Palabras... | Inseguridad poética
16/04/2026.- Este tiempo requiere y presiona el desgarre de una poética descolonizada. Un verso que esté dentro de nosotros y no a la distancia, como quien caza un plagio sin devolverlo al pueblo. Un decir que contenga el consenso emocional colectivo. Hasta lograr de una vez por todas desprender del poeta el carácter representativo de lo que hace.
Saber estar juntos, como militantes del anonimato del poema sin que el protagonista sea el ego, nos quita lanzas de la herida.
Sobreviviendo a la idiotez de consolidar las ansias febriles de ser naturaleza oficial. Interesa desabrigar la escritura imperial, dejar a la intemperie la visual depresiva de los vencidos, cuyo morbo lo resucitan en sobresalir. Se intenta, por lo menos, no morir por ser vistos en la pasarela del texto. O en la luz de la escena donde se maquillan las imágenes con el pánico del idioma.
Los barcos en llamas mirándose el fuego en la pupila, desde la orilla de los ojos, ya son el verso para el emperador.
Tanta inseguridad poética y manos arriba al ritmo del latido, tanta alcabala móvil que secuestra la fuerza política de la poesía que se vive en el contexto, en la concentración donde damos la cara, nos arrima un poco fuera de la mancha.
Hasta para descansar hay que trabajar. Es materia del derecho burgués también imaginar el cobro de un impuesto al dolor en el poema. No le basta el sobre diezmo por cada cono de carretera que vuelve nervio cada cita de la Biblia.
Sospecha del color infiltrado en la letra que prohíbe. La soledad de un pensamiento que no se la lleva con este mundo es mentira, cuando no sabe la verdad que lo origina. La voz de los ojos se oculta en la mirada y calla mientras escribes.
Al poema le cuesta adentrarse en el poder de los dominios y volver cosecha estos árboles que crecen torcidos.
Quien muere por volar, vende versos en voz alta y adelanta lo imposible sin vivirlo.
Carlos Angulo
