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Xin chào | 1995: Clinton y Duc Anh se dieron la mano


Por Ángel M. Bastidas G.


Permítanos que el futuro sea nuestro destino. 

Tenemos mucho por delante. 

Este momento nos ofrece la oportunidad 

de cerrar nuestras propias heridas.


Bill Clinton (1991)


16/10/2026.- Hace 35 años se había iniciado un capítulo en la historia política de los Estados Unidos que no es fácil digerir porque se trataba de ver a estadounidenses y vietnamitas hablando de paz tras 21 años de una de las confrontaciones armadas que movieron los cimientos de la península de Indochina, ubicada nada menos que muy cerca de la República Popular de China, pero que para el mundo es la mayor potencia comunista del planeta Tierra.

En 1971, Richard Nixon, para entonces presidente de EE. UU., y su diplomático mayor, Henry Kissinger, habían intentado parlamentar de nuevo con los vietnamitas, quienes en el 1972 fueron engañados con un supuesto acuerdo que al final constituyó un histórico bombardeo de 12 días y 12 noches sobre Hanói, descrito por la historia como Dien Bien Phu en el Cielo, que marcó la derrota más dramática sufrida por la aviación más poderosa del mundo.

El 21 de noviembre de 1991, la República Socialista de Vietnam y Estados Unidos habían dado los primeros pasos hacia el acercamiento y normalización de las relaciones Estado a Estado. Ese día viernes 22 de noviembre de 1991, el viceministro de Asuntos Exteriores de Vietnam, Le May, y su contraparte, Richard Solomon, se reunieron después de 16 años tras el fin de la guerra.

En 1978, Vietnam había procurado el acercamiento hacia el país que lo había invadido, y a través de la Casa Blanca logró abonar el camino de cara a la normalización de relaciones diplomáticas, pero cuando el ministro de Relaciones Exteriores vietnamita intentó ponerle fecha al asunto, los contactos se enfriaron debido al acercamiento del país asiático hacia la Unión Soviética; sin embargo, el 12 de julio de 1995, los vietnamitas pudieron concretar el importante acercamiento en una ceremonia que tuvo como escenario la Casa Blanca, donde el mandatario Bill Clinton recibió al contingente diplomático vietnamita, que estuvo encabezado por el presidente, Le Duc Anh.

De esa manera y en ese lugar, se anunció formalmente ante el mundo la normalización de las relaciones exteriores entre Estados Unidos y la República Socialista de Vietnam. Acto seguido, el presidente Clinton manifestó: "Permítanos que el futuro sea nuestro destino. Tenemos mucho por delante. Este momento nos ofrece la oportunidad de cerrar nuestras propias heridas".

Las palabras del presidente Clinton fueron consideradas como las más destacadas de la velada en la Casa Blanca e históricas dentro de las relaciones internacionales de EE. UU., que dejaron en el pasado una guerra, un bloqueo económico y una serie de confrontaciones políticas. Si bien ese logro le valió a la administración Clinton un descenso en el apoyo por una buena parte de los sectores más conservadores del electorado estadounidense, ese acercamiento significó un primer paso de un aliado en el sureste asiático, una zona que despertó gran interés dentro de la política internacional de Estados Unidos.

Con Clinton en la Casa Blanca y las diligencias de los congresistas y exoficiales en Indochina, John McCain y John Kerry, había llegado el fin del bloqueo con una votación 60 a 38, gracias al esfuerzo de McCain y Kerry, quienes lograron sumar 20 republicanos a la causa antibloqueo. Finalmente, un año después, las aguas tomaron su cauce, cuando Clinton anunció la apertura de un consulado general en Ciudad Hồ Chí Minh, con Douglas Peterson al frente, mientras que los vietnamitas hacían lo propio en San Francisco, California. Así comenzaba un acercamiento que parecía imposible entre dos países que habían intercambiado bombazos durante 21 años.


Hablando se entiende la gente

Por el momento, el serrucho pareciera atascado en el Oriente Medio, donde los halcones estadounidenses insisten en imponer la llave al estilo EE. UU.-Israel, a pesar de que las tropas gringas siguen llevando palo parejo frente a Irán, olvidando la felpa que le había asestado Afganistán después de 20 años de ocupación.

En Venezuela, después de calamitosos años de guarimbas, guerra económica, intentos de magnicidio, de invasión armada, asesinatos de dirigentes revolucionarios y más de 500 medidas coercitivas unilaterales aplicadas por un grupo de países, encabezados por EE. UU., determina que la ruta del diálogo es necesaria e inevitable, como efectivamente figura en la agenda de Miraflores.

Es oportuno echar un vistazo a la crisis de posguerra vivida por el pueblo vietnamita a finales de la década de los 80, cuando estuvo en peligro lo que habían alcanzado durante casi un siglo de resistencia frente a los invasores, con un país destrozado y un intenso bloqueo económico de 21 años por parte de Estados Unidos y sus aliados, mientras comenzaba el derrumbe de la Unión Soviética, para entonces el principal aliado económico de Vietnam. Ante la disyuntiva, el Partido Comunista puso sobre la mesa del VI Congreso el “đổi mới” o renovación, cual golpe de timón, para salir del atolladero y emprender nuevos senderos, siempre al calor del socialismo. 

En su libro, Vietnam en el camino de la renovación, Nguyễn Phú Trọng, para el momento secretario general del Partido Comunista, exponía en plena posguerra que: "Existían tendencias de hacer las cosas de forma acelerada y urgente, y también las de ir más despacio, cuidadosamente. Los del primer grupo eran considerados impacientes y los del segundo, temerosos y conservadores. El resto, los que deseaban corregir estas aberraciones, eran considerados conservadores”.

No era una situación cualquiera, porque además se había roto la alianza con la República Popular de China debido a la invasión vietnamita a Camboya.


Sorpresa en la embajada gringa en Hanói

Por esos días de sorpresivos reencuentros, la arquitecta Nguyễn Thu Thủy, graduada en la Unión Soviética, develó con miembros de la embajada de Estados Unidos en Hanói un mural elaborado en cerámica, alusivo a la amistad Vietnam-EE. UU.

Vale preguntarse: ¿qué pensarán los pueblos de Laos, Camboya y Vietnam frente a la foto de Thu Thủy, ataviada con un vestido-bandera con las estrellas y las barras de Estados Unidos, y varias damas estadounidenses con vestimenta roja de estrella amarilla?

La respuesta podría estar en las palabras de Phú Trọng, cuando expresó en la Casa Blanca, al lado de Obama: “No se puede cambiar el pasado, pero el futuro será nuestra responsabilidad”.

La estrategia Nixon-Kissinger de los años 70 no es solo un viejo documental. Joe Biden lo asumió con todo el descaro: alimentó la guerra en Ucrania, impulsó la rusofobia mundial, manipuló la IX Cumbre de las Américas y, a la par, se colocó la máscara del “inofensivo ovejo”, tocando la puerta de Miraflores con una misión especial de confusas ofertas que no terminaron de cuajar.

Pero el tiempo le ha dado la razón al Gobierno Bolivariano, que siempre ha mostrado disposición al diálogo, que ha estado respaldado por un pueblo que ha impresionado al mundo con su sabia resistencia ante el acoso de los poderosos. De eso se trata, dialogar para vencer. Eduardo Galeano lo dijo: "La utopía sirve para avanzar". Por su parte, Phú Trọng, hoy en el descanso eterno, invitaba a asumir el futuro con responsabilidad, porque el pasado no se puede cambiar.


Consultas:

• N. P. Trong (2006). Vietnam en el camino de la renovación. The Gioi Ed. 

• A. M. Bastidas (2017). Xin chào. The Gioi Ed.