El Maracanazo, triste recordatorio de los mundiales
Predomina entre los sucesos más recordados de la historia del certamen
26/05/2026.- En cada oportunidad que se realiza un Mundial de Fútbol se presenta una movilización de millones de personas y un sinfín de tecnología, que representan, junto con los Juegos Olímpicos, uno de los mayores acontecimientos deportivos en la historia de la humanidad.
Un hecho de especial relevancia que se presenta en esta ocasión es que se caracteriza por ser la primera vez que se otorga la sede a tres países. México, que será sede por tercera vez, ya que fue en los correspondientes a 1970 y 1986; Estados Unidos que lo celebró en 1994 y Canadá, que lo será por primera vez.
Además, en este torneo 2026 tiene la particularidad de haber aumentado los participantes. 48 selecciones se presentaron para luchar por el trofeo FIFA, mientras que en el último realizado en Catar 2022 se presentaron 32, es decir, la competencia se extenderá en el tiempo y en el número de juegos, los cuales suman 104.
En cada oportunidad de la celebración del certamen saltan los recuerdos de situaciones y hechos, los cuales con el correr del tiempo son inscritos en la historia del fútbol. Por eso reseñamos un episodio, triste para los brasileños, pero que se sembró en los anales de la organización de los campeonatos mundiales de fútbol.
Brasil 1950
Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la FIFA decidió organizar el campeonato de 1950 en Suramérica, porque los países europeos estaban en plena reorganización, debido a que sus infraestructuras y sus economías internas estaban arruinadas. ¡Nada más indicado para la época que Brasil, país con sus grandes estadios y la enorme afición que siempre ha tenido por el balompié!
Es necesario señalar que siempre ha tenido, al igual que entonces, sus estadios aptos, para llevar a cabo un certamen de esa envergadura. El Maracaná, situado en Río de Janeiro, es venerado de manera permanente. El certamen se realizó desde el 24 de junio al 16 de julio de 1950.
Se presentaron 13 selecciones en representación de Chile, Paraguay, Bolivia, México, Estados Unidos, España, Inglaterra, Italia, Suecia, Suiza, Yugoslavia, Uruguay y Brasil. Se jugó la ronda final con cuatro equipos, bajo la modalidad de todos contra todos.
En la primera fecha de esa final, Brasil venció a Suecia, con goleada de 7 a 1, mientras que Uruguay y España empataron dos a dos. En la segunda ronda Brasil se impuso sobre España 6 a 1, mientras que Uruguay derrotó a Suecia 3 a 2.
Para el juego final, Brasil se presentó con 4 puntos, producto de sus dos triunfos (en ese entonces sumaban dos puntos por juego ganado y uno por empate) con un enorme promedio de goles, mientras que Uruguay sumaba tres tantos.
Tragedia nacional
Brasil contaba con el favoritismo de la gran mayoría del público que se presentó en el Maracaná, donde se contabilizó, para la época, una impresionante asistencia de 173 mil 850 espectadores, la mayor cantidad jamás reunida hasta entonces para presenciar un partido de fútbol.
El estruendo en las graderías se sintió desde antes del pitazo inicial y el primer tiempo terminó empatado a cero. Situación que favorecía a Brasil, porque solamente con igualar quedaría campeón, debido que tenía cuatro puntos, producto de las dos victorias, mientras que Uruguay sumaba tres, por el empate ante España y el triunfo ante Suecia.
Apenas comenzado el segundo tiempo, el brasileño Friaca anotó el gol en el minuto 47, lo que provocó el aumento del griterío provocado por el público asistente y se produjo la sensación de tener en el poder, para Brasil, de su primera copa mundial de fútbol.
Aunque el uruguayo Schiaffino marcó el empate en el minuto 66, aún permanecía la esperanza de conquistar la copa, porque la igualada favorecía a Brasil, cuyos miles de seguidores seguían animando al equipo, para que continuara el camino hacia la victoria final.
En el minuto 79, el uruguayo Ghiggia marcó la diferencia, que silenció a las repletas graderías y luego, cuando se oyó el pitazo final, se convirtió en tragedia nacional en Brasil.
La prensa de la época reportó numerosos suicidios de aficionados y desde entonces la palabra Maracanazo quedó como una expresión de tragedia y desconsuelo, tal como cuando sucede un desastre natural y tan humillante como una derrota bélica.
Discurso no pronunciado
Jules Rimet, el presidente de la FIFA en esa época, narró tiempo después que, pocos minutos antes de terminar el juego, repasó el discurso preparado, para entregar el trofeo a Brasil.
En su recordatorio expresó: “Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Al término del partido yo debía entregar al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor (naturalmente Brasil). Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios poco minutos antes de finalizar el partido (estaban empatados a un gol y con ese resultado el equipo local se coronaba). Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal.
“A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. En el tumulto descubrí al capitán uruguayo Obdulio Varela. Casi escondido le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación”.
JULIO BARAZARTE / CIUDAD CCS
Compartir










