Un mundo posible | Un llamamiento a la responsabilidad contemporánea
Por Angélica Esther Ramírez Gómez
28/05/2026.- La solidaridad contemporánea se nutre de grupos diversos que comparten una responsabilidad común en la construcción de un curso de acción pública que favorezca a todos. Este propósito implica múltiples matices y modos de realizarse, pero anhela la articulación del sentido de “nosotros” que da cohesión a la vida social. Un nosotros que va más allá de la suma total de nuestras capacidades y debilidades, una filosofía que lleva en su seno los elementos fundamentales que permiten comunicar emocionalmente los logros de una sociedad más empática y progresista. Las distintas formas de convivencia son hilos que tejen la compleja red de relaciones dentro de una comunidad. La confianza, la cooperación y la mutualidad son los hilos que dan consistencia a la vida colectiva, de modo que la existencia y el bienestar de cada uno dependen del funcionamiento y la fortaleza de esa trama. La solidaridad es el recurso de la comunidad para su propia continuidad. Por un lado, la falta de solidaridad puede poner en riesgo una comunidad y, por otro, la solidaridad continua genera costos que rara vez son reconocidos, pero que, a la larga, reducen los costos de su ausencia.
Términos como inclusión o accesibilidad son ampliamente utilizados en la vida cotidiana. Sin embargo, la mayoría de las personas no logra definirlos ni aplicarlos con precisión. Comprender su significado y la implicancia en nuestras vidas resulta crucial. ¿Qué significa estar incluido?, ¿qué se necesita para garantizar la inclusión en todos los niveles de la sociedad, en especial para las personas más vulnerables?, ¿acaso estamos exentos de encontrarnos en su lugar?, si fuese al revés, ¿cómo afrontaríamos las barreras aún existentes?
Diferentes acontecimientos históricos y sociales han contribuido a un cambio en el concepto de inclusión, que, si bien comenzó de una forma muy primitiva, refiriéndose a las personas con “discapacidad”, ahora se usa en contextos más amplios. En este sentido, la accesibilidad puede ser descrita como la posibilidad de ser parte y pertenecer a la sociedad. Aplicar el contexto implica que todas las personas tengan los mismos derechos y oportunidades para participar en diferentes ámbitos, tales como la educación, el deporte, el trabajo y la vida comunitaria. La accesibilidad va más allá de la diversidad y la tolerancia: se trata de un reconocimiento genuino de las diferencias y de la capacidad de empatía, dos cualidades indispensables que permiten a cada persona percibir al otro como un igual, pese a la existencia de distintas capacidades.
Si bien es cierto que las sociedades modernas han evolucionado en búsqueda de una mayor accesibilidad, y que incluso en ciertas culturas el término discapacidad no tiene cabida, y se ha introducido un concepto más interesante y profundo que hace mención de dicha población como un conjunto de individuos con capacidades distintas, o diversidad funcional, la evolución histórica y social señala con hechos que los conceptos o visiones más futuristas sobre la accesibilidad y de las situaciones que parecen definir a las personas en relación a su efectividad, permiten plantear una necesidad imperiosa en el artículo en cuestión: debemos continuar trabajando por su avance.
No parto de una utopía, sino de un hecho verídico que puede ser considerado como parte de nuestra cultura y un objetivo que nos involucra a absolutamente todos. La verdadera inclusión se constituye afianzando un cambio y un legado cultural que se eleve a los niveles más profundos de la vida de cada persona y de la sociedad en sí misma, apoyándose en una nueva manera de involucrar a cada individuo, no solo como una propiedad del mundo físico, sino también como una nueva filosofía que permite a toda nuestra comunidad vivir en un mundo abierto y con oportunidades, donde todos alcancemos nuestro máximo potencial. La diversidad funcional permite que cada persona se reconozca como un ser único e irrepetible y solo entonces, dicho paradigma de accesibilidad que muchos veíamos como una quimera lejana se convierte en un camino para que cada ser humano pueda desplegarse en su individualidad y reconocer, en los demás, la posibilidad de ser diferentes y valiosos al mismo tiempo. Es con dicha reflexión que expreso la necesidad de que todos podamos vivir sin doblegar nuestra voluntad.
Cuando cometemos errores, no podemos dar marcha atrás, y es por ello, querido lector, que hoy me limito a hacer un llamamiento al presente: intentemos apostar por lo correcto y marcar una diferencia. La vida es efímera, y la mejor manera de asegurarnos de que al aproximarse nuestro último día, daremos un pequeño vistazo hacia atrás con plenitud y sin remordimientos, es comportándonos de forma responsable y con empatía hacia los demás. La accesibilidad es, por lo tanto, más que una postura aislada o un movimiento escaso; se trata de una perspectiva mucho más amplia y justa que nos lleva a actuar desde nuestras posibilidades, por remotas que puedan parecer… ¡Tú también puedes sumarte al cambio!
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