Vitrina de nimiedades | Productividad teatralizada
16/05/2026.- Mientras la situación en Ormuz parece estar en “punto muerto”, aunque la conflictividad sigue en aumento, y el hantavirus propaga el desconcierto por el mundo más allá de un crucero, siempre hay espacio para las “noticias” irrelevantes y para notas sin actualidad reimpulsadas por los algoritmos. Gracias al azar digital, llegamos a Leyla Kazim, una mujer que no se ha apropiado de tres planetas porque su ambición no llega tan lejos. Pero posibilidades tiene: en su historial figura no haber hecho nada en su empleo por todo un año sin ser descubierta, aunque se esforzó para ser capturada in fraganti.
La estrategia distractiva de esta británica se amparó en uno de los programas de oficina más temidos por quienes no se llevan con los números: Excel. Por semanas, estuvo planificando casi un año de viajes en cuadros profesionalmente ordenados, lo que le daba “un buen lejos” a sus jefes y compañeros, que no intentaron ver de cerca en qué andaba esa trabajadora. Ella, además, tenía un puesto casi inmune a fisgones. Por lo visto, sus colegas asumieron que no hay que jugar a la entrepitura cuando ponen a prueba su atención.
Además de las hojas de cálculo, el plan buscó el equilibrio entre el envío selectivo de correos electrónicos y alguna presentación, una forma de hacer bulla que también funciona. Al final, el cansancio le ganó a esta investigadora social de facto, quien renunció porque, según ella, nadie la pillaba. “Mi teoría se había demostrado: mi trabajo era una farsa, lo que significaba que gran parte de mi vida también lo era”, concluyó Kazim, cuya experiencia fue el punto de partida de medios internacionales para hablar desde abril pasado de la literatura sobre la insatisfacción laboral y otras pruebas del caos de la clase trabajadora.
La historia, si bien se hizo viral hace casi un mes, al punto de seguir apareciendo sugerida en redes sociales, no es nada nueva en el mundo digital. Varios influencers han recreado desde la ficción trucos para parecer muy ocupados: caminar rápidamente por la oficina, tener siempre un manojo de documentos a la mano, mirar hipnóticamente el monitor o demorar horas en una tarea, como si se estuviera rehaciendo la humanidad milímetro a milímetro. Son trampas que, sin embargo, mucha gente aplica con la seriedad de una catedral. En la vida real, con teléfonos inteligentes mediante, es mucho más fácil fingir productividad. Y si no se puede, ocuparse siempre de la misma tarea sistemáticamente, con celo, también ayuda mucho en eso de pasar agachado.
Quizás, la hazaña de Kazim no sea haber propagado su experiencia de una forma heroica, o haber puesto el dedo en la llaga de la insatisfacción de quien no se siente útil después de muchos años de trabajo. Su logro probablemente sea hacernos dudar un rato si nuestro empleo no será más bien una simulación o si, en realidad, compartimos una gran ficción infectada de estrés y otros demonios. No eres tú o yo: somos nosotros, pues. La productividad teatralizada tiene su legión en marcha.
Rosa E. Pellegrino
