Memorias de un escuálido en decadencia | Humillación
Por Roberto Malaver
25/09/2026.- ¡Esto no lo aguanta nadie! ¿Qué carajo le hicimos nosotros, Mr. Trump, para que nos dé tanto coñazo? Lo que acabamos de ver en la ONU no tiene nombre. Mientras la compañera María —Engañada— Machado tuvo que entrar por la puerta del garaje a la Casa Blanca a entregarle su medallón del Premio Nobel de la Paz, ahora usted recibe a la nueva dictadora con las principales autoridades del gobierno de nuestra segunda patria. Es una vaina, Mr. Trump, que ya nosotros no sabemos qué carajo hacer. Si antes el dictador anterior nos tenía locos de bola, ahora usted nos tiene locos hasta más allá del Cinaruco. Usted, que en su discurso amenazó con liquidar a Cuba y a Irán —procomunistas, claro—, usted tiene que liquidar también a esta dictadura que está moribunda. Lo están engañando, Mr. Trump. A esa gente no se le puede creer un carajo. Así, con esa cara de niños abandonados, así han jodido a lo que queda de país. Le repito, Mr. Trump, si usted de una vez nos hubiese puesto en el poder a nosotros, la cosa estaría mucho mejor. Usted no tendría por qué estar poniendo tres fases, que si recuperación, establecimiento y transición, ¡ni de vaina! Con nosotros iba directo a lo que usted le diera la gana y se acabó el pan de piquito. Con nosotros ya hubiese nombrado a lo que queda de país República Trumpiniana de Venezuela, y al carajo los enfermos, y seguro que muchos de los gobiernos cercanos también hubiesen hecho lo mismo. Dígame, por ejemplo, el compañero De la Espriella. Carajo, ese no aguanta dos pedidas para poner a Colombia como República Trumpiniana.
Y nosotros creyendo que todavía podemos llamar la atención para que el país se olvide de que tiene a una dictadora en la ONU. Salimos a decir que a nuestra compañera María —Engañada— Machado la retuvieron en el aeropuerto de Panamá para no dejarla viajar a Venezuela. Y todos nosotros con esas redes ardiendo con ese mensaje para ver si así lográbamos que hablaran de nosotros, que fuimos tan sinceros, pero nada: todo el mundo y más allá estaba pendiente de su reunión con la nueva dictadora venezolana. Estamos tristes, solitarios y finales. Estamos que no hay palabras para clasificar este despecho tan arrecho que vivimos en estos tiempos del cólera. Y lo peor es que están persiguiendo a los compañeros que lo defendieron a usted allá, en Miami, pero ahora no pueden ni asomarse a la ventana porque la gente del ICE los está cazando para deportarlos a Liberia. ¡Dígame esa vaina! Hasta la compañera colombiana María Elvira le pidió que, por favor, trate bien a nuestra gente, y usted salió a decirle que se callara la boca. ¡Carajo, la cosa ya no es como antes!
Lo bueno es que también muchos chavistas andan arrechos con el discurso, tan arrechos como nosotros, pero, claro, la diferencia es de clase, fundamentalmente, porque ellos quieren comunismo y nosotros, capitalismo popular. Hay unos chavistas que están dispuestos a dejarse matar porque hubo traición. Así dicen esos carajos, pero lo que no saben es que la peor traición es la que nos ha hecho usted a nosotros, que estamos rodilla en tierra y pidiendo que no nos deje solos y solas en este trance. Por lo menos, alegra ver a esos chavistas arrechos, y para verlos más arrechos les enviamos la foto de usted, Mr. Trump, con la dictadora, con la frase: "Antes olía a azufre; ahora huele divino". Y así se arrechan más que nosotros.
El papá de Margot vio la foto de Trump con la nueva dictadora y dijo: "Nos volvimos a joder. Aquí ya no vienen elecciones más nunca. Y ya la gente de la Asamblea tiene una semana conversando y no ha dicho un carajo. El compañero Trump nos abandonó. Y ahora solo nos queda Henrique Manguangua, y ojalá que no me toque la puerta, porque le meto su carajazo". Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: "Anda a tomarte una foto con Trump, muérgano".
—Yo también, como todos los jóvenes, vine a llevarme la vida por delante... —me declama Margot.
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