Micromentarios | Incursiones en la poesía para niños
28/04/2026.- Años atrás, intenté escribir poemas para niños. Tal como le ocurrió en cierta oportunidad a George Bernard Shaw, yo tampoco pude hacerlo.
Bernard Shaw recibió el encargo de unos poemas destinados al público infantil y, sin la menor idea de cómo elaborarlos, hizo algunos textos y los envió.
Quienes se los habían solicitado lo saturaron de elogios y lo felicitaron de modo efusivo. Incluso lo tildaron de genio, que en verdad lo era.
En vista de ello, el ganador del Premio Nobel de Literatura de 1925 se lanzó a construir un libro con tal tipo de poemas. Emborronó cientos de páginas hasta darse por vencido, pues en ningún momento retornó a él la espontaneidad de los textos que había entregado.
Obviamente, jamás incursionó de nuevo en la poesía destinada a niños.
Algo parecido me ocurrió a mí. Meses antes de mi intento, había cumplido con el compromiso de escribir tres poemas para niños para una página web dedicada a tal tipo de textos en España.
Ese trío anda desde entonces por ahí, circulando a sus anchas. Los tres fueron incluidos —asombrosamente para mí— en cuando menos tres antologías. A uno de ellos lo he visto reproducido en poco más de una decena de blogs de poesía para niños y jóvenes, la mayoría fuera de Venezuela, en países donde también predomina el español.
Para el Día de los Muertos de 2022, la editorial Sultana del Lago, de mi amigo el poeta Luis Perozo Cervantes, los publicó en un pequeño volumen ilustrado y los dio a conocer con el título de Un hombre sin cabeza, nombre que corresponde al más difundido de dichos tres textos.
Pese a este relativo éxito, cuando quise elaborar un poemario para infantes cuya calidad se equiparara con el Chamario de Eduardo Polo (heterónimo de Eugenio Montejo), produje tantos bodrios que opté por no seguir.
En aquel momento, comprendí que, como me ocurre con el humor, si pretendo cultivarlo, no se me da. Pero si dejo que mi yo auténtico aflore y se manifieste, mis textos exhiben humoradas al mayor y detal.
Las manifestaciones de poesía en mi obra asoman cuando elaboro mis propias imágenes literarias, ya que detesto los lugares comunes y las frases hechas. A este par solo lo uso cuando el texto me exige una referencia proverbial.
Hace algún tiempo, me tomé unos días para ver si lograba al menos un buen texto poético para niñas y niños, pero nada. El menos malo de los textos era equiparable a un acróstico hecho por una maestra para colocar en la cartelera general de su colegio. Ante este segundo fracaso, renuncié a transitar un camino que, sin lugar a dudas, no figura en mi ADN creador.
Sin embargo, dos semanas más tarde, desperté una madrugada con la idea de un poema para infantes y me levanté a escribirlo. No fue la gran cosa, pero, al menos, pudo acogerse a su derecho de nacer. Helo aquí:
NO, MAMÁ
No, mamá,
claro que te oí, sí te oí.
Te escuché y creí
que aún soñaba.
No, mamá,
no soy perezoso.
Es que el sueño sigue pegado
a mis ojos.
No, mamá,
no estoy fingiendo.
Es que las sábanas
me retienen en la cama.
No, mamá,
no es que soy lento.
Es que bajo mis piernas
caminan dos tortugas.
No, mamá,
no es que no quiero.
Es que olvidé decirte
que hoy no hay clases.
Armando José Sequera
