Micromentarios | Y mi palabra es la ley
07/01/2026.- En un fragmento de la canción mexicana El rey, de José Alfredo Jiménez, asoma una descripción exacta del payaso televisivo que gobierna Estados Unidos y pretende gobernar el mundo en su totalidad:
Con dinero y sin dinero
hago siempre lo que quiero
y mi palabra es la ley.
Ese individuo, que es lo que en Venezuela llamaríamos un ignorante con real, no sabe gran cosa de geografía, historia ni de la casi totalidad de las ciencias básicas y humanísticas, pero tiene un conocimiento formidable del poder de la palabra y del uso de esta en publicidad.
A él le basta con rebuznar —bien sea a través de las redes sociales o los medios masivos de comunicación— cualquier término que se le ocurra a sus asesores —dudo de que él sea capaz de generarlo— para convertir lo dicho en algo que a juicio de unos cuantos es cierto e indiscutible.
Porque responde a sus intereses económicos y políticos, acusa a alguien de terrorista, narcotraficante o la combinación de los dos vocablos, narcoterrorista, y automáticamente la persona acusada pasa a ser identificada por él y sus seguidores como tal. Según este detestable personaje, la sola excreción de una de dichas voces tiene el poder mágico de convertir a una persona decente en un delincuente internacional.
No se requieren pruebas, no se necesita comprobar si lo dicho por él es verdad para que sea asumido como una sentencia. De hecho, él pretende que su palabra sustituya las leyes y la misma se tome como un dictamen firme.
Lo peor es que dicho fenómeno de circo mediocre no es un ser humano honesto, sino uno de los peores malhechores seriales de la historia, con más de siete decenas de sentencias ya dictadas por tribunales estadounidenses y mantenidas en suspenso porque el supuesto señor detenta la presidencia de su país.
Su currículo exitoso como empresario y político incluye estafas, apropiación indebida, agresiones sexuales, pedofilia e incluso el abuso de poder en beneficio económico de sus empresas y su familia.
Todos estos delitos han sido comprobados por investigadores y jueces, pero el poca cosa, que se cree Dios, les pasa por encima y, además, incurre en múltiples transgresiones legales. Entre ellas, la violación reiterada de la Constitución estadounidense y de otras naciones y el reiterado aprovechamiento de su poder político para obtener cuantiosas ganancias. La prensa norteamericana ha señalado que durante 2025 su peculio aumentó cuatro mil millones de dólares, obtenidos por cohecho, intimidación y otras técnicas netamente gansteriles.
En el principio fue el Verbo, reza el Génesis, el primer libro de la Biblia. Al parecer, el verbo sigue representando la vida, porque el bribón naranja conjuga a diario acciones como robar, injuriar, mancillar, amedrentar, agredir, atacar e insultar con impunidad, amparado por su megalómana creencia de que él es el rey del planeta Tierra.
A quienes niegan que el uso de las palabras implica un poder, simplemente observen cómo Donald Trump las emplea y se darán cuenta de que, en las mismas, no hay inocencia ni locura. Solo la manifestación del sector de la sociedad que representa y que pretende apoderarse de todas las riquezas que estén a su alcance.
Dos compatriotas están secuestrados en territorio hostil y acusados de delitos falsos.
¡LIBERTAD PARA NICOLÁS MADURO Y CILIA FLORES!
Armando José Sequera
