Letra veguera | Un legado perdurable
07/05/2026.- Aquel histórico momento cuando Hugo Chávez se hizo presidente en una Venezuela agonizante y juró ante la "Constitución moribunda" del 69, muchos habitantes de esta nación sabíamos que estábamos presenciando el último ceremonial de la mampostería con la que el Pacto de Puntofijo celebraba el curso inalterable y casi efemérico de un suceso que no se le denominaba "dictadura", pero que en rigor sí era un "régimen" sin tantas "rrr", dominado por dos partidos: la polarización adecopeyana, el bipartidismo y otros adjetivos que inventaban los tecnócratas del IESA, el Inciba o los muchachos del Banco Mundial, que ya merodeaban las agendas de los planes de la nación.
El quinquenio anterior
Los medios de comunicación comerciales y uno que otro sesudo periodista le decían "el quinquenio anterior" o el "próximo período", según le tocara a AD o a Copei acordar con Fedecámaras, la CTV, la Iglesia, la banca e incluso aquella izquierda remolona que por derecho natural estaba en un rincón del alma de la fiesta de la Venezuela saudita y comía de la torta.
Fue una novedad registrada en el mundo entero que, por mandato del presidente Chávez, Venezuela participara a través de una consulta nacional sobre la prioridad constitucional del problema ambiental en la Constituyente de 1999, para que la ciudadanía fuera custodia protectora del derecho individual y colectivo de un ambiente sano, seguro y ecológicamente equilibrado.
Se crea el Ministerio del Poder Popular para el Ambiente, institución responsable de velar por el cumplimiento de tales derechos y deberes en todo el territorio y, sobre todo, en la protección de sus parques nacionales y las áreas bajo protección especial y zonas insulares y peninsulares.
Como un derecho y un deber de cada generación, está desde entonces consagrado en nuestra Constitución proteger y mantener el ambiente en beneficio de la patria y del mundo futuro. Toda persona tiene derecho individual y colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado. El Estado protegerá el ambiente, la diversidad biológica, genética, los procesos ecológicos, los parques nacionales y monumentos naturales y demás áreas de especial importancia ecológica.
El genoma de los seres vivos no podrá ser patentado, y la ley que se refiera a los principios bioéticos regulará la materia. Es una obligación fundamental del Estado, con la activa participación de la sociedad, garantizar que la población se desenvuelva en un ambiente libre de contaminación, en donde el aire, el agua, los suelos, las costas, el clima, la capa de ozono, las especies vivas sean especialmente protegidos, de conformidad con la ley.
También el Estado desarrollará una política de ordenación del territorio atendiendo a las realidades ecológicas, geográficas, poblacionales, sociales, culturales, económicas, políticas, de acuerdo con las premisas del desarrollo sustentable, que incluya la información, consulta y participación ciudadana. Una ley orgánica desarrollará los principios y criterios para este ordenamiento.
Los derechos y deberes
En los contratos que la República celebre con personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras, o en los permisos que se otorguen, que involucren los recursos naturales, se considerará incluida, aun cuando no estuviera expresa, la obligación de conservar el equilibrio ecológico, de permitir el acceso a la tecnología y la transferencia de la misma en condiciones mutuamente convenidas, y de restablecer el ambiente a su estado natural si este resultara alterado, en los términos que fije la ley.
Su ferviente pasión política y su incansable lucha por la justicia social, más su condición campesina, hicieron conexión con la naturaleza y su sensibilidad hacia el poder evocador del paisaje.
Esta conexión se manifestó de manera palpable en su vida y obra, estableciendo un vínculo indisoluble con la naturaleza.
La relación entre el ambiente y Chávez dejó un legado perdurable en la Revolución Bolivariana. La sensibilidad ambiental de Chávez, su pasión por la lectura y su capacidad para plasmar su visión del mundo a través de la palabra escrita lo convirtieron en un líder inspirador, capaz de conectar con el pueblo venezolano y movilizarlo en torno a un proyecto político que buscaba no solo la justicia social, sino también la armonía con la naturaleza.
Chávez nos enseñó que la naturaleza no es un simple escenario, sino una parte integral de nuestra identidad, una fuente de inspiración y un elemento fundamental para la construcción de un futuro mejor. Su legado nos invita a revalorizar nuestra conexión con el paisaje, a cultivar una profunda sensibilidad ambiental y a comprometernos con la defensa del planeta.
Es importante destacar que la preocupación por el ambiente no es un tema nuevo en la historia de Venezuela. Ya en 1824, Bolívar promulgó el Decreto de Chuquisaca, considerado como la primera normativa ambiental en América Latina. Este decreto buscaba proteger los bosques y fomentar la reforestación, evidenciando la temprana conciencia ambiental que existía en la región.
Llanero y fluvial
La novela Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, citada en varias oportunidades por el comandante Chávez, describe la destrucción del llano venezolano a manos de la ganadería extensiva. La novela también explora la explotación de los indígenas por parte de los terratenientes.
Chávez, llanero y fluvial, lo comprendió telúricamente como quizás ningún otro gobernante venezolano.
Me pregunto, ¿estaremos en deuda con Chávez y uno de sus legados más fecundos?
Federico Ruiz Tirado
