Mundo alerta | Reencuentro histórico: política con charreteras
Por Raúl Pineda
21/09/2026.- Nuestro genial periodista Matías Carrasco (Aníbal Nazoa) escribió esto hace más de 20 años en su columna Aquí hace calor del diario El Nacional: “Cuando alguien te diga que aborrece la política, háblale de política y tendrás que mandarlo a callar”.
Efectivamente, en Venezuela el 70 % de los ciudadanos de a pie —incluidos los que están de acuerdo con el gobierno y los que no— se confiesan apolíticos. Pero, en verdad, históricamente, el apoliticismo civil en general y el de los militares en particular siempre han andado de la mano. No es una pareja en extinción, sino una fusión en pleno crecimiento. De hecho, la RAE también aporta su granito de arena al respecto cuando le asigna al soldado la cualidad de “partidario” y “caudillo”, términos de indiscutible connotación político-militar.
En el caso de los uniformados, la única diferencia es que no deliberan en público, sino en los altos cenáculos especializados y de vez en cuando en los campos de golf, siempre tutelados por la Escuela de las Américas, ahora rebautizada “virginalmente” como Instituto de Cooperación en Seguridad en el Hemisferio Occidental (Whinsec). Sus generales son ardorosos defensores del sistema capitalista o neoliberal y adversarios a tiempo completo de sus colegas del mismo rango como Alberto Müller Rojas, que simpatizan con cualquier otro sistema político, llámese socialista comunista, anticapitalista, antiimperialista o, simplemente, nacionalista. Los golpes militares, igual que las guerras —independientemente de que sean contra democracias o dictaduras— son actos esencialmente políticos, con todas las motivaciones ideológicas que ello implica. ¿Eran apolíticos los generales que derrocaron a Hugo Chávez? ¿Lo eran quienes derrocaron a Pérez Jiménez (eso de que lo tumbó el pueblo es pura propaganda adeca), Isaías Medina Angarita y Rómulo Gallegos, por citar solo algunos casos?
En los tiempos modernos la politización militar no podía quedarse estancada en el “entréguese que el Palacio está rodeado”. Las guerras ya no son nacionales, sino internacionales y necesitan movilizar tanques, equipos, fragatas, aviones y submarinos, para lo cual requieren miles de millones de barriles de petróleo del que carecen todas las potencias en conflicto, pero están a la orden en el generoso corazón energético de América Latina: Venezuela, México, Brasil y Colombia, con casi 400.000 millones de barriles en reservas probadas, más de 300 veces el petróleo custodiado por las charreteras en el estrecho de Ormuz. Ya el apoliticismo militar y civil vuelan a la misma altura y navegan en las mismas aguas. Nada de contabilizar bajas, ahora hay que contar barriles de petróleo ajeno.
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