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Las cuerdas de Antonio Lauro siguen sonando a 107 años de su natalicio

Su obra como guitarrista trascendió las fronteras de Venezuela hasta países de Europa

Alirio Díaz, John Williams (Australia) y Antonio Lauro. Sala Cantv de Caracas, 1976. Foto: Cortesía de la Fundación Alirio Díaz.


03/08/26.- El guitarrista clásico venezolano Antonio Lauro se consolidó como uno de los compositores e intérpretes más influyentes en América Latina durante el siglo XX, por sus grandes habilidades con las cuerdas, además de componer un sinnúmero de piezas que actualmente constituyen una referencia obligada de estudio, para quienes perfeccionan la ejecución del instrumento.

​Nacido en Ciudad Bolívar el 3 de agosto de 1917, Lauro quedó huérfano de padre a los cinco años y fue criado por su madre, Armida. Su formación musical formal comenzó a los nueve años en Caracas, en la Academia de Música y Declamación (actual Escuela Superior de Música José Ángel Lamas).

Allí estudió con figuras centrales de la renovación musical venezolana como Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Salvador Llamozas y, en el área de guitarra, Raúl Borges, con quien se formó entre 1930 y 1940.

​Las limitaciones económicas de su juventud lo llevaron a financiarse los estudios mediante su labor como guitarrista acompañante en Broadcasting Caracas (Radio Caracas Radio).

Asimismo, integró el Orfeón Lamas desde su fundación en 1928, agrupación que dirigió posteriormente durante nueve años, y cofundó en 1935 el conjunto Los Cantores del Trópico.

​En 1940 obtuvo el título de maestro compositor, enfocando su actividad profesional en la creación musical y su producción abarcó tanto la música de cámara como la obra sinfónica, destacando en 1947 el poema Cantaclaro, basado en la novela de Rómulo Gallegos.

​Sin embargo, su carrera sufrió una interrupción significativa a raíz del golpe de Estado de 1948 contra el gobierno democrático y sus vínculos con el partido Acción Democrática, lo que derivó en su encarcelamiento y posterior exilio durante el Gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, etapa en la que compuso varias de sus piezas guitarrísticas más reconocidas

Natalia: un vals de alta dificultad

​El aporte principal de Lauro consistió en trasladar los ritmos del folclore venezolano al lenguaje de la guitarra clásica, manteniendo un riguroso manejo contrapuntístico y formal heredado de la academia.

Gran parte de sus valses llevan nombres femeninos, estructurados sobre patrones rítmicos ternarios adaptados a la técnica de la guitarra de concierto.

Su difusión internacional se vio potenciada por la ejecución constante del guitarrista Alirio Díaz en escenarios globales y dentro de este catálogo, el vals Natalia ocupa un lugar central por su difusión y demanda interpretativa.

La pieza sintetiza el uso de la síncopa típica de la música criolla venezolana adaptada al compás de tres por cuatro, con una claridad en la estructura melódica y armónica, combinando accesibilidad auditiva con exigencia técnica para el ejecutante y un equilibrio entre el rigor formal de la academia y la raíz popular del género bailable.

Como hecho curioso de la trascendencia de este vals, en años recientes, el músico y cantante británico Sting, fue grabado mientras intentaba ejecutar esta pieza, afirmando que le resultaba complejo tocar algunos pasajes de la composición, y al final terminó elogiando a Lauro.

​Antonio Lauro falleció en Caracas el 18 de abril de 1986 y su producción musical se mantiene vigente en los programas de estudio y concierto de guitarristas clásicos a escala mundial.

Su memoria se institucionaliza a través de iniciativas como el Concurso Bienal Nacional de Guitarra Antonio Lauro, así como mediante encuentros y conciertos conmemorativos que se realizan anualmente en Ciudad Bolívar y Ciudad Guayana en torno a la fecha de su nacimiento, promoviendo la interpretación de su obra en su región de origen.

CIUDAD CCS