Comentarios noticiables | La paz, la premisa del derecho internacional
Para el desarrollo y la democracia mundial
16/05/2026.- La guerra —decía el militar e historiador alemán Carl von Clausewitz (1780-1831)— es un acto de violencia destinado a obligar al adversario a ejecutar nuestra voluntad; la guerra es la continuación de la política por otros medios. En agosto de 1945, una vez finalizada la II Guerra Mundial, Estados Unidos (EE. UU.) ya había creado el arma más funesta en la historia de la humanidad: el arma atómica, y la lanzaron en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, sin necesidad militar alguna porque el emperador de Japón, Hirohito, había anunciado por anticipado estar dispuesto a rendirse, al aceptar la Declaración de Potsdam. El empleo del arma atómica por parte de EE. UU. en Japón ocasionó más de 273.000 muertes y la irradiación mortal de más de 200.000 personas.
EE. UU. siempre apostó a la superioridad militar por la fuerza, o sea, en el fondo, a la hegemonía mundial, y para alcanzar ese objetivo en la palestra mundial se ha convertido en la causa de un brusco aumento de la tensión y la amenaza militar; esto sigue revistiendo de gravedad la paz y la seguridad internacionales. Lo mejor sería que se logre romper el círculo vicioso que conduce a la afrenta, el enfrentamiento y al uso de la fuerza. Es preciso identificar los orígenes de los problemas globales y esforzarnos en buscar medidas imaginativas y perseverantes. Será muy satisfactorio prevenirlos.
El 20 de enero de 2025, la administración del presidente Donald Trump arribó al poder en EE. UU. como el mandatario n.º 47, por segunda vez. Después de ganar las elecciones presidenciales de 2024, vienen manifestándose con acentuada claridad tendencias opuestas en el enfoque que Washington, Moscú y Pekín dan a la solución de los problemas internacionales. Estas tendencias con diáfana nitidez en el caso del dilema crucial de la actualidad de cómo evolucionará la situación internacional: hacia la consolidación de la paz y el debilitamiento de la guerra o hacia el avance de una guerra nuclear y el crecimiento del peligro bélico. Trump, con su constante propensión a atribuir a los demás sus propias malas intenciones, su ambición personal merece una consideración especial a su codicia petrolera, proxenetismo, a la indiferencia de la humanidad, el belicismo, el genocidio, el gamberrismo, las mafias de los negocios, etc., se desdibujan en la conspiración, en los atentados y crímenes contra la humanidad.
A lo largo del planeta, EE. UU. tiene casi 800 bases militares; de ellas, más de 70 en América Latina. Son conocidas las de Colombia, Panamá y Perú, con mayor concentración en Centroamérica y el Caribe. El Comando Sur estadounidense, en la madrugada del 3 de enero del presente año, en supuesta concordancia con los objetivos de estrategia de su seguridad nacional, con fuerzas armadas especiales capaces de intentar el derrocamiento del Estado y del Gobierno bolivariano, invadió el territorio nacional bombardeando puestos militares y zonas civiles, dejando a su paso más de 100 muertos e igual cantidad de heridos. Esta acción traicionera, que contaba con el factor sorpresa y la superioridad de una docena de helicópteros y 150 aviones de combate y otros equipos militares, provocó el enfrentamiento con parte del anillo de seguridad del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron secuestrados y sacados del país, para encarcelarlos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn y seguirles juicio en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, presidido por el juez federal Alwink Hellerstein.
Por ahora, este tribunal de EE. UU. no ha podido comprobar el supuesto daño lesivo al honor de la integridad estatal norteamericana atribuido a Nicolás Maduro, esto simplemente porque no existe ninguna prueba; lo que sí existe es el secuestro, que violó el domicilio del morador Maduro y Cilia, ejecutado de noche, empleando la fuerza de las armas y constituyendo a su vez un delito de carácter internacional, por lo que dicho tribunal ahora no tendrá autoridad para decidir nada. Por ello, lo que procede es la inmediata liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores. El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez Gómez tiene el deber inconmovible de solidaridad con ambos en aplicar la eficacia de nuestra Constitución y las leyes en función del ejercicio de la soberanía y de los intereses del pueblo venezolano.
EE. UU. sigue todavía como política exterior el rumbo de la supremacía militar —y eso se ha elevado en Washington al rango de política estatal— y la aspiración a extender su presencia militar en diversas regiones del mundo. Su máquina de guerra la dirige a recuperar su radio de acción en todo el planeta. Pero para alcanzar esa meta, pretende aprovechar al máximo el potencial científico-técnico del país, sus recursos materiales, financieros y humanos. El Pentágono planea un aumento por encima del 50% de los gastos destinados a las fuerzas estratégicas en el presupuesto militar de EE. UU. Los gastos para el venidero año se están evaluando por la Casa Blanca en miles de millones de dólares, según proyecciones del Complejo Militar Industrial (CMI).
A juzgar por lo que ya se está viendo en Ucrania, Israel y en las bases militares norteamericanas en el Medio Oriente, pareciera que a EE. UU. le importa mucho la paz y la seguridad de sus aliados. El engaño de EE. UU. a la opinión pública mundial dista de la auténtica verdad. El mundo sabe que Rusia y China jamás se pondrán de rodillas ante la Casa Blanca ni ante quienes pretenden intentar alterar el mundo multipolar y agrandan el peligro de una guerra nuclear.
Rusia y China siempre han estado dispuestas a darle un nuevo enfoque a la solución de los problemas que corresponden a los intereses vitales de la paz y la seguridad de todos los pueblos del mundo. Mas no así EE. UU., que entre la paz y la guerra algunos expertos señalan el peligroso derribo de sus ventajas militares frente a Rusia y China.
J. J. Álvarez
