Historia viva | Lo binacional permanente
29/04/2026.- Desde la Dirección de Desarrollo Regional del Consejo Nacional de la Cultura en 2001, dimos continuidad a dos programas clave para el incentivo de las expresiones culturales de frontera: Impulso a la creación de espacios culturales comunitarios y la radiodifusión cultural comunitaria en los estados fronterizos (Zulia, Táchira, Apure, Amazonas y Bolívar), ambos acompañados de financiamiento y apoyo técnico; eran los tiempos iniciales de la Revolución Bolivariana.
Esos programas no tuvieron continuidad administrativa desde 2005; sin embargo, quedó una experiencia que continuamos en la Dirección de Recursos para el Aprendizaje (Edumedia), en la que logramos conectar a los operadores o promotores culturales de frontera con planes del Ministerio de Educación; muchos de ellos continúan en la Red de Historia, Memoria y Patrimonio, que, si bien no cuentan con presupuestos, algunas alcaldías, gobernaciones y universidades en la frontera constituyen enclaves potenciales de apoyo.
Lo importante de estos proyectos es que funcionaban con un concepto de autonomía orgánica; fueron redes socioculturales de origen local que permitieron reconectar los tejidos sociales en las fronteras y que hoy continúan haciendo gestión cultural porque son fundamentalmente activadas por promotores locales que, a pesar de los obstáculos (guerra y crisis inducidas), siguen en ese mapa binacional que retrató el artista venezolano Ricardo Benahim en 2000.
Los retos estriban en fortalecerlas desde el diseño de políticas públicas binacionales que contribuyan a expandirlas, que cumplan sus planes en función de las necesidades básicas de seguridad pública y alimentaria, sociales, educación, autorreconocimiento, autorrealización y estima en las comunidades fronterizas y, sobre todo, por la recuperación del tejido social.
Hoy ese trabajo continúa desde las comunas con la memoria histórica, que es de los afectos, reconociendo valores familiares colectivos, geohistóricos, culturales, la alimentación, las capacidades para relacionarse constructivamente con sus pares binacionales, pero con sentido unitario dentro de la diversidad; siempre el primer reto es sentarnos a dialogar y hacer balances de gestión sobre lo que hemos transitado como pueblo común.
Pudiéramos señalar que la idea de la integración binacional es utópica, siempre genera nuevos desafíos, pero en términos estratégicos, lo que tuvo mayor éxito en los mejores tiempos del Convenio Andrés Bello y del Clacde es que se desarrollaron y financiaron investigaciones etnográficas que permiten observar diagnósticos que hoy nos siguen señalando prioridades sectoriales en el orden colectivo cultural, educativo y científico-tecnológico. Los criterios sobre cuáles serían las prioridades a atender estriban en una pirámide de necesidades universales compartidas entre Venezuela y Colombia.
La alimentación desde la gastronomía regional local, pero como subsector de la economía comunal con valor agregado, no solo la generación de materias primas, sino también secundarias. Desde los llanos fronterizos viene carne de ganado y pescado, pero también puede venir cuero para procesar una industria de curtiembres tradicionales, artesanales e industriales; el pescado, producto primario que genera aceite de pescado (caso de bagre del Apure, Orinoco o el Meta, con altos niveles de omega 3), nutrientes esenciales fundamentales para la salud cardiovascular, cerebral y ocular. Pongo estos dos ejemplos en los que las políticas públicas de ambos estados deben incidir para incentivarlas.
A los procesos económicos comunitarios les siguen los procesos de autodeterminación e independencia. El caso del cuero de ganado es histórico; los cueros de ganado eran o son procesados en San Antonio del Táchira, o en las tenerías de Rubio, que resuelven la producción de cuero para uso de monopolios especulativos. Tengo la percepción de que se mantienen los mismos niveles de un contrabando que en el siglo XIX era de un 40%, con lo que especulan casas de comercio en Bogotá, Cartagena, Caracas o Maracaibo como “las tiendas exclusivas” de comercialización de cuero de Mario Hernández, quien señaló un dato interesante en una entrevista en la revista Semana de Colombia en 2023 cuando le preguntaron: ¿En qué mercado ha tenido un mejor posicionamiento? En Venezuela. Allá somos líderes, tenemos 19 tiendas y generamos unos 150 empleos; nunca nos hemos ido, seguimos aguantando, y no es que ganemos, pero al menos le da trabajo a mi gente aquí en Colombia. Allí la gente está muy pobre, no hay poder adquisitivo. Unos poquitos tienen para comprar relojes de 35.000 dólares y para tomar whisky, pero es un porcentaje muy pequeño de la población. La industria del cuero guayanés, que era llevada hasta Cataluña, España, por los misioneros del Caroní, generó 80 mil empleos en 1790. Comparen ustedes.
Desde las comunidades indígenas de fronteras se están planteando procesos de formación de cuarto nivel en epistemologías, territorios y derechos de los pueblos originarios, apoyados técnicamente por la Gerencia de Formación y Políticas Universitarias del Centro Nacional de Estudios Históricos de Venezuela.
Es decir, que allí hay un vector cultural productivo potencial de desarrollo social en la frontera que, si se le da un giro social y comunitario al asunto, daría aportes sustantivos al desarrollo de las fronteras.
Aldemaro Barrios Romero
