Palabras... | De los premios Nobel. Décima parte
11/01/2026.- De lo insólito a la conveniencia. Desde el Führer hasta la estrella del pop Michael Jackson. En unos casi 120 años, el Nobel de la Paz ha sorteado una gama extravagante e inconsistente de nominados y ganadores que a veces pareciera dar pena ajena ostentar tal premio. Y ni qué decir de la impavidez y secretismo en entredicho del comité asesor.
Adolf Hitler, antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, no hace un poco más de 80 años, fue nominado al Premio Nobel como el abanderado de la paz en el planeta. Lo irresponsable es la facilidad con que se permite tal nominación. En enero de 1939, el demócrata sueco Erik Brandt instó al Comité Nobel noruego a que otorgara el premio a Hitler, por su “ardiente amor por la paz”, sin preocuparle el peligro del sarcasmo en el contexto extremadamente bélico del momento, y sin obviar que la Alemania nazi terminaba de invadir regiones de Checoslovaquia. Tal propuesta remeció las bases morales y escandalizó a medio mundo. La misiva de Brandt preocupó altamente a la neutralidad sueca, empantanando la imagen mástil en la lucha por la paz mundial. La ironía de Brandt iba contra los inicios de la insensatez política al nombrar al primer ministro británico, de espíritu conservador y actitud conciliatoria con los alemanes, Neville Chamberlain. Proyectado como artesano de los acuerdos de Múnich de 1938, donde Checoslovaquia era presionada a entregar regiones importantes a los alemanes.
La propuesta fue retirada luego, no sin antes haber tambaleado los cimientos y haber dejado ver la inconsistencia del premio Nobel, quedando Hitler registrado eternamente como nominado a la corona mundial de la paz.
Incluso, sin haber tomado en cuenta que entre los años 1938 y 1939, Adolf Hitler ya negaba la importancia y la tendencia indigna de tales premios al prohibir a tres científicos alemanes que recibieran el premio Nobel.
El caso también deja ver la facilidad con que una persona u organización, cualquiera que sea su currículum, puede competir por el premio mediáticamente más prestigioso del mundo. Pues el Comité Nobel acepta todas las propuestas, siempre y cuando sean enviadas antes de la fecha prevista del 31 de enero, y que vengan de alguna de las personas privilegiadas por el reglamento para postular: parlamentarios, ministros de cualquier país, premiados, profesores universitarios y miembros actuales o no del comité. Tanto es la facilidad de proponer, que Benito Mussolini en 1935 también fue postulado con toda la rimbombancia del caso por académicos alemanes y franceses, unos meses antes de que su país invadiera Etiopía. De igual forma, fue candidato Joseph Stalin, nominado al Premio Nobel de la Paz por un miembro del Parlamento sueco en 1945 y 1948.
A partir de que se instituyó el premio en 1901, ha sido muy polémico y torpedeado por la crítica severa, debido a que quizás para salvar el pellejo ante su abanderada neutralidad, logra colar su tendencia tradicional de derecha entregando el premio a partes irreconciliables.
Personajes tan controvertidos como Frederik W. de Klerk, representante del apartheid, sistema de segregación racial que existió en Sudáfrica desde siglos, pero controlado por el Reino Unido, Gran Bretaña e Irlanda desde 1814, y del otro lado Nelson Mandela, quien luchó toda la vida contra ese crimen de lesa humanidad, tal como está definido en el derecho internacional. Logrando su fin en 1990, siendo en 1992 la última vez en que votaron únicamente las personas de raza blanca en Sudáfrica.
De Klerk, quien liberó a Mandela en 1990 a los 71 años luego de estar prisionero 27 años, recibió con Mandela el Premio Nobel de la Paz por la eliminación pacífica del régimen del apartheid, la prisión de los negros en su propio país. Los críticos no entendían por qué se premiaba también a De Klerk, verdugo de tantos asesinatos, gestor de incuantificables injusticias y sufrimientos que había padecido el pueblo sudafricano.
La entrega del Premio Nobel repetía la misma medicina, similar placebo con Yasir Arafat, Simón Peres e Isaac Rabin (1994). El líder palestino, el primer ministro de Israel y su entonces ministro de Exteriores, respectivamente, por haber firmado los fallidos acuerdos de paz en Oslo, 1993. Hasta la fecha, el apartheid a cielo abierto de Gaza no ha cesado. Desde entonces, el insomnio del sueño palestino y la cercenación de su territorio por parte de Israel no han tenido paz en la región.
Ciertamente, es de considerar la osadía de persistir durante tantos años en entregar los premios Nobel sin realmente tomar en cuenta el contexto y el prontuario o procedencia de las personalidades de los premiados o nominados.
Digamos, Henry Kissinger, el ideólogo de la siniestra Operación Cóndor en el Cono Sur, fue merecedor del Premio Nobel por firmar un alto al fuego con Vietnam, cuando entendieron que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra, pese a las miles de bombas de napalm que arrojó sobre la población. Imaginemos este personaje de la infamia junto a Duc Lo y el presidente de Vietnam, el malestar de estar a un lado de semejante maquiavélico, que mucho antes cuantificaba mirando por TV las masacres dirigidas por Estados Unidos contra el pueblo de Vietnam. Lo que llevó a la renuncia en señal de desacuerdo a dos integrantes del Comité Nobel.
Como es de apreciar, ni el historial de terrorismo de Estado ha sido suficiente para descalificar por parte del Comité Nobel a estos fatales terroristas con credenciales imperiales.
Carlos Angulo
