Caracas, 13 de julio 2026
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Araña feminista | Los cuidados como palanca para la reconstrucción

Por Alba Carosio

13/07/2026.- Aun con el profundo dolor en el corazón por las pérdidas incontables e insustituibles, empezamos a pensar y actuar en función de la vida que nos rodea, la cual requiere consuelo y atención. En los refugios coinciden niñas, niños, adultos, ancianos, mujeres y hombres que lograron sobrevivir y que tienen enormes penas y necesidades. Ya se han instalado los campamentos transitorios para proteger y atender a quienes lo perdieron todo y donde se despliega la solidaridad que por montón se ha venido expresando ante esta tragedia. Nunca han estado más claras la vulnerabilidad y la interdependencia de la vida humana; por ello, sostener y cuidar es perentorio en estos nuevos espacios de coexistencia.

En los campamentos, donde convivir es ineludible, se necesita atender a niñas y niños (y hay muchos), así como a las personas de la tercera edad y a quienes presentan distintos grados de dependencia. Además, es indispensable alimentar, limpiar espacios, mantener la higiene personal, lavar la ropa, recibir y despachar los alimentos, apoyar a los enfermos, dar soporte emocional y acompañamiento, proporcionar distracción y entretenimiento, todo con el fin de generar esperanza y confianza en un futuro posible. Se trata de cuidados que ocupan el primer plano en momentos de una aguda crisis como la actual. No olvidemos que los sueños también pueden florecer en condiciones de cooperación e interdependencia que exceden el hogar y el núcleo familiar.

Tradicionalmente, las mujeres asumen en las familias la responsabilidad de atender a sus miembros, algo que implica tiempo, esfuerzo y dedicación, tanto que muchas veces limita su incorporación al trabajo remunerado y a la acción política. Por otra parte, en la rutina comunitaria, sabemos que hay una pléyade de mujeres ocupándose de conseguir agua, alimentos y servicios en general. En la acción humanitaria ocurre algo parecido.

La asistencia no es únicamente una necesidad, sino una importante palanca de mejoramiento de la vida. La economía de los cuidados y su organización colectiva funcionan como un impulso para la recuperación material y económica. El hacer en común genera entramados, amistad y apoyo mutuo. Tal como advierten los estudios empíricos y como se nota a simple vista, concluimos que las mujeres son protagonistas indiscutibles de esta esfera.

Si planeamos y asignamos recursos a los cuidados contando, sobre todo, con quienes viven dentro de cada campamento, se puede lograr en lo inmediato:

• Generar ingresos vía trabajo remunerado para quienes se integren a brigadas de procesamiento de alimentos, aseo de espacios, atención de niñas, niños, enfermos, heridos, etc.

• Coadyuvar a la recuperación emocional, por el sentimiento de valía y ocupación del tiempo, así como por la obtención de recursos para sí mismos y sus familias.

• Liberar la fuerza laboral de las mujeres mediante la creación de espacios comunes para los niños.

• Adaptar temporalmente las escuelas y centros comunitarios como guarderías, comedores y áreas de aseo colectivo, donde se pueden organizar brigadas por tareas y apoyo a quienes requieren de atención especial.

• Integrar los sistemas de provisión de cuidados dentro de los financiamientos y los programas de asistencia humanitaria.

• Fomentar la participación equitativa de mujeres y hombres en las brigadas para ir cambiando estereotipos y mentalidades.

Invertir en la economía de los cuidados es una estrategia eficaz para acelerar la reconstrucción de un país tras una crisis humanitaria catastrófica, porque actúa como el motor que reactiva el tejido productivo y social desde sus cimientos.