Punto y seguimos | No ser como Ed
Por Mariel Carrillo
22/09/2026.- No hay artista sin “posición”. El ser humano forma parte de una sociedad de cuyo contexto no puede escapar. Las personas tienen opiniones, creencias y valores que se van armando desde la infancia. Quien se declara a sí mismo “apolítico” está, por lógica, tomando la postura de supuestamente no tenerla. Más allá de los compromisos personales que cada uno asuma en el transcurso de la vida, con causas institucionalizadas o no, todos actúan en un marco de referencia que no nace de una nada aséptica, incolora o indolora.
A los creadores, en las variadas formas de arte posibles —y más si son famosos o con públicos masivos consolidados— se les escruta no solo en la ejecución de sus oficios, sino en su ser individual, uno que ejerce influencia en otros y que no está desligado jamás de su físico y de sus opiniones, por más que intenten mantenerlas en privado y separadas de su arte. Las llamadas celebridades no tienen el lujo mundano de poder opinar (o dejar de hacerlo) sin que haya demasiadas consecuencias, y de manera muy particular en un mundo y un momento histórico como el actual, donde la exposición es tan grande, incluso para los anónimos.
El cantante británico Ed Sheeran se encuentra en una “crisis de opinión pública” justamente por pretender que la neutralidad existe en los asuntos de trascendencia de la humanidad. Sheeran, de gira por los Estados Unidos, cayó en el centro del debate (antiquísimo, por cierto) de si los artistas pueden, quieren o deben ser neutrales en temas geopolíticos. Su telonero, el rapero estadounidense Macklemore, usó su tiempo en el escenario para denunciar el genocidio contra el pueblo palestino, al gritar “Free Palestine”. Las reacciones de cierta comunidad judía que confunde antisionismo con antijudaísmo no se hicieron esperar, destacando la de otra reconocida cantante, Pink, quien también afronta hoy la consecuencia de no poder justificar una posición que aplaude el exterminio de niños y niñas. El resultado: Robert Kraft (multimillonario, dueño del estadio donde tocaban, así como de equipos de la NFL, el grupo Kraft y conocido amigo de Benjamin Netanyahu) llamó a Sheeran para pedirle cancelar al rapero bajo amenaza de bajarse el tour en su estadio y en otros.
En una comunicación que el mundillo del internet ha catalogado de blandita, Sheeran indicó que él “toca para todos”, que le importan todas las víctimas de un conflicto por igual, que no se mete en política y que tuvo que retirar a Mackelmore del programa luego de hablar con él y que este defendiera su posición. Sheeran también alegó no poder respaldarlo, puesto que los otros músicos dependían económicamente de él. Al día siguiente, la banda del británico (todos músicos irlandeses fundadores del movimiento de artistas de ese país por Palestina), así como el resto de artistas abridores, se bajaron públicamente de la gira, expresándose de manera firme contra el genocidio en Gaza.
Ante tamaña muestra de dignidad, y en prueba de que la masacre sistemática de un pueblo entero sí le importa a muchos, Sheeran siguió su tour, protagonizando una escena de llanto lastimero y sin nervio al inicio del concierto, centrando la controversia en el daño personal y no en el hecho de que hay un genocidio en tiempo real, al que él no se atreve siquiera a nombrar. La “funa” monumental al inglés deja en evidencia dos cosas: que el artista no puede ser neutral y que rendirse a los grandes poderes no siempre es una rendición, sino la prueba de que en la vida se tienen posiciones que llevan a la gente a actuar en consecuencia. Ed Sheeran es prueba clara de ello. Y también Macklemore y la cada vez más larga lista de artistas del mundo que deciden no ser cómplices del Estado sionista de Israel.
Etiquetas
Compartir












