Comentarios noticiables | Frenar a Donald Trump es la tarea importante

17/01/2026.- Frenar a los guerreristas que promueven la tercera guerra mundial por las redes, pódcast, etc., es el trabajo más urgente en el mundo de hoy, según lo afirman la mayoría de los analistas internacionales en la divulgación de sus comentarios políticos. Dadas las tensiones crecientes en nuestro planeta y la personalidad del presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump —quien se desvive por provocar conflictos donde no los hay—, hoy más nunca se necesita combatir el cinismo y la desfachatez del magnate de la Casa Blanca al llamar a Cuba y Venezuela amenazas para la paz y la seguridad continentales.

El actual inquilino de Casa Blanca, Donald Trump, con sus gastadas justificaciones para hacer guerras de todo tipo en Medio Oriente, Ucrania, Venezuela y otros lugares del orbe, ciertamente da lugar a motivos para preocuparse. Él, abrigado en la codicia, el alcoholismo, las mafias, el proxenetismo, la evasión de impuestos, el enriquecimiento sin fin, la indiferencia por la humanidad, etc., está en permanente contradicción con los preceptos de la Constitución de los Estados Unidos de América y con la esencia misma de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que entró en vigor el 24 de octubre de 1945 y cuyo propósito es mantener la paz y la seguridad internacionales y fomentar entre los Estados relaciones de amistosa cooperación. Trump ha dicho que no le interesa el derecho internacional. ¿Por qué será? Porque no le interesa la igualdad soberana de los miembros de la ONU, la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos, el arreglo de las controversias entre los miembros de la ONU por medios pacíficos ni la abstención de "recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas".

En particular, esto constituye un atractivo para Trump, porque cree que podrá tener a disposición una guerra exitosa que contribuiría a la prosperidad económica y al poder político mundial de su gobierno. En cambio, en este siglo XXI, la guerra exitosa parece ser una especie amenazada. Desde las guerras de Vietnam, Irán e Iraq, Yugoslavia, Afganistán y otras más, como la de Ucrania y el genocidio israelí contra Palestina, lo que ha ocurrido es que se han estado acondicionando al giro que marca la pretensión de presidente Trump de instaurar la ley de la selva y el estilo cowboy de las películas de Hollywood. ¿Será esto lo que trata de imponer EE. UU. al mundo? Algunos creen que esa diplomacia basura está colocando los clavos en el ataúd en cuya lápida quedará escrito: "Que en paz descanse".

En Venezuela, el pasado sábado, 3 de enero de 2026, pasada la 1:30 a. m., Trump, con el montaje del tema del narcotráfico, hizo caer en la trampa a las autoridades bolivarianas en distintas zonas militares y civiles, con bombardeos y ametrallamientos desde helicópteros y aviones cazabombarderos, causando la muerte de más de cien personas entre militares (incluidos treinta y dos asesores cubanos) y civiles, e igual cantidad de heridos, en Caracas y los estados Miranda, Aragua y La Guaira.

El magnate Trump, devenido en mandatario estadounidense, no contuvo su inmensa alegría en ningún momento por la acción armada contra Venezuela hasta que se enteró del secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores.

De ahí que esa abominable acción de agresión militar contra Venezuela se compare con un acto de guerra exitoso por lograr el plagio del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, con la supuesta ganancia de las reservas petroleras de trescientos mil millones de barriles de petróleo, las más grandes del mundo. Sin embargo, barajar una carta como esta le ha resultado muy cuesta arriba a míster Trump. En su reunión con ejecutivos de las petroleras estadounidenses, no quedó muy claro que el petróleo venezolano le perteneciera a Estados Unidos. Además, eso de que ahora Trump se desempeñará como presidente de Venezuela y la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez, funcionaría como su secretaria no tiene asidero a la luz de la carta magna norteamericana, el derecho internacional, la Carta de la ONU ni, por supuesto, la Constitución de la República de Bolivariana de Venezuela. Esta última dispone en el artículo 1 que

La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integración territorial y la autodeterminación nacional.

Todo lo que contradiga nuestra Constitución sería totalmente un exabrupto que el pueblo soberano no aceptaría. Ningún malentendido sería viable.

Ahora resulta que la administración Trump pretende suscribir acuerdos de comercio petrolero con el gobierno de Venezuela. Venezuela solo debe exigir el cumplimiento de los principios y propósitos de la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la cual es miembro desde el 1.° de enero de 1995. Las resoluciones de las negociaciones comerciales entre Venezuela y Estados Unidos en materia petrolera que llegaren acordar deben ser estables, previsibles y transparentes.

Frenar la política estadounidense de basto chantaje, de prepotencia, de aspiración a una superioridad militar sobre Rusia y China, que permita imponer la voluntad de Trump y dictar las reglas del juego, no es el camino. En Venezuela, decimos que entre los muchos caminos, hoy el que se debe trazar es por donde ha de transitar la ética de la política internacional entre los pueblos del planeta.

 

J. J. Álvarez


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