Día de la Danza: esta soberanía del cuerpo

Maestro Félix Oropeza hace un recuento del auge de la danza en la Caracas de los años 80

Presentaciones en el Teatro Teresa Carreño en celebración por la Semana de la Danza.

 

29/04/26.- Desde las raíces de nuestra cultura, la música y las danzas han formado parte de una lengua invisible, utilizando el movimiento corporal como una extensión de nuestra forma de comunicarnos, con gestos fuertemente marcados por lo criollo; apuntar con la boca o gesticular de más con las manos al hablar, estos son, en esencia, los pasos que nos llevan a una gran danza cotidiana.

Durante las décadas de los años 80 y 90, Caracas fue bautizada como "La capital de la danza contemporánea en Latinoamérica", una época en la que se consideró a Venezuela como una cuna en la cual nacen leyendas de la danza y la coreografía.

Hoy, aún nos hallamos bailando, celebrando el Día Internacional de la Danza, una fecha que busca fomentar la participación, educación y visibilidad de la danza en cada una de sus expresiones.y al más puro estilo del Instituto Internacional de Teatro (ITI, por sus siglas en inglés); quienes cada 29 de abril invitan a una figura destacada para reflexionar sobre la cultura, la danza y el teatro.

Desde este espacio comunicacional celebramos esta rama artistica con la presencia de Félix Oropeza, coreógrafo, bailarín y docente venezolano que cree que la danza no es bailar solamemente.

La mezcolanza de los 80: cuando Caracas fue el epicentro

“Éramos un país donde entraba mucha información de distintos países, lo que creó una mezcolanza y una esencia única según el bailarín”, señaló el maestro.

 

Aunque sus primeros pasos ocurrieron con la danza tradicional con Un Solo Pueblo, al conocer a su maestro Carlos Orta, el intérprete, Félix Oropeza, comenzó a decantar por la técnica neoyorquina de José Limón, y nació su interés por la danza contemporánea. Es durante este tiempo que el maestro Orta le enseñó que “la danza es una forma de habitar en la vida, y cómo la danza hace que te expreses bajo tus propios preceptos”.

A lo largo de esta década, Caracas era considerada por muchos como la capital de la danza contemporánea en América latina, así mismo lo confirma el maestro Oropeza: “Durante un muy buen momento, la danza de Venezuela fue de las mejores en el hemisferio, habían varias políticas culturales que apoyaban los distintos proyectos, existían entre 14 y 16 compañías de danza y ballet contemporáneo (…) era otro momento en el cual podíamos traer a maestros del exterior para manejar otras estéticas y no solamente las propias, para tener una gran diversidad”.

“Lo que sucedió en esa época con la danza en Venezuela, es que en ese entonces teníamos muchísimas propuestas de distintas técnicas, (…) tuvimos un momento de danza improvisación, de contacto, o sea éramos un país donde entraba mucha información de distintos países, lo que creó una mezcolanza y una esencia única según el bailarín”, agregó.

Venezuela sigue siendo esa cuna donde el talento emerge. Nuestras particularidades persisten incluso frente a las dificultades.

 

No obstante, esta movilidad marcada del cuerpo venezolano, hoy se enfrenta a un escenario de contrastes. El ecosistema institucional que una vez sostuvo a esas 16 compañías atraviesa un silencio preocupante. Para Oropeza, la danza contemporánea actual no solo debe luchar por recuperar sus espacios físicos y presupuestarios, sino también por preservar su esencia humana frente a un mundo cada vez más digital.

Entre el prestigio y el algoritmo 

El maestro expresa su preocupación por la poca presencia de compañías en la actualidad.

 

Félix se mantuvo enfático en que para sostener aquel prestigio no basta solo con la memoria, ya que es importante retomar los subsidios culturales a través de la Ley de Danza, algo que permita a los teatros volver a patrocinar la diversidad y ser espacios llenos de diversidad estética como fueron en antaño.

Es de este modo que, como docente, demostró su preocupación por los futuros intérpretes que egresan de la Unearte, ya que no hay suficientes compañías para acoger a la gran cantidad de canteras actuales. De aquellas 16 compañías que hicieron de la capital lo más grande, hoy apenas resisten compañías como Teresa Danza Contemporánea (la cual fundó el maestro Oropeza) o la Compañía Nacional de Danza. “Actualmente yo podría decir que estamos en crisis, porque existen pocas compañías, necesitamos diversificar las estéticas y las compañías, no solamente en la ciudad de Caracas sino en la República”, expresó.

Partiendo de esta misma línea, habló sobre cómo las nuevas generaciones se están viendo fuertemente influenciadas por las redes sociales, advirtiendo que el peligro no se encuentra solamente en la falta de compañías, sino en la pérdida de la carne y el cuerpo frente a la hegemonía que se muestra en los medios digitales, estableciendo estéticas comerciales y de entretenimiento rápido.

El desafío de las nuevas generaciones es rescatar la esencia humana frente a las estéticas rápidas establecidas en las redes sociales.

 

“La danza y particularmente la contemporánea crea obras no solo a través de lo tradicional, sino sobre lo que está ocurriendo en el mundo. En la danza puedes asumir inclusive una posición política (…) el punto es que ahorita es que estamos muy influenciados por la danza comercial, es algo mucho más estético, y lo que se maneja es muy distinto a los propósitos de la danza contemporánea o moderna en el mundo”, afirma Oropeza.

Situación ante la cual el maestro no se queda solo con la falta de, realizando nuevamente una propuesta y dejando en claro un mensaje en contra de la domesticación del algoritmo. Como alguien con décadas en la investigación del movimiento, hace una invitación a todos para “no dejar de movernos” y recuperar esa soberanía sobre el cuerpo.

La soberanía del cuerpo: moverse para ser libres

“Mi mensaje es que el cuerpo tiene que habitar en el baile y en la danza”.

 

Esta soberanía del cuerpo de la que tanto habla el maestro Félix, forma parte de una investigación que ha estado realizando durante décadas, algo a lo que se le conoce como la “Danza Malandra”, refiriéndose a esa energía afrocaribeña que tanto nos conecta con nuestras raíces. "Nos movemos no solamente con las manos, sino con los dedos, la boca y la nariz; es una movilidad marcada por los laberintos e imprevistos de la ciudad", explica, definiendo esta técnica como una ciencia de la identidad caraqueña.

Es desde este punto de vista que Félix da su mensaje este 29 de abril, haciendo un llamado a recuperar la danza como una oración sin palabras, como ese espacio de sanación donde la respiración devuelve la libertad que el algoritmo poco a poco arrebata.

“Voy a leer algo que descubrí esta mañana de un maestro mexicano: 'La danza es poesía del movimiento, la danza es oración sin palabras, la danza es ofrenda de los dioses, la danza es vida, la vida es una danza y hay que bailarla'. Entonces yo creo que hay que bailarlo todo, yo creo que frente a la incertidumbre hay que bailar”.

Es bajo este lema que Oropeza concluye que el cuerpo debe habitar en el baile y no dejarse esclavizar ya que el baile es en esencia la forma de expresión más auténtica entre todas las que hay, y eso es algo que la vuelve una fuerza que nos conecta con nuestras raíces.

“El cuerpo tiene que habitar en el baile y en la danza, pero básicamente es en el movimiento, o sea que el cuerpo no se deje esclavizar por las etiquetas o por la información que manipula nuestras realidades (…) es una forma de andar por la vida, el bailar es una expresión auténtica porque todos los seres de este universo se mueven, desde la cosa más microscópica, hasta lo más grande que podamos imaginar como la galaxia, (…) entonces hay que moverse”, dejando bien en claro que, mientras haya movimiento, habrá libertad.

HÉCTOR RODRÍGUEZ / FOTOGRAFÍA: JESÚS CASTILLO / CIUDAD CCS


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