Vitrina de nimiedades | La palabra rehumanizada
02/05/2026.- Leer, de forma insaciable, apasionada y aguda: esa es la fórmula clásica que casi cualquier escritor o profesor vinculado con las letras recomienda a sus estudiantes para aprender a escribir. Explorando la forma de otros, se llega al estilo propio. Por la mirada de otros, diseñamos nuestra forma de crear, que al final es concebir un modo de pensar. Escribir va de eso: agarrar una inquietud, macerarla y convertirla en un discurso. Suena sencillamente complejo, incluso si se tratara de una minuta de una reunión que pudo ser un mensaje de voz o, para no salirnos de onda, si fuera un texto escrito con los buenos oficios de la inteligencia artificial.
Así como el mundo de los números es un odioso capítulo de la época estudiantil de miles, otros más sufren con la simple idea de escribir tres oraciones seguidas. Adverbios, pronombres, sinónimos o sintaxis suenan como un idioma cuyo entendimiento está vedado para esta comunidad. Seguramente, ellos ven una bendición absoluta en Gemini AI o en Perplexity, porque pueden resolverles en minutos esa tarea que era un soberano dolor de cabeza. El sufrimiento ante el teclado ha sido superado por comandos capaces de generar mensajes, resúmenes de reuniones e informes que, desde el plano formal, ayudan a salir del paso. Algunos estudios sostienen que al menos la mitad de los textos que leemos hoy en la web fueron hechos con IA. Otras estimaciones afirman que de cada cien correos electrónicos que circulan, solo trece fueron escritos por humanos.
Mandar un mensaje prefabricado no es nada nuevo (bastantes plantillas para temas varios hay en muchas oficinas). Antes, muchos teníamos nuestros textos prehechos para adaptarlos a distintas circunstancias, o tomamos de referencia el escrito de algún compañero más avezado en la tarea que nos toca. Hemos hecho lo mismo que hoy realizan al menos 150 millones de personas dedicadas a entrenar modelos de la IA: poner a nuestro servicio fórmulas de redacción para ganar tiempo y quedar bien parados en la vorágine laboral.
Sí, la cosa funciona para esos escritos odiosos, pero necesarios, que abundan en miles de oficinas, pues casi nadie haría un punto de honor en comprobar si es obra humana. El problema surge entre aquellos que viven para la escritura creativa, esa que no se reduce a un memorándum. Sin embargo, no es porque la IA sea una amenaza o porque se esté reconfigurando el mapa de habilidades y tareas de quienes se mueven en ese mundo. Otro temor se antepone ahora: el miedo de ser acusados de presentar como propio el texto hecho por una máquina; de no haber afrontado la tarea de crear por cuenta propia. Lo "bueno" está en entredicho.
Listas de características de textos escritos a punta de prompts, uso injustificado de mayúsculas, frases hechas: muchos trucos existen para supuestamente diferenciar lo humano de lo artificial. En un mundo donde la expresión verbal está cada vez más estandarizada, el desafío no está en buscar el estilo propio, sino en rehumanizar la palabra escrita.
Rosa E. Pellegrino
