Al derecho y al revés | Nos perdimos Barcelona

22/04/2026.- Hasta el más lerdo de una nacionalidad como la nuestra, donde poco abundan los ejemplares de este género, comprenderá las razones por las cuales nuestra presidenta no asistió a la reunión de jefes de Estado, donde Gustavo Petro brilló por su culta oratoria.

Incluso si no hubiese ocurrido la tragedia del 3 de enero, pienso que tampoco habríamos asistido a esta reunión en Barcelona de España, donde se está conformando un grupo unido no solo por intereses comerciales, sino por poder compartir algo superior a una nación soberana en tiempos donde el fracaso de las Naciones Unidas llama a que la institucionalidad de relevo se funde sobre culturas más amplias que sangre, religión o geografía.

La reunión fue un éxito para el presidente Sánchez —apartando las envidiosas críticas de la señora Ayuso, que montó una farsa en Madrid para hacer ver que MCM es la líder de los venezolanos expatriados—, cuando llenaron una plaza con españoles y canarios, lo cual era lógico porque se celebraba un acto del PP y de Voz, la derecha más fascista de España.

Plaza que para la ocasión adornaron con banderas españolas y una que otra venezolana. Entre los "adornos", invitaron al cantante expatriado Carlos Baute, quien en tono muy racista llamó a nuestra presidenta "mona", por lo cual terminó siendo reprendido por autoridades españolas y el embajador venezolano.

¡En otros tiempos más salvajes, a este sinvergüenza ganapán lo habrían retado a duelo!

Bien, lo cierto es que entre esta reunión de jefes de Estado, que libremente acudieron a Barcelona, y la que el presidente Trump logró juntar hace unos días, la distancia es francamente sideral.

No solo porque en Barcelona los reunidos no tuvieron que soportar las patanerías de Donald Trump al calificar nuestro idioma como "una porquería", sino porque se avanzó en dar lineamientos para la agenda común de nuestra cultura mestiza.

Avances de respeto por las maneras de pensar de pueblos diversos, por la paz y la fortaleza.

En materia energética, aunque es cierto que estos países —entre los cuales están Brasil y México— se van por ir despegándose del petróleo y el carbón, considero que esto se puede negociar a cambio de que Venezuela se enserie y deje de depender en producción y exportaciones de un solo producto como lo es el petróleo.

Sí, es el producto que cimentó la riqueza de Venezuela, pero usado como base para otras cosas generaría aún más dólares, o yuanes, o lo que sea, que venderlo crudo, tal como sale del suelo.

 

Domingo Alberto Rangel


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