Vitrina de nimiedades | Ficciones
18/04/2026.- A las transformaciones en el consumo de noticias se suma un fenómeno en la producción periodística: la incorporación de la inteligencia artificial (IA) en la lectura de textos. No hace falta ir párrafo por párrafo para saber qué nos cuenta un reportero. Un resumen generativo, sea en voz o en texto, recoge en segundos lo que a un periodista le costó horas o quizás días conocer. El tiempo, el bendito tiempo, parece aprovecharse al máximo cuando alguien nos resume qué pasó. ¿Eso nos conecta más rápido a la realidad? ¿O estamos convirtiendo la tecnología en una barrera frente al mundo?
A fuerza o por curiosidad, la IA se está convirtiendo en un punto de convergencia entre audiencias y periodistas. Ese encuentro va permeado por los hábitos de estos actores del ecosistema mediático ante la nueva realidad tecnológica. Del lado de los usuarios de medios, es cada vez más acentuada la disminución de visitas a sitios web, gracias a la expansión de las redes sociales y nuevas herramientas tecnológicas. Junto a esa tendencia, también está la revisión cada vez más superficial de los contenidos obtenidos por estas vías. Del lado de los periodistas, los cambios radicales en la industria y el apremio por montarse en la nueva ola pasan factura en las rutinas de trabajo.
En un estudio del Instituto Reuters sobre IA generativa y noticias, desarrollado en seis países, se determinó que solo un tercio (33%) de los consultados asegura hacer clic “siempre o con frecuencia” en los enlaces que ofrecen los resúmenes de noticias hechos por herramientas como ChatGPT; el 37% lo hace ocasionalmente y el 28%, rara vez o nunca. La rapidez y la capacidad de procesar grandes volúmenes de información son las bases de la confianza depositada por el ciudadano de a pie en las nuevas tecnologías. Paradójicamente, esa certidumbre se diluye cuando consultan productos periodísticos creados con inteligencia artificial: apenas el 12 % de los encuestados se siente cómodo con estas publicaciones. Entre otras razones, la comunidad de usuarios “tiene poca confianza en la supervisión humana rutinaria de la IA en las noticias”.
La percepción del desempeño periodístico también se alimenta del afán de velocidad. En este mundo no hay excusas para ser lentos; nadie quiere quedarse atrás, aun cuando eso signifique que abordemos cada vez más superficialmente las cosas. Eso toca al periodismo, que se enfrenta al quiebre de dos de sus paradigmas: relatar la realidad con claridad y construir un discurso que enganche. Generaciones enteras se formaron en aulas de clase y redacciones para contarles directamente a sus lectores o espectadores qué pasó hoy. Muchos vivieron la frustración de no ser maestros de la titulación ni ser un as en eso de saber narrar historias. Ahora, eso no parece importante para nuestros nuevos grandes usuarios: ChatGPT, Gemini, Copilot o Claude. Ellos relatarán a su modo, corriendo incluso el riesgo de falsear sin que se note, eso que tanto costó convertir en un mensaje informativo. Ya no hay resistencia, pues muchas de estas herramientas ya están incorporadas en sitios web de medios para resumir y sugerir más contenidos sobre un tema.
Cuando vemos este panorama, pensamos en la advertencia hecha por los uruguayos Jennifer Silva y Pablo de los Campos en la serie de artículos titulada ¿Quién aprende cuando escribe la IA?, donde analizan el impacto que tiene en el estudiante dejar la redacción de sus trabajos enteramente a la IA, pues “el conocimiento no se transforma en su mente. No hay ir y venir entre lo nuevo y lo que ya sabía, ni un trabajo de elaboración que redunde en esclarecer, cuestionar e integrar ideas, construir posiciones y defenderlas”. Lo mismo puede estar pasando en el panorama mediático: estamos viviendo las ficciones de unas audiencias que creen estar más informadas y unos periodistas que sienten la presión de asumir una tecnología cambiante. ¿Qué pasa con la percepción de la realidad? Ella podría sacudirnos como suele hacer. Para eso no se necesitan prompts.
Rosa E. Pellegrino
