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Letra fría | La narrativa de la derrota y su epílogo

Por Humberto Márquez

16/10/2026.- Lo que sí ha quedado claro en estas siete u ocho entregas de las últimas semanas es que terminé siendo de la fanaticada de Lissy de Abreu Gallegos y Aline dos Reis Albuja, las flamantes autoras de La patria bohemia que nació derrotada. Semblanza de grupo de la República del Este, obra presentada como trabajo de grado en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Sin embargo, como nada es perfecto, me permito disentir en una cuestión de fondo que le da título a la tesis, "La patria bohemia que nació derrotada...", y que constituye el motivo de todo su desarrollo. Aunque no se pueda negar que hubo una derrota, tampoco es que la política subversiva tenga que ver con el nacimiento de la República del Este. Hasta donde se sabe, ninguno de los participantes estuvo en la guerrilla ni en sus escritos hubo alusiones a la misma, salvo en poemas y textos individuales como Yo justifico esta guerra, del Chino Valera Mora, o el poema Utopía, de Luis Camilo Guevara, que las tesistas colocan en el epígrafe del epílogo.

Sin ánimos de manchar la plana de estas muchachas, que tanto elogié en la revisión de sus siete capítulos, sí debo decir que la derecha creó una narrativa de militantes derrotados que fueron a matar su despecho ideológico en los bares de Sabana Grande. Lo que les faltó fue sacar una foto falsa de cuatro barbudos rascados en un bar oyendo Sierra Maestra con Daniel Santos en la rocola. Si fuera hoy, harían un TikTok para dar más verosimilitud al fake. No sé quién sería el creativo de la lírica de la derrota, pero fue exitosa. Se sembró en la mente de la población y los guerrilleros quedaron perfilados como borrachitos de orilla, ¡pero, eso sí, intelectuales!

El tema de la derrota es reiterado en el epílogo:

La República del Este fue la manifestación de una intelectualidad derrotada que tras el fin de la lucha guerrillera se rindió, se echó a morir. Los bares, donde se reunían a beber penas, soledades y alcohol, fueron el refugio de un grupo que nació vencido.

Insisto, estoy maravillado con esa tesis, pero es ella la que nace y muere derrotada al partir de una falsa premisa. En el año 68 todavía quedaba lucha armada: Douglas Bravo seguía alzado y con éxito, y la gente de Bandera Roja y la OR luchaba en oriente. Que después los jefes terminaran cuadrados con María Corina, ¡esa es otra vaina! Es un despecho muy arrecho que un teniente coronel les haya quitado la bandera de su revolución, una que ya anda por los 27 años.

Lo que sella la derrota final es la pacificación de Caldera en el año 69, cuando los más culilludos del PCV y el MIR se entregan con el rabo entre las piernas. Entonces, queridas amigas, mal pudo haber nacido vencida cuando la derrota definitiva la sella la pacificación de Caldera, mientras que la República había nacido en El Viñedo en octubre del 68. Tanto es así que me permito citarme, con información de ustedes en la tesis, para demostrar que en el 69 todavía había actividad izquierdista. No olvidemos que ese fue el año de la Renovación Universitaria que, si nos permiten el símil, fue una guerrilla académica:

Como si fuera película, el capítulo abre una noche de 1969 en la UCV, en los predios de Medicina Tropical (por ahí, por los frentes de la plaza del Rectorado), con Adriano en su carro buscando a un amigo que hay que enconchar a la brevedad posible. El personaje termina siendo nuestro común amigo, el mismísimo Oswaldo Barreto —hermano suyo de los tiempos de Valera y pueblos aledaños de su infancia—, quien, con su grupo de salvación nacional, dirigido por el otro pana Baltazar Ojeda Negretti, alias "Elías", había atracado el Royal Bank de Puerto La Cruz. La poeta Esdras Parra es quien definitivamente suministra la concha.

No olvidemos las victorias populares de las fugas del Cuartel San Carlos en 1967, antes del nacimiento de la República, y en 1975, cuando estaban en su pleno apogeo. Vale decir que aquí no había sido derrotado nadie. Después vino el secuestro de William Niehous en el 76 y los otros episodios del forcejeo político que generarían a la postre el golpe de Chávez en el 92 y su victoria electoral en el 98. ¿Entonces, cómo hablar de derrota?

Por eso digo: en cada capítulo, uno mejor que el otro, encontramos unas talentosas narraciones que valen todo por la tesis, a pesar de esa premisa altamente influenciada por los aparatos de inteligencia de la Cuarta República, que en eso fueron muy efectivos con lo de los izquierdistas borrachos e intelectuales. Por eso yo justifico esta tesis, por las muchachas y por su tutor, el también talentoso amigo mío Sebastián de la Nuez. Lo más subversivo que encontramos en la República fueron "los golpes de Estado", una joda más del Caupo, porque la República del Este fue precisamente eso: ¡una joda más de Caupolicán!