se dedicaron a golpear a los rivales y a cometer faltas fuertes que ellos sabían que quedarían impunes. Tres de ellos —Leandro Paredes, Enzo Fernández y el Cuti Romero— repartieron leña como si fueran los mensajeros motorizados de un aserradero.
En algunas declaraciones públicas, otros jugadores argentinos se desligaron del gentilicio latinoamericano, alegando que ellos eran —son—, en realidad, europeos.
Tengo amigas y amigos de esa nación en el extremo sur del continente americano y son maravillosas personas. Nada que ver con la prepotencia de algunos futbolistas argentinos, que ya se consideraban campeones sin haber jugado la final. De hecho, daban por sentado que saldrían triunfantes, supongo que porque eso fue lo que les prometieron las autoridades de la FIFA y la AFA (Asociación de Fútbol Argentina).
El rechazo —que los jugadores más tramposos de la selección de ese país consideran una argentinofobia— llegó a tal altura que millones de hinchas de este continente, que siempre la habían considerado como nuestra, apoyaron a Inglaterra y España en los juegos finales del torneo. Yo fui uno de ellos.
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