Micromentarios | Por qué no hay superhéroes pobres

05/05/2026.- Entre las preguntas que me hago con frecuencia figura la siguiente: ¿por qué todos los superhéroes pertenecen a la nobleza o son multimillonarios?

Debido a la fascinación que muchas personas sienten hacia los poderosos y aquellos que han alcanzado la fama —sumada a la adulación de una cantidad enorme de los que sueñan con estar algún día en el lugar de quienes admiran—, he llegado a la conclusión de que es imposible ser pobre y, al mismo tiempo, un superhéroe.

Veamos por qué.

En medio de una de esas crisis que me dan de vez en cuando al enterarme de injusticias supremas e incluso de algunas pequeñas, se me ocurrió que debería convertirme en superhéroe.

Al término de mi horario de trabajo, en vez de regresar a casa, entraría al baño de donde trabajaba y saldría trajeado y enmascarado, como correspondería a mi nueva condición.

Como no tendría automóvil propio, debería esperar un autobús, un carrito por puesto o una cola para trasladarme al lugar de vigilancia. Luego, desde este, moverme en metro por la ciudad, en metrobús o en otro tipo de transporte público.

Por más que me apurase, llegaría cuando hasta los forenses hubieran terminado su labor e incluso durante el velorio de las víctimas.

Lo del uniforme es otro aspecto a tomar en cuenta. No podría ser una trusa de lucha libre ni una pantaloneta de caqui, porque estorbaría los movimientos requeridos para enfrentar al hampa. Mandar a hacer el uniforme significaría un problema porque la costurera que lo haga —ni pensar en una diseñadora de modas— no me lo entregaría hasta pagarle y debería hacerlo en varias cuotas mensuales. Aparte de que tendría que revelarle mi identidad secreta.

Luego está el armamento; si apenas podría tener una china, hecha por mí, que soy deficiente manual, dada una torpeza congénita que me impide hasta cambiar un bombillo sin producir un cortocircuito, la tal resortera seguramente me saldría escorada hacia algún lado. La liga no sería de calidad, porque la tendría que reciclar de uno de mis calzoncillos Ovejita. La madera la obtendría de una pequeña horqueta en un parque público, la cual no me extrañaría que estuviera próxima a pudrirse. Ni siquiera podría contar con estrellas ninja porque, aparte de no saber lanzarlas, comprar aunque sea una es difícil; las venden en dólares y son especulativamente caras. Ya lo averigüé.

Por último, no podría contratar a un agente de relaciones públicas que mantenga al día a los medios de comunicación y las redes sociales en cuanto a mis hazañas, porque estas serían tan paupérrimas que más bien daría pena reseñarlas. Las mismas consistirían en rescatar gatos perseguidos por perros, ayudar a señoras mayores a cruzar la calle, insultar a los automovilistas que se comiesen la luz roja de los semáforos, perseguir ilusiones ajenas para devolverlas a sus dueños, entre otras.

Lamentablemente, para eso no se necesita ningún superhéroe.

Armando José Sequera 

 

 

 


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