Revolución y reflexión | Ante la mentira, la burla y la manipulación
Ante la mentira, la burla y la manipulación
he decidido creer en ella.
Ante las expresiones de machismo, clasismo, fascismo, racismo y supremacismo,
he decidido creer en una auténtica revolucionaria.
Ante las agresiones y amenazas visibles e invisibles
he decido creer en una mujer patriota, con una carga de lucha histórica que siempre ha tenido presente.
Ante la barbarie impuesta al mundo,
he decidido creer en la primera mujer presidenta de la República Bolivariana de Venezuela.
En este escenario geopolítico nacional premeditado, si llegase a existir otra, sería presidenta de Venezuela porque sí o sí todo lo bolivariano desaparecería.
¡Ante ese escenario catastrófico, nuestra opción es preservar la paz!
Yag.
Sigamos abonando
10/05/2026.- Lo sabíamos, sabíamos que los hechos ocurridos el 3 de enero marcaron un antes y un después en la geopolítica nacional, regional e internacional.
¡Un nuevo tiempo político! Así lo destacó la única presidenta que hemos tenido en la historia de Venezuela.
Ya se cumplieron cuatro meses de la agresión imperial estadounidense a nuestra patria.
Desde entonces, no han cesado ni cesarán las mentiras, manipulaciones y los incesantes bombardeos a nuestra mente. Finalmente, el campo de la mente es el que la supremacía busca dominar completamente.
Ante esta nueva realidad mundial, ¡la pregunta es la mejor herramienta pedagógica!
Desde este punto de vista, en el plano nacional es importante plantearnos algunas interrogantes de gran valor:
¿Qué hacer ante el nuevo tiempo político?
¿Traición o poderío militar impuesto a quemarropa?
¿Transición o negociación en un campo militar, económico, científico y tecnológico completamente desigual?
¿Qué significa no caer en el juego macabro que impone la narrativa hegemónica?
Preguntémonos: ¿Creer que somos más marxistas que Marx, más chavistas que Chávez y más revolucionarios que Nicolás, es la postura que nos une o es la que nos divide?
¿La única vía que tenemos como Estado, Gobierno y pueblo venezolano es el conflicto, la violencia y la guerra?
¿Por qué no confiar en las decisiones político-estratégicas que la presidenta ha tomado en una situación inusual y extraordinaria?
¿Por qué sí permitir que en el campo de la mente el enemigo histórico de la Revolución Bolivariana se salga con la suya?
¿Estamos en condiciones de responder con toda la contundencia a una potencia nuclear?
¿Cuál es nuestro deber patrio en el momento tan complejo que estamos viviendo?
En otro orden de ideas, sabemos que la crítica nunca ha estado apartada del proceso revolucionario y, ante este nuevo tiempo político e histórico, gestionarla se hace tan útil como necesario.
A modo de reflexión, es innegable que tenemos una herida que está abierta, que nos cuesta y costará que cierre, que sane, que se borre. Creo que nunca se borrará, pero si no es la unidad, la diplomacia de paz, el temple y el amor patrio, ¿cuál es la receta mágica que nos ayudará a surfear en estas aguas tumultuosas? que, a estas alturas, hasta el más acérrimo enemigo del proyecto bolivariano conoce muy bien que su intensidad se gradúa desde una lujosa oficina en Washington con sucursales por todo el planeta.
Ante esta situación inusual y extraordinaria, tenemos la capacidad y la libertad de pensar, creer, decidir y hacer, por supuesto, asumiendo la responsabilidad de lo que nuestra acción o inacción implica. En lo personal, he decidido creer en la capacidad política y en la inteligencia de una mujer que está marcando grandes enseñanzas políticas y está dejando huellas en el proceso de transformación que está atravesando nuestra nación. ¡No es poca cosa lo que nos está diciendo desde el 5 de enero, lo que está haciendo y todo lo que está enfrentando hoy la presidenta Delcy Rodríguez!
Inevitablemente, hay quienes van a negarlo, pero sabemos que la ultraderecha global y nacional, durante los 27 años que llevamos en el proceso revolucionario ininterrumpidamente, nos ha sometido a una guerra silenciosa y estruendosa a la vez; los crímenes cometidos el 3 de enero por EE. UU. lo dejaron bien claro, incluso a quienes históricamente han adversado el proyecto bolivariano.
La presidenta (E) nos está convocando nada más y nada menos que a labrar un camino distinto a la guerra y a elevar en tiempos de dificultades nuestra madurez política, porque, a pesar de que en esta coyuntura tenemos más preguntas que respuestas y que la incertidumbre está presente cada día, no podemos obviar que de alguna forma también nos está diciendo que el dolor y la indignación que sentimos por lo que pasó y está pasando en nuestra patria puede ser peor y mayor. Siento que evita una catástrofe nacional, al igual que lo hizo Chávez hasta donde pudo en el año 2002 y el presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
Sin ninguna pizca de duda, la presidenta está cara a cara con el monstruo que, aunque esté en decadencia, ya tenemos sobradas experiencias del pasado y del presente que nos demuestran que ese monstruo actualmente no deja de poner en jaque a la humanidad.
Quizás sea un análisis que para algunos esté enmarcado en la ingenuidad política, en la falta de rigurosidad o en el conformismo de lo que está pasando en el plano económico, político y social. En relación con todas las afirmaciones que se pudieran generar al respecto, cada una de ellas nos pudiera conducir, si así lo decidimos, al diálogo constructivo, propositivo y necesario que hoy más que nunca necesitamos entretejer como venezolanos y venezolanas en el nuevo contexto político nacional que actualmente transitamos.
Sin embargo, por la claridad y la pertinencia política, cito palabras publicadas en el canal de Telegram del escritor, cronista y comunicador José Roberto Duque al afirmar: "Están los chavistas que creen que ser chavista significa suicidarse en masa porque sufrimos derrotas. Y están las personas que creen que son de derecha, pero cuya vida y cuya ética son genuinamente revolucionarias: los que son chavistas, pero no lo saben (…)”.
¡¡Pongámonos en los zapatos de nuestra presidenta, comprendamos que no estamos en presencia de un ser perfecto, pero sí estamos en presencia de una mujer que, piensen lo que piensen, digan lo que digan y hagan lo que hagan, no ha permitido que Venezuela esté sumergida en exitosos bombardeos estadounidenses!!
Definitivamente…
A mi modo de interpretar y comprender la realidad, ante el complejísimo escenario político y entre las limitadas opciones que tenemos, nuestra mejor opción como mujeres y hombres que amamos a Venezuela es que ¡¡sigamos abonando con nuestro accionar a la paz nacional!!
Andreína Camacho
