Mujeres repudian acto discriminatorio contra la presidenta encargada
Diferencias ideológicas no justifican el discurso sexista, racista y discriminatorio
19/04/26.- Las mujeres venezolanas se unen de manera absoluta y categórica al rechazo del acto de misoginia, racismo y degradación pública ocurrido este sábado, en Madrid, España, durante un evento político en el que se utilizaron palabras discriminatorias contra la presidenta encargada de la República, Delcy Rodríguez.
A través de un comunicado suscrito por Indira Urbaneja, miembro del Programa para la Paz y la Convivencia Democrática; Iris De Franca, del Movimiento de Mujeres en Política de Venezuela; y Asia Villegas Poljak, diputada de la Asamblea Nacional, el Movimiento de Mujeres en Política de Venezuela expresa: "Lo denunciamos no por afinidad política, sino por principios. Ninguna diferencia ideológica, ningún conflicto partidista ni ninguna confrontación de poder justifican el uso de expresiones que humillen a la mujer recurriendo a estereotipos sexistas y raciales, difundidos en videos y publicaciones del acto”.
Asimismo, en el escrito se señala que llamar “mona” a una mujer no es una consigna política. "Es una agresión. Es lenguaje de odio. Es una forma de deshumanización que reproduce siglos de violencia simbólica contra las mujeres", resalta.
"La crítica política, venga de donde venga, oposición u oficialismo, nunca debería degradarse hasta el insulto sexista, racista o humillante. Las mujeres venezolanas defendemos el derecho a disentir, denunciar, protestar y confrontar ideas o acciones de cualquier figura pública, dentro de las normas del respeto. Sin embargo, ese derecho pierde legitimidad moral cuando se recurre a expresiones de esta naturaleza", agrega.
Por ello, las mujeres hacen un llamado a líderes, artistas, activistas, organizaciones y ciudadanos a rechazar sin ambigüedades toda forma de misoginia y racismo, venga de donde venga y se dirija a quien se dirija. "La defensa de la dignidad humana no puede ser selectiva".
Igualmente, indica que condenar, como mujeres, un insulto no implica renunciar a las convicciones políticas propias; implica, precisamente, defender un límite ético indispensable en un país que clama paz y el cese de las confrontaciones.
LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS
