Pluma acústica | Pupi Legarreta
Violín y flauta, de la charanga a la salsa
16/04/2026.- Hablar de Félix “Pupi” Legarreta es meterse en lo más profundo de la salsa, pero de la salsa elegante, esa que todavía huele a charanga y a tradición cubana pura. Aunque muchos lo asocian directamente con el boom salsero neoyorquino, este maestro era un músico de conservatorio cubano, con un tumbao y un swing que ponían a gozar a cualquiera. Su figura representa la sofisticación melódica en un género que, a menudo, priorizaba la fuerza de los metales, los tambores y el gañote de los soneros.

Pupi nació en Cienfuegos, Cuba, el 23 de febrero de 1940. El apodo de Pupi se lo puso su padre cuando era niño y así fue conocido en su pueblo natal y más tarde en el mundo entero. No era ningún improvisado; se formó académicamente desde chamo, estudiando violín, piano y flauta. Para costear sus estudios tuvo que trabajar duro desde temprana edad como ebanista y carpintero, pero su condición de asmático le obligó, eventualmente, a dedicarse a la barbería.
Comenzó a tocar violín a los ocho años y ya a los trece estaba tocando profesionalmente, lo que representó un alivio económico para su familia y el inicio de una carrera llena de viajes y éxitos. En la década de 1950, se integró a la Orquesta Aragón, la máxima exponente del chachachá y el estilo charanguero, basado en flauta y violines, del que hemos hablado en anteriores entregas de Pluma acústica. Esta experiencia fue fundamental para Pupi, pues allí comprendió que el violín no debía ser un mero acompañamiento, sino un protagonista rítmico capaz de guapear al igual que un trombón o una trompeta.
De Cienfuegos a Nueva York
En 1959, Legarreta emigró a Estados Unidos, arribando, en principio, a la ciudad de Chicago, donde se integró a la Orquesta Nuevo Ritmo de Armando Sánchez. Al poco tiempo se muda a Nueva York, donde se establece definitivamente, en un momento de ebullición cultural, cuando el ambiente musical latino estaba caliente, en plena transición de los ritmos cubanos hacia lo que, luego, conoceríamos como salsa. Allí se integró al creciente número de músicos de primer orden venidos de Cuba como Mongo Santamaría, Patato Valdés y Rolando Lozano, entre otras estrellas.

En 1962, Pupi lanza su álbum Salsa Nova, para el sello Tico Records, uno de los primeros trabajos discográficos en utilizar la palabra salsa fuera de Cuba. Recordemos que el término salsa fue acuñado por Ignacio Piñeiro en los años 30, con el popular tema Échale salsita.
Lo que hizo diferente a Pupi fue su capacidad para mantener vivo el sonido de las charangas en una Nueva York que se estaba volviendo cada vez más metálica, es decir, más trompetas y más trombones. Su estilo era elegante, versátil e innovador. En sus manos, el violín no era un adorno, era el protagonista. Lo mismo tocaba un danzón clásico, como montaba un guaguancó que encendía la pista de baile. Supo perfectamente cómo mezclar el violín y la flauta de madera con arreglos modernos típicos de la salsa brava.

La alianza con Fania Records
Pupi entró al sello disquero de Johnny Pacheco y Jerry Masucci no solo como músico, sino como una pieza fundamental para darle variedad al catálogo. En una época donde todo el mundo quería sonar como Willie Colón o Ray Barretto, Pupi ofrecía una alternativa clásica y refrescante. Firmó contrato en 1964 y hasta 1989 estuvo tocando, casi a diario, directamente con la Fania All Stars o con otras orquestas firmadas por la disquera. Este fue su periodo de mayor visibilidad internacional.
Su relación con el sello no fue solo como instrumentista, sino como director de orquesta que sabía equilibrar lo comercial con lo artístico. Bajo el sello Vaya, subsidiario de Fania, lanzó obras maestras que definieron la charanga neoyorquina. Básicamente, salsa, con arreglos de charanga, también conocida como pachanga.

Fania le propuso que fundara su propia orquesta con su nombre y que grabara discos como director y solista, lo que llevó a la grabación de varios álbumes exitosos como: Qué lío, Pupi y su charanga, Pupi en Venezuela, El Fugitivo, Soy campesino y El platanal de Bartolo, entre otras joyas.

Pupi no solo se destacó como violinista, también era un flautista extraordinario. Junto a Johnny Pacheco grabó dos discos de culto, que aún hoy resuenan con el mismo poder: Los dos mosqueteros, de 1977, donde ambos maestros de la flauta demuestran una química inigualable. Y Las tres flautas, de 1980, donde, junto al maestro José Fajardo, otro gigante de la flauta, ofrecen una cátedra de cómo se moderniza la tradición.

El adiós y la herencia
Pupi fue un músico magistral. No buscaba necesariamente el brillo de los reflectores o la fama extrema, sino la perfección en su ejecución. Se mantuvo activo durante décadas, viajando por el mundo, siendo embajador de la música más importante de América y demostrando que el violín tiene tanto o más guaguancó que un bongó.

Legarreta falleció el 2 de julio de 2023 en Filadelfia. Su muerte marcó el fin de una era para la charanga neoyorquina y para los charangueros de la vieja guardia cubana, dejando un vacío enorme, pero un catálogo que es referencia obligatoria para cualquier melómano que se respete.
Pupi no tocaba el violín; él hacía que el violín hablara el lenguaje del barrio con la educación de un conservatorio.
La herencia que nos deja es haber demostrado que la salsa no solo es percusión y fuerza, sino también matiz y elegancia. Fue el hombre que logró que el violín, un instrumento asociado a la rigidez europea, se convirtiera en una pieza fundamental del sabor caribeño.
Kike Gavilán
