Ahora los pueblos | Guerra total

16/04/2026.- El hegemón occidental, en su decadencia, ya no solo busca lograr cambios de régimen ni ganar guerras por la vía militar convencional. Su estrategia es la guerra total, que se define como la guerra en todas partes, en todo momento y en todas las dimensiones, conduciendo al mundo a un estado de guerra permanente.

Esta forma de guerra es asimétrica y multidimensional, intentando abarcar todas las dimensiones de la vida, como la económica (sanciones), mediática (desinformación en medios y redes digitales), judicial (lawfare), cognitiva y operaciones psicológicas. El modelo de negocios de las grandes tecnológicas es la extracción de datos para modelar formas de pensamiento y poder predecir y controlar comportamientos individuales y colectivos; nos venden la idea de un futuro distópico y nos invaden de desesperanza para erradicar el espíritu de lucha y resistencia; las guerras civiles, golpes blandos, revoluciones de colores, uso de armas biológicas, decapitación y parálisis del mando, a través de asesinatos o secuestros selectivos.

La guerra total permite a las grandes corporaciones fusionar el aparato industrial militar con el capital financiero-tecnológico y las farmacéuticas. Ese conglomerado corporativo sionista ha cooptado a los Estados occidentales, acabando con el Estado de bienestar (modelo que les permitió a las élites europeas frenar al socialismo) y el aparato estatal estadounidense.

Esta corporatocracia que busca retrotraer al mundo a un Estado tecnofeudal, una especie de dictadura mundial, para lo cual deben desconocer todo el orden mundial establecido en reglas diseñado desde 1945, para sostener a los Estados burgueses occidentales, con su entramado de leyes, principios y organismos multilaterales.

Ante la decadencia de la unipolaridad, que se expresa en la irrupción de potencias emergentes y el bloque BRICS, la pérdida del consenso en torno a los intereses de Washington, debido a las inconsistencias y el doble rasero aplicado por el hegemón occidental ha conducido a la erosión de la legislación internacional y a la parálisis de la ONU, retornando al orden del más fuerte, donde las potencias se imponen por su capacidad militar y económica, pero en este punto es donde nos encontramos con una paradoja: las potencias occidentales ya no detentan el poderío económico mundial, sino que el mismo está en disputa fundamentalmente por China, a la que Estados Unidos califica como enemigo estratégico.

El sistema capitalista mundial ha alcanzado el límite del crecimiento, colocando al mundo ante un posible colapso climático que pone en riesgo la existencia de la vida en el planeta. Frente a la necesidad de cambiar el sistema, esta élite corporativa sionista propone el exterminio de un porcentaje importante de la población mundial, fuerza de trabajo que ya no necesita ni para explotarla, creando la categoría de pueblos proscritos.

El estado de guerra permanente le permite a la élite corporativa sionista volver a la acumulación originaria descrita por Marx en los orígenes del capitalismo, pero ahora mediante la acumulación por desposesión, que no es otra cosa que el despojo colonialista puro y simple a través de la fuerza, logrando la separación de los productores de sus medios de sustento. La migración masiva forzada (caravanas de migrantes) producto del desplazamiento forzado por grupos armados irregulares separa a las familias campesinas de sus tierras; eso está sucediendo hace algún tiempo en África y América Latina.

Esta situación, provocada por las corporaciones armamentistas y extractivistas, se posesiona de las tierras fértiles, las minas y el agua, dejando a los pueblos en situación de esclavitud por supervivencia. Este mecanismo le permite al capital, que ya no puede crecer por la vía productiva, apropiarse de los activos públicos, tierras comunitarias, conocimientos tradicionales, derechos laborales, territorios indígenas, recursos petroleros e hidrocarburos, debido a que no han podido superar su dependencia energética de los hidrocarburos.

Donald Trump es la cara visible de la decadencia de la sociedad estadounidense; no es un loco ni un anciano con deterioro cognitivo, es la herramienta perfectamente funcional a los intereses económicos dominantes de la élite sionista de los multimillonarios. En la invasión, bombardeos y secuestro de la pareja presidencial en Venezuela, el decadente imperialismo estadounidense no tuvo más opción que mostrar su verdadero rostro, que ya no puede esconder detrás de las reglas internacionales.

Ante el surgimiento de un mundo multipolar, los pueblos latinoamericanos no pueden, como sus élites, mirar para otro lado. Regiones geoestratégicas como Asia occidental y América Latina deben escoger la unidad frente a las diferencias ideológicas y conformar bloques que les permitan ocupar un lugar con voz y capacidad propia de negociación o, de lo contrario, quedaremos subyugados a los intereses de los centros de poder que nos califican como su “área de influencia”, con el agravante de que en esta fase nos exponemos a la desaparición de nuestros Estados-nación y al exterminio de nuestros pueblos.

La Revolución Islámica y la Revolución Bolivariana están demostrando que la guerra asimétrica y multidimensional es derrotable.

Anabel Díaz Aché

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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