Memorias de un escuálido en decadencia | Abril

17/04/2026.- ¡Abril es el mes más cruel! Así me dijo Ismael García, que ese carajo cuando no está saltando talanqueras, está leyendo. A nosotros, los de la oposición verdadera, la única con palitos energéticos, en abril la dictadura nos ha dado el coñazo que jode. Primero fue el 13 de abril de 2002, después del heroico y maravilloso trabajo hecho por nosotros, los medios de comunicación, los periodistas, la Iglesia y algunos militares, cuando tomamos Miraflores por asalto y pusimos al compañero Daniel —Considerando— Romero a leer un decreto donde eliminamos lo que nos dio la real gana, y luego comenzamos a caerle a firmas a ese decreto. Hoy hay muchos compañeros que están allí que se asustan cuando llega abril porque les muestran un libro que anda circulando por ahí, Los documentos del golpe, donde estamos todos los que firmamos a favor del compañero Pedro Carmona Estanga. Decía que, cuando dimos ese heroico golpe el 11 de abril y nos caímos a palos el 11 y el 12, y cuando nos levantamos el 13 con aquel ratón arrechísimo después de habernos bajado todas las botellas de whisky 21 años celebrando aquel coñazo heroico, prendimos la televisión y vimos al dictador con un crucifijo en la mano diciendo que nos perdonaba, y ahí nos fuimos en llanto, no porque el dictador nos perdonara, sino porque aquella vaina no se podía creer. Y así seguimos, jodiendo hasta la victoria siempre.

También en abril nos volvieron a joder el 30 del 2019, cuando el insufrible Juan —Interino— Guaidó y el poeta Leopoldo López se metieron en lo que se llamó el Golpe de los Plátanos. Ahí volvimos a caer mansitos como una paloma. Lo único que logramos fue que el poeta Leopoldo López se fuera a España para nacionalizarse español y que el general Cristopher no sé qué cosa se fuera del país. Es decir, que para nosotros abril es cruel, muy cruel. Lo peor es que, conociendo esa vaina, salimos a la calle a manifestar a pesar de que el compañero Trump nos ayudó... Hay que decirlo: si no hubiese sido por el compañero Trump, nosotros nunca hubiésemos tumbado al dictador, pero vinieron ellos y se lo llevaron junto con su señora (ilegalmente, pero eso nos importa poco). Ahora, sin permiso del compañero Trump, salimos a formar peos a la calle, porque nosotros somos más arrechos que el perro de los Branger. Menos mal que el compañero Trump no se ha dado cuenta de que queremos joder lo que está haciendo aquí; debe ser porque está metido en tanto peo que no tiene tiempo de mirarnos a nosotros. Es que ahora, cuando creímos que el compañero Trump nos iba a poner a gobernar a nosotros, puso a la gente de la dictadura para que nos siga jodiendo. Ojalá que si se da cuenta de que estamos echando vaina, no mande para acá a los compañeros de la ICE, que no pueden ver a un emigrante porque le caen a palos y lo meten preso.

Sería bueno esperar sin decir un carajo para ver qué pasa con el aumento responsable que prometió la nueva dictadora y si la cosa no nos gusta, salir a guarimbear en mayo, que en ese mes los chavistas no nos han jodido tanto como en abril. De repente, logremos que se hagan elecciones libres y por puesto en Miraflores.

El papá de Margot leyó en su computadora Canaimita que están esperando en Madrid a María —Súmate— Machado y parece que la alcaldesa de Madrid, la señora Ayuso, le quiere entregar las llaves de la ciudad. Ahí se quedó un rato leyendo hasta que se puso de pie y dijo: "¡No me jodan! Estos se la pasan celebrando vainas en España y en Miami y a nosotros aquí no nos tiran nada. Parece que sacaron al compañero Edmundo González de la clínica para llevarlo a esperar a la señora que le dio el Premio Nobel de la Paz a Trump. Por cierto, esa medalla de la paz no ha servido para un carajo, porque el compañero Trump sigue en guerra hasta con el papa León XIV, quien dijo que estaba peleando con un tigre de papel. ¡Ayúdame, Dios mío! ¡Ayúdame a olvidarlos!". Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: "Se acabó. Yo me mudo la semana que viene. ¡Esta vaina no la aguanta nadie!".

—Soy el testimonio más fiel de mi país en guerra —me declama Margot.

 

Roberto Malaver


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