Xin chào | Comienzo del fin (I)

 

Todos nosotros tenemos nuestra parte

en la derrota norteamericana en Vietnam,

y no es para nada agradable. No tenemos

ningún héroe en esta guerra, sino estúpidos.

Yo me incluyo entre ellos.

   Waxwell Taylor

General 4 estrellas (1975)

 

24/04/2026.- Cuando se cumplían tres años de la debacle de la poderosa aviación estadounidense bajo la bóveda celeste de Hanói, la capital de la República Democrática de Vietnam (RDV), el secretario de Estado Henry Kissinger, por mandato de Richard Nixon, se vio obligado a regresar a la mesa de negociaciones de París, para anunciar el retiro de la soldadesca yanqui que controlaba el sur vietnamita. Además, entre otros puntos importantes del Acuerdo de París, figuraba la realización, en un término no mayor de dos años, de elecciones para definir la reunificación de la familia vietnamita.

El mundo estaba sorprendido por el reconocimiento por parte de Richard Nixon de la victoria de las modestas baterías antiaéreas vietnamitas frente a la poderosa aviación estadounidense, apuntalada por los temibles superbombarderos B-52, entre el 18 y el 28 de diciembre de 1972. Y es que en solo 12 días y 12 noches habían caído como moscas, entre Hanói y la vecina ciudad portuaria Hai Phong, nada menos que 81 aviones yanquis de última generación, incluyendo 34 B-52.

Antes de aquel histórico acontecimiento, Nixon y Kissinger, cual binomio Trump/Rubio de hoy, habían simulado estar dispuestos a detener la guerra para tranquilizar las calles y avenidas estadounidenses, que se habían convertido en campos de batalla, con revueltas de activistas del movimiento hippie, estudiantes universitarios y miles de veteranos de guerra que habían regresado de Vietnam, Laos y Camboya.

La Casa Blanca había activado una puesta en escena el 18 de octubre de 1972, fecha en la cual Nixon presuntamente debía ponerle punto final a los bombardeos aéreos y la colocación de minas en los puertos del norte vietnamita. Dos días más tarde, se debía rubricar en Hanoi un primer acuerdo entre Kissinger y el asesor especial vietnamita Lê Đức Thọ, y seis días más tarde (oct. 26) se realizaría la ceremonia oficial de la firma en París, entre las cuatro partes beligerantes (el representante de la RDV, el delegado del gobierno revolucionario del Vietnam del Sur, la autoridad del gobierno estadounidense y un miembro del gobierno títere del Sur. Sin embargo, Kissinger, supuestamente, había recibido la orden de suspender el itinerario y, a la vez, al representante vietnamita, Đức Thọ, le había llegado una comunicación de Nixon, con la apariencia de crear confianza respecto a la firma de los acuerdos. Luego se supo que Kissinger había anulado su viaje a Hanoi y que se postergaría el día de las firmas del compromiso de suspender los bombardeos, acusando al gobernante títere del Sur (Nguyễn Văn Thiệu) de resistirse a la firma protocolar, según las conversaciones. Pero la jugada gringa quedó al descubierto cuando Nixon había logrado engañar al electorado estadounidense con el tema de ponerle fin a la guerra, para asegurar su triunfo en las elecciones presidenciales. De esa manera, el mandatario gringo había captado los votos para llegar a la Casa Blanca y cumplir su sueño de “regresar a Hanói a la edad de piedra” mediante la Operación Linebacker II, un bestial bombardeo que, efectivamente, fue lanzado por la aviación estadounidense, pero que al final significó la derrota definitiva de Nixon, en plena Navidad de 1972.

Una vez más, como ocurre hoy, el pueblo estadounidense fue engañado por un presidente, uno de los más cuestionados del momento, quien luego debió abandonar el sillón presidencial tras el escándalo Watergate, el 8 de agosto de 1974. Peor no ha podido ser aquella gestión del mandatario californiano, quien, tras mentirle a sus seguidores con el tema de la paz en Vietnam, fue acusado de ordenar el espionaje en las oficinas del Partido Demócrata.

Tras la derrota de la aviación yanqui en Hanói, las reuniones secretas entre Lê Đức Thọ y Henry Kissinger se reanudaron el 8 de enero de 1973 y ocho días más tarde, Estados Unidos anunció el cese total de las operaciones militares, incluidos los bombardeos y colocación de minas en el norte y sur de Vietnam. El 28 del mismo mes se produjo el acuerdo de ponerle fin a la guerra y el establecimiento de la paz, que también fue violado por EE. UU., mientras el día 29 era arriada la bandera de las 51 estrellas; sin embargo, no todo el personal estadounidense regresó a EE. UU. porque Nixon tenía una nueva carta bajo la manga, la de convertir al ejército del sur en una gran potencia, mediante la entrega de 2.670 millones de dólares al gobierno de Saigón, además de 700 aviones de última generación, 500 piezas de artillería, 400 tanques y blindados, dos millones de toneladas de municiones; de tal manera que el mandatario títere del sur, Nguyễn Văn Thiệu, no dudó en violar el Acuerdo de París, lo que indicaba que la guerra seguía su curso, aunque sin la presencia de tropas estadounidenses.

Tras la realización del XXI Congreso del Comité Central del Partido Comunista, realizado en octubre de 1973, la plenaria declaró: La violencia es la vía necesaria para la revolución en Vietnam del Sur. En cualquier circunstancia, debemos aprovechar firmemente las oportunidades y mantener la estrategia de la ofensiva.

Saigón a la vista

El ejército revolucionario vietnamita, evidentemente, había realizado importantes ajustes, en vista de la nueva jugarreta de la llave Nixon-Kissinger, y en enero de 1975 se inició una nueva fase de la guerra en el sur, con la presencia del Frente de Liberación Nacional (FLN), que rápidamente liberó importantes zonas de la altiplanicie central, demostrándole a las tropas títeres la reciedumbre de los soldados norteños.

Dos meses después, el 10 de marzo, comandos del FLN lanzaron una ofensiva general en el inicio de la primavera, con un rápido y sorprendente asalto al enclave Buôn Ma Thuột, una zona estratégica cercana a las fuerzas enemigas, que desencadenó el levantamiento de la población en las provincias costeras. El 24 de marzo, las fuerzas revolucionarias tomaron Tam Kỳ, lo que facilitó la captura de otros importantes puntos en menos de 32 horas, como Đà Nẵng, la segunda ciudad sureña más importante.

Para el mes de abril, la ruta hacia Saigón estaba a la vista, luego del colapso masivo de importantes líneas defensivas enemigas como Bình Định, Phú Yên, Lâm Đồng y Tuyển Đức, que puso en alerta al Pentágono. Inmediatamente fue enviado el general Waywell para que tomara el mando de las fuerzas títeres, en un intento por frenar el avance de las tropas rebeldes del norte.

Ángel Bastidas G.

Consultas:

- Nguyen Huy Tuan (2010). Vietnam: Guerra de liberación (1945-1975). Thế Giới Ed.

  • Mai Ly Quang (2004). Vietnam: Un panorama. Thế Giới Ed.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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