Psicosoma | Láscar: muerte mineral
Inicialmente, al no existir vida, que desde una gran explosión se creó...
Walt Whitman
12/05/2026.- En el Festival Internacional de la Danza Volcánica en Costa Rica, tuvimos la ocasión de disfrutar, el 28 de abril, la danza Láscar, del coreógrafo y bailarín Gerardo Garrido. El solista entra en escena con una fuerza vital, de pasos enérgicos; lleva ropa interior mínima y muestra su cuerpo musculoso, apolíneo.
En la cosmovisión andina, el volcán Láscar y otros grandes macizos son considerados dueños de los elementos vitales y del destino de la comunidad, y este volcán activo es el "padre" mayor de los cerros; tiene bajo su poder las lluvias y el deshielo que alimenta los ríos. Existen rituales para "calmar" las erupciones, y la cultura atacameña de milenaria lengua kunza fue sometida por los incas y va a conservar algunas costumbres del poder incaico.
Las plegarias y ceremonias mantienen el equilibrio con la tierra, la Pachamama, porque se realiza una especie de "pago" con hojas de coca, alcohol, alimentos y, en especial, carne de llama u otros auquénidos, con los cuales se pide permiso y gratitud a los Apus (espíritus de las montañas). Recordemos que la Pachamama, la tierra, es un organismo vivo y todavía el pueblo andino, runasimi, mantiene su lengua quechua y a ciencia cierta no se sabe si la palabra Láscar tiene origen quechua.
El coreógrafo y bailarín santiaguino realizó observaciones y entabla conexión con el paisaje, la estudia y se impregna de energías, para llevarla al escenario; no es un simple estudio de investigación de la zona, del pie del volcán Láscar del norte de Chile, del Talabare o Cámar; se trata de rescatar la identidad y la geografía de Chile.
Ante la crisis del cambio climático, esta danza Láscar me pone a reflexionar por los nuevos "despertares" de volcanes e incluso da temor ante los activos que lanzan sus "lenguas de fuego" desaforadas y hasta noto cierta semejanza de los cuerpos atrapados en el tiempo con la explosión del Vesubio, al dejar petrificada a la ciudad de Pompeya, y hay imágenes que transmiten ciertas similitudes al danzar el bailarín Garrido cuando queda bajo las cenizas o polvo que se percibe al final de la obra y es un cuerpo "mineral", una escultura que cede a la fuerza telúrica. Nada somos ante las energías del agua, fuego, viento, barro...
El ciclo natural que representa la obra es de la materia y fuerza volcánica, que se resume en tres etapas: gestación, erupción y retorno.
- Gestación (acumulación): Al inicio de la danza se representa la energía que se comprime bajo la tierra y el bailarín se mueve con una tensión contenida, como la presión del magma antes de salir a la superficie, y sus pasos son poderosos, casi hercúleos, o un "hijo" de la tierra de Pacha que danza el ritual de entrega.
- Erupción (destrucción y creación): Es el momento explosivo donde el bailarín es envuelto en el polvo, símbolo del magma de Láscar. Aquí el ciclo muestra cómo el volcán destruye el paisaje viviente y, al mismo tiempo, libera minerales, cenizas que luego fertilizarán la tierra. Es la idea de que la vida surge del caos. Es el cuerpo o hijo que cede ante lo inevitable de la furia volcánica.
- Retorno (cenizas a la tierra): Al final, el polvo se asienta en el cuerpo, "ahoga", y el bailarín queda inmóvil, es enterrado por su propia creación, quedando cubierto por una capa fina de ceniza, una "neblina" que lo camufla por completo y queda casi petrificado; se nota con la luz cenital, sonidos, la magia de imágenes en plena oscuridad desde la butaca.
Es notorio el agotamiento de los quince minutos en escena al entregar su energía vital en la lucha humana contra los elementos y mostrar la fragilidad del ser humano ante la naturaleza, lo cual nos sensibiliza a cuidar el ambiente y exigir al Estado e instituciones globales reducir el consumo en el uso de hidrocarburos, plásticos tóxicos, plaguicidas, reciclar, ahorrar energía, agua, etcétera.
Rosa Anca
