Templanza económica| Reinserción financiera y activos de reserva

30/04/2026.- El Fondo Monetario Internacional coordina el sistema financiero mundial. Su arquitectura se acordó en Bretton Woods en 1944, junto con la creación del Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, y la adopción del dólar como divisa única de intercambio, inicialmente anclada al patrón oro. Con este último elemento, la Reserva Federal de Estados Unidos se abrogó la potestad financiera sobre el comercio global. Anteriormente, esta cualidad se sustentaba en un sistema bimetálico descentralizado, que utilizaba monedas europeas respaldadas en plata y oro. Aquellos sistemas anclados en metales preciosos venían decayendo paulatinamente ante el crecimiento exponencial de las transacciones internacionales y la naturaleza finita de los metales con capacidad de respaldarlas.

En la actualidad, ningún país puede voluntariamente escapar de la lógica de este orden financiero. Para economías abiertas y con alta dependencia del comercio mundial, como la venezolana, estar dentro o fuera no es una opción real. Como muestra, tomemos las carencias vividas debido a la situación de aislamiento desde 2019, cuando la directiva de ese organismo multilateral desconoció nuestra representación, prohibiendo el acceso a los legítimos activos de reserva venezolanos otorgados de acuerdo a nuestra condición de miembros fundadores. Incluso, se negaron facilidades crediticias para adquirir vacunas en plena pandemia de covid-19.

El sistema, concebido hace 82 años para que Estados Unidos, dada su fuerza nuclear, concentrara las reservas de oro de los países suscriptores, ha subsistido con altibajos extremos. La primera gran crisis ocurrió en agosto de 1971, con apenas 27 años transcurridos después de los acuerdos. Ante el inmanejable déficit fiscal —producto de la derrota en la guerra de Vietnam y el agotamiento del modelo fordista, acelerado por el resurgimiento industrial de países ocupados y exentos de un gasto militar significativo, como Alemania y Japón—, Nixon se vio obligado a cerrar “temporalmente” la ventanilla de intercambio de dólares por oro. El andamiaje financiero entró en terapia intensiva, afectando el comercio por la inestabilidad subsiguiente y un contagio inflacionario global. Con un sustituto fiduciario adoptado en 1969, los llamados DEG (derechos especiales de giro), respaldados únicamente por una cesta de monedas, se transitó un período de turbulencias cambiarias.

La ventanilla de la reserva nunca se reabrió, sustituyendo de facto el respaldo en oro de la moneda por la mera confianza. Es decir, el respaldo pasó a ser fiduciario. Pero el mecanismo de contratos petroleros denominados exclusivamente en dólares imprimió un nuevo respiro a los acuerdos de 1944. Surgió un activo de respaldo indirecto tan valioso como el metal áureo: diverso en sus cualidades físico-químicas, de abundante existencia, con circulación controlada en mercados monopolizados, hecho homogéneo mediante instrumentos financieros como los contratos de futuros petroleros transables en las dos principales bolsas de novación, Londres y Nueva York. De esta forma, el respaldo metálico del comercio internacional, abandonado arbitrariamente, trasmutó al respaldo del mercado energético mediante un acuerdo entre Estados Unidos, el principal consumidor, y el Reino de Arabia Saudita, el segundo mayor productor de crudos.

Hoy, el sistema financiero se tambalea por otra recurrente crisis. Cada disparo de misil en el Caribe y en el suroccidente asiático, irresponsablemente autorizados por Trump, el Don, pretende mitigar los efectos de la decadencia de una economía que solo prospera mediante el saqueo. Esa decadencia del ancla del orden mundial creado en Bretton Woods arrastra al comercio internacional. En esta ocasión, el auge de las economías del este asiático, fortalecidas paradójicamente bajo el cumplimiento de las normas de la Organización Mundial de Comercio, son la mayor amenaza para la economía del país del norte de América. La alianza China-Rusia, motorizando el bloque emergente de los Brics, y el estancamiento estructural de la economía estadounidense aceleran un desenlace oscuro para el dominio absoluto ostentado hasta ahora. El indicador más claro es la desdolarización del sistema: en 1999, el 100% de las transacciones internacionales se realizaban en dólares; hoy, apenas el 60% se denomina en esa moneda, y su retroceso se acelera. De los dos pilares fundacionales de dominio, la fuerza atómica y las medidas coercitivas unilaterales, míster Trump muestra una clara predilección por la fuerza militar, dinamitando el tablero acordado en 1944, cuyas reglas iniciales han perdido eficacia. Está naciendo un nuevo orden mundial dominado por los códigos salvajes de la ley irracional de la selva con las terribles consecuencias para su encausamiento en la ruta de la paz.

Algunos analistas coinciden en situar en Caracas, el 3 de enero 2026, el punto de inicio de este nuevo orden. La violencia del secuestro de la pareja presidencial contra toda norma de decoro y derecho internacional marca el inicio de la destrucción del orden mundial basado en acuerdos. La guerra de EE. UU. e Israel contra Irán se orienta en la misma dirección: la toma por la fuerza de las reservas mundiales de petróleo. Pero el pueblo persa le salió contestón, y se asoma una enorme similitud con el desenlace de Vietnam: recesión económica, desprestigio ante sus connacionales y la derrota abierta del poderío militar que llegó a imponer un efímero orden mundial unipolar entre 1991 y 2019.

En medio de ese panorama sombrío para el imperio decadente, la noticia reciente es el reinicio de relaciones entre el FMI y Venezuela. No obstante, el legítimo derecho al acceso a nuestros activos de reserva se vislumbra a un ritmo lento, por cuanto esa institución es el pivote central del sistema de control financiero imperial. Una muestra previa fue la exclusión deliberada del plan de préstamos por 1.200 millones de dólares para atenuar los efectos de la pandemia, una acción con efectos perniciosos para la población.

Cabe recordar que la afiliación a esta entidad no es gratuita; originalmente, a las membresías se accedían mediante depósitos en oro. Venezuela ha cumplido con cada uno de los requisitos que nos hacen accionistas notables, también en el BM, el BID y otros organismos. Nuestra condición de país petrolero nos permitió, incluso, crear en 1969 nuestro propio fondo de fomento subregional, la CAF, en el cual tenemos, gracias al artículo primero de sus estatutos fundacionales, una acción de oro que nos confiere la condición de accionistas mayoritarios. Sin embargo, esa situación se encuentra en peligro por los efectos deliberados de las políticas de exclusión financiera asociadas a las medidas coercitivas unilaterales.

En esencia, los DEG no son una moneda, sino un “derecho potencial” de acceso a un monto de 4.900 millones de dólares, no condicionados en teoría, pero, paradójicamente, restringidos al uso para fortalecimiento de reservas internacionales, al pago de préstamos y obligaciones con otros organismos del sistema de Bretton Woods y a proyectos autorizados por la directiva del Fondo. De modo que su liberación requiere del cumplimiento de formalidades como el suministro de información patrimonial del Estado y requisitos formales para el intercambio de dichos instrumentos.

Consciente de la gradualidad en la recuperación del uso de nuestros cuantiosos activos y convencida del crecimiento sostenido del PIB durante los últimos 20 trimestres, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha anunciado que el 1.º de mayo de 2026 se dará un paso responsable en la recuperación del ingreso integral de los trabajadores, complementando el aumento del 25 % del bono contra la guerra económica decretado el mes pasado. Asimismo, indicó que posteriormente se darán pasos firmes para continuar recuperando el poder adquisitivo, en la medida en que se liberen los recursos provenientes del incremento sostenido de la producción petrolera y del alza de los precios internacionales de referencia, actualmente represados en una cuenta del Tesoro norteamericano denominada “depósitos de gobiernos extranjeros”. El saldo positivo es que hemos retornado al sistema financiero mundial, lo cual constituye un gran paso, aunque sin acceso aún a los activos congelados en bancos desde la promulgación de la Orden Ejecutiva Obama.

En cuanto al aumento responsable del ingreso integral de este 1⁰ de mayo, la demanda agregada adicional permitirá a la clase trabajadora recuperar una parte del poder adquisitivo real, con el consecuente estímulo al sector productivo; pero la liberación definitiva de las fuerzas productivas requiere el levantamiento total e incondicional de todas las medidas coercitivas unilaterales.

Marcial Arenas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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