Araña feminista | Transición energética: justa y ¿feminista?
Por Alejandra Laprea
07/11/2026.- Muchas y muchos pensarán: "otra vez Alejandra poniendo esto del feminismo en todos lados". Y sí, el feminismo tiene esa característica: se mete con todo.
Esto no es gratuito, porque en el transcurso de poco más de un siglo de lucha, las feministas nos hemos dado cuenta de un par de cosas.
No basta con transformar un aspecto del entramado de las opresiones para conseguir la liberación de "todo" el colectivo de mujeres y hombres. Esto lo hemos aprendido luego de conseguir grandes victorias, como las del voto o el derecho a una educación. Al inicio se pensó que con garantizar estos derechos lo demás fluiría, y no fue así; aún quedan cosas por resolver en el ejercicio de los derechos políticos, a la educación y al trabajo digno. Descubrimos incluso cómo la distribución de los trabajos y las responsabilidades de cuidado afectaba el disfrute pleno de estos derechos.
Tampoco basta con conseguir vidas dignas para porciones de mujeres o pueblos. El sistema de opresiones múltiples tiene la capacidad de reproducirse y, tarde o temprano, alcanza a estas porciones. Y si no, analicemos la crisis de Europa, el avance de las ultraderechas y cómo estas están afectando a las mujeres blancas nativas europeas, que están teniendo que defender conquistas básicas laborales y de derechos sexuales y reproductivos.
Las opresiones actúan de forma diferente cuando se trata de mujeres negras, indígenas, blancas, de la ciudad o del campo; a esto lo llamamos la interseccionalidad de las opresiones.
Un ejemplo de que las afectaciones son diferentes no solo entre la diversidad de mujeres que somos, sino también entre mujeres y hombres, es el impacto de la llegada de la electricidad en una comunidad rural. Hay estudios que indican que, a diferencia de lo que ocurre en zonas urbanas, la llegada de la energía eléctrica no significa mayor confort, sino más horas para dedicar a trabajos remunerados o no remunerados y menos horas de descanso. Alguna vez leí cómo esta valoración también era diferente entre varones y mujeres. Mientras para ellos la luz eléctrica en las calles significa más tiempo para compartir con sus amigos —sea en actividades de ocio, políticas o recreativas—, para las mujeres la prolongación del tiempo con iluminación significaba prolongar la jornada laboral. Y aunque las mujeres a este "más tiempo" le daban una valoración positiva (porque ¿qué mujer no agradece un poco más de tiempo para cumplir con todo?), luego referían aumento de dolencias físicas y fatigas.
Por otro lado, desde los feminismos populares también hemos constatado que los desastres naturales y las consecuencias del cambio climático impactan con mayor fuerza sobre las mujeres y personas no binarias, así como de forma diferenciada si eres, por ejemplo, del campo o la ciudad. En nuestro propio territorio, pensemos en los esquemas de racionamiento y en cómo se privilegian ciudades y regiones.
Es por esto que la propuesta no es solo una transición justa que reconozca la soberanía y el derecho de autodeterminación de los pueblos, que tome decisiones de producción, distribución y consumo para el sostenimiento de vidas dignas y que reconozca que las y los humanos no somos los únicos con derecho a estas. También es una transición que aborda las opresiones de género, que va contra la división sexual del trabajo, tanto como la social, que coadyuva al cambio del sistema de opresiones y a mitigar sus consecuencias sobre los cuerpos de mujeres e identidades feminizadas.
La transición energética justa y feminista ofrece una respuesta multifacética a la crisis climática, de producción de energía y de avance de la extrema derecha negacionista, que pretende profundizar el modelo capitalista extractivista y neocolonial. Es una propuesta de cambio de sistema que incluye la eliminación de la dependencia de los combustibles fósiles, así como la transformación de la sociedad en una que garantice el sostenimiento de vidas dignas para todas las personas y seres.
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