Psicosoma | Semana Santa

Estamos hechos de polvo de estrellas.

Carl Sagan

 

07/04/2026.- En plena "efervescencia religiosa" de fe católica, nos dejamos "arrastrar" hacia el disfrute de las vacaciones para compartir en familia o al gusto personal. De cualquier forma se intenta "exprimir" el tiempo para poner en orden tareas atrasadas, realizar visitas o cultivar el ocio, lo cual termina siendo una "misión (casi) imposible".

Cómo cuesta desconectarse de los medios de comunicación —sean redes sociales, televisión o libros—, y de los seres humanos, para entrar en uno mismo. Decir "basta", "no" o poner límites cuesta en estas fechas, porque las malas caras y habladurías vuelan. Te tildan de "aguafiestas" o se preguntan: "y esa, ¿qué se cree?". El decir "no tengo ganas de ver gente y necesito atenderme" no lo entiende la gran mayoría; vivimos en función de alguien o de algo externo, de caminar en manada, de salir en familia a las playas, campos o al teatro...

El cultivo del silencio, la escucha atenta, el pensar, rumiar o percibir rencores, venganzas y deseos, el hablar al cuerpo, a las vísceras o a esa parte del organismo en el "olvido" —como los pies, axilas o espalda—, se pierden. Es casi como si solo importara el rostro, la ropa, "la pinta", los aretes de moda, los tatuajes o los piercings frente al no hacer nada e incluso olvidar los alimentos, estar sin cronómetro, ni atender llamadas, medios o plataformas... Estamos sometidos a condicionamientos, a una propaganda terrible.

Recuerdo las asanas, terapias o el descanso del sistema digestivo en los retiros espirituales, pero calaba más en nosotros la dieta de Semana Santa con la cual mamá nos entrenó, porque lograba conectar mente, cuerpo y espíritu.

Al perder contacto con la naturaleza corpórea, psíquica y cognitiva, la naturaleza oscura del mundo tánico y la sombra personal se traslapan y ganan espacios. Por eso, se dice que "eres lo que comes" o "estás donde están tus pensamientos". Casi todo se pospone en la vida, pero en la adultez o jubilación pocos acuden a una consulta clínica porque ya han pasado por evaluaciones médicas de alta resolución computarizada o de resonancia magnética, viajan por el mundo y tienen parejas estables. Sin embargo, sienten que al vivir la pareja a solas, les falta algo. No aceptan el "síndrome del nido vacío" u otras carencias anímicas.

¡Cómo hace falta la cultura preventiva! Al menos una visita anual al psiquiatra y a la psicóloga o psicólogo para una psicoterapia individual o familiar. La prevención en salud es menos costosa que el tratamiento. El ser humano tiene "mil y una" disculpas, inventa o justifica el olvido de sí mismo. En esto, los hombres son campeones: se creen de acero, niegan malestares y acuden solo al entrar en metástasis del alma.

Desde el Domingo de Ramos, con la invocación del papa León XVI por la paz y el "no a la guerra", las carreteras de Costa Rica se han convertido en trampas mortales de motos, caminantes, carros o buses. Si una se quiere resguardar en casa, los mariachis invaden con sus Mañanitas, o se cuelan por las ventanas los reguetones en vivo de las vecinas cumpleañeras. En mi mente, escucho a mi santa madre exclamar: "Sodoma y Gomorra", como cuando vivió una temporada en Venezuela y no soportó la vida del Caribe.

Aquí el humero no es solo de parrilla. Don Gato (o "Michi", como le llama la comunidad) está de rumba: "anda" dos días perdido. Para mí que el ruido, la gente rara y la parrilla lo ahuyentaron. Busqué en plazas y pregunté a vecinos de cuadras lejanas por él, sin respuesta positiva. Me digo entonces: "Bueno, es un felino y ya sabe pelear con los mapaches...".

El ambiente geográfico, cultural y familiar nos marca con las pautas de crianza. ¡Y cómo "pesa" la religión! Si la vida diaria tiene sus afanes, los creyentes los resuelven con fe; los males quedan en manos de Dios. Como nada es gratis (al igual que en las redes), nos reclaman sacrificio, aceptación y penitencia. Ahora, en Semana Santa, con el dolor, pasión, crucifixión y resurrección, "olvidamos" las guerras del "eje del mal", de los "comunistas", y solo el temor a Dios salva, porque "Cristo viene".

La familia limeña es muy conservadora y religiosa, parecida a la costarricense. Aprendí con la praxis del ayuno en la cuarentena: penitencia, perdón, dieta religiosa y ritos propios del cristianismo (parecidos al kósher del judaísmo o al halal del islam), así como la visita a los siete templos, las misas, los látigos, las procesiones, las túnicas, la música, la introspección, el dolor de corazón, los sahumerios, los huevos de Pascua y los milagros.

Recuerdo las disputas en esa fecha sacra con "la sangre de Cristo", símbolo que mi padre aprovechaba para jartarse de vino con sus compadres. Él nunca hizo la dieta cristiana que madre nos impuso por años: caldos de pollo o gallina de corral, un consomé clarito en un pocillo... con los curas en casa, que nos daban las hostias. Vestidas de morado, con los rosarios y un fondo de música sacra en medio de sahumerios, yo "volaba". Nadie podía conversar y menos mirarse a los ojos. Sabíamos nuestro rol y yo, la mayor, los guiaba y ayudaba a madre en los Santos Oficios. Mi padre respetaba sus ritos y creencias, pero no creía en ese "teatro o circo". Nos repetía que "la madre tierra, Pachamama, es la que nos provee, y algún día se darán cuenta; los curas son humanos y pecadores".

En la pubertad y adolescencia era menos la sujeción. Seguía con el hábito del Señor de los Milagros hasta octubre y descansaba los últimos meses con ropas preciosas que madre hacía especiales. Ella fue una costurera fina y elegante: tenía armadores, gasas, sedas, muselina, tafetán y algodón. Hacía vestidos maravillosos y el abrigo de vicuña lo tejía mi abuela. Cuando le preguntaba a madre por mis ropas, ella decía que era "hija de Dios, una santa... Santa Rosa de Lima".

Descubrí que la Biblia era un libro de cuentos. La biblioteca pasó a ser un nuevo mundo y, con los libros de papá, los del colegio y los de la Biblioteca Nacional, mi percepción fue otra en ese gran recinto de silencio con pensares diversos. Dejé el catecismo y la oratoria ante el avance de la ciencia, mientras contemplaba el lanzamiento del Apolo 11 en 1969, los libros de Julio Verne, los ensayos de Mariátegui o González Prada. Ahí, "todo se derrumbó".

Parece que "veinte años no son nada" (o cincuenta, en este caso) ante el lanzamiento de la misión Artemis II. Para los chicos es su "primera vez", todo un acontecimiento inolvidable. En sus diez días de viaje a bordo de la nave espacial Orión, los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen darán una vuelta a la Luna en cuatro días por el lado oculto, sin posibilidad de caminata.

Realmente, en estos viajes de "exploración" se me plantean interrogantes. Hay una "loca carrera armamentista de dominio del globo terráqueo" y salen a "poblar" a la diosa Selene mientras la Tierra se incendia y el estrecho de Ormuz se "crece" por la no participación de los aliados en las locuras incendiarias del Nerón de turno.

Mientras la procesión del Jueves Santo pasa con música sacra, los fieles cargan "el signo de la cruz", bien pesada. Veo desde el balcón a unas ardillas acróbatas por el enjambre de cables. De repente, ocurre el "milagro": Don Gato viene saltando de los aleros de las casas y entra maullando.

 

Rosa Anca


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