La locura y las letras | De la generación de los desaparecidos

a la de los imbecilizados e invisibilizados

03/05/2026.- La generación de los años 40 en Venezuela estuvo caracterizada por un período político transicional conformado por una élite intelectual de jóvenes que incursionaron en la política alineada con la izquierda marxista, que hacia la década de los años 60, 70 y 80 derivó en el desarrollo de la lucha armada (urbana y rural) en varios países, incluyendo al nuestro, altamente influenciada por el triunfo de la Revolución cubana (1959).

Esto desató la ira del imperialismo norteamericano, que, a través de lo que se denominó la Escuela de las Américas, inició un proceso de formación y preparación de sectores militares de los distintos países del Cono Sur y ello dio inicio al período de las desapariciones forzadas que tuvo especial repercusión en Argentina.

En el Cono Sur, México y Centroamérica se contabilizaron cerca de 90.000 personas. Ello dio lugar a la instrumentación del Plan Cóndor en Sudamérica, donde dictaduras militares (especialmente en Argentina, Chile y Uruguay) aplicaron sistemáticamente el secuestro, las desapariciones forzadas y la tortura.

En Venezuela fue particularmente dramático el caso del profesor Alberto Lovera, desaparecido, lanzado al mar desde un helicóptero y encontrado su cuerpo en una playa de Lecherías, Anzoátegui, en estado de descomposición. Esa fue una era de una generación de hombres y mujeres llenos de ideales, en la búsqueda y la esperanza de que un mundo mejor era posible.

Lamentablemente, esa generación vio frustradas sus aspiraciones y sus logros por una diversidad de factores intrínsecos (tácticas y estrategias erradas) y extrínsecos (infiltración del imperialismo en muchos niveles de su estructura), conduciendo a su descomposición, muertes de sus mandos y fracaso de esta forma de lucha, de manera que el movimiento revolucionario debió orientar su participación política mediante la contienda electoral. Sin embargo, esto no desestima las virtudes sociales y humanas de este grupo de jóvenes que masivamente participaron en este proceso.


Ello contrasta notablemente con lo que ha sido el comportamiento de generaciones ulteriores, los denominados milenials o los conocidos como la Generación Z, individualistas, aislados de las luchas políticas y sociales, despegados de la familia, de amistades, idiotizados y de alguna manera invisibilizados para su entorno, teniendo como único vínculo con el entorno un dispositivo tecnológico para comunicarse, desarrollando lo que se conoce como la tecnoadicción.


Por supuesto, esto no solo tiene que ver con una manera particular de ver y vivir la vida atribuible únicamente a estas generaciones; está de por medio y de manera determinante el desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías, que en buena medida escapan al control parental o a la orientación escolar, así como la ausencia de leyes que permitan regular su uso en el caso de niños y adolescentes.


Lo cierto es que se desarrolla una nueva adicción que provoca aislamiento, trastornos psicosomáticos de diversas índoles, desapego emocional generalizado y un único apego, sobre todo al celular, sin el cual su vida no tiene sentido y puede terminar por desarrollar un tipo de adicción, cuyas manifestaciones son muy similares a las que se producen con el uso de sustancias psicoactivas y que actualmente ha generado una enorme polémica, sobre todo en Europa y EE. UU. por sus efectos nocivos en niños y adolescentes.

 

Humberto Castillo Gallegos

 


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