Caracas, 21 de junio 2026
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Plaza Morelos | Las esquinas de Mérida


Por Ismael Hernández


21/06/2006.- Una de las cosas más singulares de Caracas es su nomenclatura urbana, tanto en lo referente a los nombres de las calles y demás vías públicas (lo cual se llama en urbanismo odonimia) como en lo referente a la identificación de los predios (lo cual se llama señalética postal). 

El modo de identificar los predios mediante un nombre único, como en Venezuela, es poco común. Lo más frecuente en otras ciudades del mundo y de Latinoamérica es identificarlos mediante un número. Así, en la mayoría de las ciudades latinoamericanas las direcciones se forman por una calle y un número; “Independencia 10”, por ejemplo. En cambio, en Caracas se forman por el nombre de la calle y el nombre del predio, por ejemplo: “Avenida Francisco de Miranda, Torre Mene Grande” o “Calle Terepaima, quinta Las Acacias”, etc. A mi juicio, es mucho más práctico el sistema de numeración; pero no deja de tener su encanto que cada predio tenga un nombre propio que le da una personalidad. Las pocas ciudades latinoamericanas que comparten con las de Venezuela este sistema son las de Costa Rica, la costa de Uruguay y la sierra de Córdoba en Argentina, aunque en algunas de ellas ese sistema convive con el de numeración. 

Aún más particular, casi única, es la odonimia del centro histórico de Caracas en lo referente a poner nombres a las esquinas. Algunas de las mejores plumas del país y de los mejores libros se han dedicado a ese tema: Carmen Clemente Travieso con Las esquinas de Caracas (1956); Santiago Key Ayala en Los nombres de las esquinas de Caracas, Enrique Bernardo Núñez en La ciudad de los techos rojos, Arístides Rojas en Crónica de Caracas y Aquiles Nazoa en Caracas física y espiritual; entre otros. La historia de Caracas y su identidad son inseparables de sus esquinas, de sus nombres y de las leyendas que les dieron origen. 

Una de las pocas ciudades con las que Caracas comparte esa curiosa peculiaridad de poner nombres a las esquinas es Mérida, la capital del estado de Yucatán, México. La ciudad fue fundada en 1542 por el conquistador Francisco Montejo, “El adelantado”, sobre las ruinas de la antigua ciudad maya de T´Hó. Decidió llamarla Mérida porque la monumentalidad de las ruinas mayas le recordaban a las ruinas romanas de la ciudad de Mérida en Extremadura, España. La fundación de Mérida siguió el protocolo de todas las ciudades en el Nuevo Mundo: se instaló un cabildo, se nombraron alcaldes, regidores y un escribano, y se trazó la plaza mayor y la cuadrícula de la ciudad, la cual se dividía en cuatro barrios para las 70 familias españolas originarias y los barrios “extramuros” para los 300 naturales fundadores. 

Algunas esquinas fueron nombradas desde la época colonial y otras posteriormente, incluso en el siglo XIX. Se presume que para una población mayoritariamente analfabeta era muy complicado ubicarse mediante números, de manera que el pueblo en su actividad diaria las fue bautizando haciendo alusión a elementos físicos obvios (así tenemos las esquinas de El Tamarindo, El limón o El almendro) y otras relacionadas a anécdotas o leyendas como La Tucha (que refiere a una bruja maya con forma de mono), Los Dos Camellos (por un inmigrante libanés que tenía en su casa de esa esquina una pareja de esos animales), El Degollado (porque en aquella esquina había un barbero que se quitó la vida con su navaja de afeitar por un amor no correspondido) y El Loro (porque ahí vivían dos ancianas que tenían un loro tuerto y un gallo. Cada noche las ancianas a la hora de dormir decían “buenas noches” y el loro les contestaba “buenas noches”. En una ocasión, el gallo atacó al loro y le sacó el ojo que le quedaba. El animal nunca entendió que quedó ciego y desde entonces repetía constantemente “buenas noches” desde la jaula junto a la ventana donde se encontraba). También tenemos nombres que identifican oficios o instituciones públicas como la esquina El Soldado o El Orfanatorio. Finalmente, encontramos unas muy curiosas como esquina La Tertulia, La Equidad, La Honradez, El Toro Agachado, La Ninfa, El Imposible, El Iguano, La Nachicocom y La Chaparrita. 

En los años ochenta del siglo XX, el ayuntamiento colocó placas de piedra en color rojo con el nombre y bellas ilustraciones alusivas. Las esquinas y sus nombres ahora están unidos a estos bellos diseños de un artista aún no identificado, y forman parte del patrimonio cultural e histórico de la ciudad. En algunas ocasiones, esto se acompaña de una placa metálica más reciente donde se cuenta el origen del nombre. El día de hoy se tienen registradas 241 pacas visibles y conservadas, y en la memoria y la vida cotidiana muchas esquinas conservan el nombre, aunque no conserven la placa.  

México y Venezuela comparten ciudades con el mismo nombre, Mérida; y también comparten el hecho curioso y bello, casi único, de que Caracas y Mérida, Yucatán, tienen nombres para sus esquinas.