Xin chào | Héroes y villanos
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No los dejes, corazón,
que maten la alegría.
Rafael Amor

23/01/2026.- Gota a gota ha ido fluyendo la verdad verdadera de lo que realmente aconteció durante aquella madrugada, que nadie quiere recordar, del 3 de enero de este naciente año 2026, sobre todo en el Fuerte Tiuna, además de La Carlota, La Boyera, El Hatillo, La Meseta de Mamo o la Base Aérea de Maracay.
Cuando arreciaba el bombardeo, ya "los expertos de pasillo" acusaban de inoperantes a la defensa antiaérea venezolana, mientras que en el campo de batalla decenas de militares venezolanos y cubanos respondían al unísono con su armamento ligero hasta agotar las caserinas una tras otra. La orden era responder a los invasores, que sigilosamente escondieron sus víctimas para anunciar ante el mundo más tarde que habían ejecutado una "operación limpia", sin bajas, como si los proyectiles de los defensores hubieran sido de bengala.
Corazón libre
Te han sitiado, corazón,
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No los dejes, corazón,
que maten la alegría.
Remienda con un sueño, corazón,
tus alas malheridas.
(Fragmento de la canción de Rafael Amor, Corazón libre, cantada por Mercedes Sosa).
Un conmovedor relató del militar internacionalista cubano Yohandris Varona nos dice que cerca de las dos de la madrugada de aquel 3 de enero vio el primer helicóptero enemigo sobre el Fuerte Tiuna. Sin pensarlo mucho, abandonó su posta, se parapetó en un lugar relativamente seguro y comenzó a descargar cartuchos contra el aparato usurpador. Relató, además, que fue esa decisión a la que le debió la vida. Apuntó que había vaciado cargador tras cargador, y agregó que, a pesar de la ventaja del aparato volador, logró provocar bajas entre los enemigos
Varona, en la entrevista con el periodista Ignacio Ramonet, publicada en Facebook, dijo:
Estoy seguro de que le hicimos bajas, más de las que ellos reconocen. Nos batimos duro hasta que casi todos fuimos cayendo muertos o heridos. No fue un combate rápido, ni fácil, como en principio intentaron hacer ver Trump y sus secuaces.
Aun así, desde las bases militares gringas, emulan "la valentía" de la soldadesca imperial, como lo hicieron, una y otra vez, durante la agresión a Vietnam, que fue desenmascarada por la cinematografía del estadounidense Oliver Stone, en películas como Nacido el 4 de Julio y Platoon. Se trata de filmes de un cineasta —que cumplió servicio militar en Indochina— que desnudan con propiedad la realidad de las masacres de los militares estadounidenses en el sureste asiático. Aunque no toda la verdad está dicha, como la cantidad de soldados norteamericanos que cayeron en combate o que se suicidaron en el propio campo de batalla o de regreso a casa, como lo revelan otros documentales o esas dos películas de Stone, que fueron galardonadas con sendos premios Oscar. Son miles de muertes escondidas por múltiples razones, entre ellas, el fracaso de la incursión de la US Army en Vietnam, Laos y Camboya, entre 1954 y 1975, además de haber apoyado con dinero y armas a los franceses, entre 1945 y 1954, durante los gobiernos de Harry S. Truman y Dwight Eisenhower.
Películas como No quemar (Đừng đốt) de Dang Nhat Minh, inspirada en el diario de guerra de una médica vietnamita que fue abatida por la metralla de un helicóptero gringo, desnudan también las masacres en el sur de Vietnam. Lo irónico es que ese relato fílmico de Nhat Minh se inspiró en el empeño del capitán Fred —un militar yanqui que combatió en el sur de Vietnam—, quien, tras leer los relatos de la higienista vietnamita, de regreso a Estados Unidos se concentró en traducir el contenido de No quemar, que lo atrapó dramáticamente por varios años. Al terminar la traducción, envió una copia del contenido a la madre de la doctora guerrillera. Por esa vía, el diario en cuestión llegó a manos del cineasta Nhat Minh, quien envió su obra al Fukuoka Internacional Film Festival 2009.
En 1968, solo en la dramática batalla ofensiva del Tet (1968), el escritor Nguyen Huy Toan señala en su libro Vietnam: guerra de liberación (1945-1975) que las tropas guerrilleras pusieron fuera de combate a cuarenta mil soldados gringos en un escenario donde el ejército estadounidense perdió un tercio de su arsenal. Sin embargo, a 51 años de la victoria vietnamita, los gringos sostienen que solo perdieron 58 mil combatientes durante 21 años de combates. Por supuesto, no contabilizan tampoco los suicidios en Vietnam y de regreso a casa, los cuales, durante los primeros años del fin de la invasión, sumaban veinte muertes diarias entre los veteranos de guerra.
El soldado Tô Ngọc Vân
Durante la batalla decisiva entre vietnamitas y franceses, escenificada entre abril y el 7 de mayo de 1954, un particular combatiente, armado de pinceles y tubos de pinturas, atril incluido, dibujó sobre sus lienzos desde una colina lo que ocurría ante sus ojos en aquella histórica explanada, ubicada entre dos hileras de montañas, que la historia registró como la batalla de Điện Biên Phủ, donde combatieron unos ochocientos mil soldados.
Aquel pintor rebelde, llamado Tô Ngọc Vân, identifica hoy con su nombre una tradicional calle de Hanói, donde, por cierto, funcionó, hace veinte años, la primera sede de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en la República Socialista de Vietnam.
El voluntarioso Ngọc Vân, tras realizar varios registros multicolores sobre sus lienzos, fue alcanzado por un proyectil. De esta manera, pasó a figurar entre las bajas sufridas por los vietnamitas en la histórica confrontación libertaria.
El intrépido artista fue condecorado post mortem con la Orden Ho Chi Minh, la mayor distinción que otorga la República Socialista de Vietnam. Además, su nombre identifica uno de los volcanes del planeta Mercurio.
Ángel Miguel Bastidas G.
Consultas:
Giáp, V. N. (2009). La cita de la historia. Monte Ávila Editores Latinoamericana.
Toan, N. H. (2010). Vietnam: guerra de liberación (1945-1975). Ed. Thế Giới.
