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Araña feminista | Llegó el momento. Transición justa y feminista


Por Alejandra Laprea

No sé si les pasa igual, pero en el 2026 me siento viviendo una de esas distopías que en algún momento me gustó ver en TV y que ahora no soporto…ya tengo suficiente con la realidad. No hay región del planeta que no esté sufriendo las consecuencias de la crisis climática de la que radicales zurdos y feminista hemos estado hablando y que “centrados y doctos” hombres de derecha, como Miley, Bolsonaro o Trump, han estado negando.

La crisis climática llegó hasta los países del norte global, esos que miraban, hasta hace nada, como las catástrofes ocurrían en el sur “subdesarrollado” y cuyas consecuencias devastadoras para elles y su narrativa era siempre, pero siempre, culpa de la pobreza que nosotres mismes habíamos fraguado.

Viendo lo absurdo de los noticieros que van de bombardeos a riadas producidas por glaciales. De sequias severas que dan origen a incendios de miles de hectáreas al anuncio de un aumento de un gasto militar sin precedente. De desplazados en todo el planeta a más bombas cayendo, más guerras por el petróleo. Pueblos asfixiados energéticamente conviviendo con un consumo energético militar que suponemos colosal (porque son secretos de estado). Me pegunto ¿realmente podemos seguir usando el término “desastres naturales”? o ya es tiempo que empecemos a nombrarlos como lo que son: las consecuencias de un modelo civilizatorio que atenta contra toda la vida en el planeta.  

Ya es momento, también, que incluso un país petrolero como el nuestro se plantee el tema espinoso de la transición energética. Que evaluemos y cuestionemos las falsas soluciones propuestas como la descarbonización o una transición energética a secas. La propuesta del norte global que no trata el meollo del asunto y no identifica el origen de la crisis en su propio modelo desarrollista y de consumo sin fin.

Y por qué el país con las reservas de hidrocarburos más grande tiene que plantearse también el tema. Para construir soberanía. En estas últimas décadas hemos constatado que la fortaleza está en la diversidad: de producción, de exportaciones y claro de las fuentes de energía. La concentración en una sola fuente de energía, un solo producto, un solo socio de negocios o lo que sea nos hace débiles. Entonces para Venezuela la transición energética no es solo un acto responsable y coherente, sino también un acto que tiende a construir soberanía.

La transición energética capitalista sacrifica territorios enteros sepultándolos bajo parques eólicos o de paneles solares, o crea falsas esperanzas de superar la crisis climática con tecno soluciones que abren otros campos de explotación minera como la del Litio. Todas estas falsas soluciones, no van a la raíz del problema: el modelo de producción y consumo no es sostenible.

Existe otra propuesta la transición energética justa y feminista, que busca el equilibrio entre los factores del trilema nombrados por la presidente Delcy Rodríguez en su intervención en la ONU: sostenibilidad ambiental, seguridad energética y accesibilidad.

Como feministas populares sabemos que una transición energética que no incorpora en su análisis una mirada interseccional del modelo de consumo de energía basado en hidrocarburos, en mega proyectos o en la explotación de los territorios no va a resolver la crisis climática. Sabemos que la transición energética que necesita el planeta y los seres que lo habitamos debe impulsar el desmantelamiento del sistema que nos oprime por ser territorios del sur, mujeres, pueblos no blancos o de la comunidad sexogenerodiversa. Un sistema que se relaciona con la naturaleza solo en términos de explotación.

Y nosotres como país petrolero tenemos grandes desafíos y un punto de vista único desde donde aportar. Porque nuevamente, no se trata sólo de cambiar una fuente de energía por otra, digamos petróleo por energía eólica y seguir imponiendo el mismo esquema depredador y extractivista. Se trata de conseguir un modelo que garantice el acceso a la energía como un derecho humano, como un bien común tanto como las soberanías de los pueblos a través de la seguridad energética y que sobre todo no está basado en la explotación y sumisión de nadie.