Comentarios noticiables | Las relaciones de EE. UU. e Israel...
no se rigen por el derecho internacional
11/04/2026.- Las relaciones entre Estados Unidos (EE. UU.) e Israel se caracterizan con frecuencia como una paradoja en la política exterior de la Casa Blanca. De hecho, tanto desde el volumen de la ayuda económica, técnica y militar que Washington suministra a Tel Aviv como desde el enfoque de la protección ideopolítica sin precedentes que le presta fuera del marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), no es menos paradójico que la abierta inclinación de la política cercano-sionista de EE. UU. a favor de Israel haya brotado y persistido, aunque ello perjudique las relaciones del país norteamericano con el mundo árabe e islámico.
El presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, van de la mano tanto de forma abierta como de manera encubierta.
Trump es el pavoroso, pedófilo, payaso multibillonario, corrupto y criminal de guerra, a quien siguen considerando un elemento burlesco afín al espectáculo de las noticias falsas en el modelo de democracia representativa que EE. UU. ha impuesto y sigue pretendiendo imponer al mundo, con el uso y la costumbre de las anticuadas conductas imperiales.
Benjamín Netanyahu es un personajillo sionista, xenófobo, ambicioso, corrupto, violento y criminal de guerra, a quien nada ni nadie le pone freno, ni el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ni la Corte Internacional de Justicia (CIJ), ni la Corte Penal Internacional (CPI), ni los Convenios de Ginebra, ni la Carta de la ONU, etc.
A estos dos auténticos dictadores, a los que sería sumamente descabellado subestimar, vale aplicarles la frase de Platón: "Dime quién es tu amigo y te diré quién eres".
Donald Trump, cuando se dedicó a someterse a las justificaciones de guerra (órdenes ejecutivas) usadas por las administraciones anteriores de la Casa Blanca (vale decir, las de Obama, Bush y Biden), le parecía práctico excusarse ante cámaras de TV y entrevistas periodísticas aclarando que las justificaciones de guerra no fueron elaboradas por él, como queriendo decir que los culpables eran sus antecesores. Revelaciones como esas evidencian que no le resulta extraño inventar para sostener que la verdad la tiene él.
Netanyahu igualmente ha procurado por todos los medios ocultar o disfrazar la verdadera esencia social del concepto "Estado sionista", haciendo frecuentes referencias al feroz holocausto que padecieron los judíos bajo el régimen nazi. El Estado de Israel es el que ejecuta ahora un feroz holocausto contra el pueblo palestino desde hace más de un siglo. De esto se benefician las potencias occidentales, a las que Israel salvaguarda sus intereses coloniales, cumple con las tareas encomendadas para proteger los intereses europeos en el Medio Oriente y funciona como afilada cuña dentro del mundo árabe.
En la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, se cometen a gran escala crímenes de guerra por parte del Estado de Israel, que organizó el plan de delitos y su ejecución contra la población palestina con la cooperación de Estados Unidos. Así, encontramos graves infracciones tales como matar intencionalmente; infligir grandes sufrimientos de forma deliberada o atentar gravemente contra la seguridad física o la salud de la población civil; privar de manera intencional a un prisionero de guerra o a otra persona de sus derechos a un juicio justo o imparcial; dirigir ataques contra la población civil en cuanto tal o contra civiles que no participen directamente en las hostilidades; dirigir ataques contra objetos civiles, es decir, objetos que no son militares; dirigir a conciencia ataques contra personal, instalaciones, material, unidades o vehículos participantes en una misión de mantenimiento de la paz o de asistencia humanitaria de conformidad con la Carta de la ONU, siempre que tengan derecho a la protección otorgada a civiles u objetos civiles, con arreglos al derecho internacional de los conflictos armados; lanzar ataques intencionalmente, a sabiendas de que causará pérdidas de vidas, lesiones a civiles o daños a objetos de carácter civil, o afectación extensa, duradera y grave al medio natural, que sean claramente excesivos en relación con la ventaja militar general concreta y directa que se prevea; atacar o bombardear, por cualquier medio, ciudades, aldeas, escuelas o edificios que no estén defendidos y que no sean objetivos militares; matar o herir a traición a personas pertenecientes a la nación o al ejército enemigos; secuestros; provocar la inanición de la población civil como método de hacer la guerra, privándola de los objetos indispensables para su supervivencia, además de obstaculizar de manera intencional los suministros de socorro de conformidad con los Convenios de Ginebra.
EE. UU. e Israel, como miembros de la ONU que aceptaron las obligaciones consignadas en su Carta, y que mediante sus representantes capacitados juraron cumplir dichas obligaciones y estar dispuestos a hacerlo, no deben incurrir en discriminación alguna respecto a cualquier Estado soberano adepto a la paz.
En la Carta dicta claramente: "Podrán ser miembros de la ONU todos los Estados soberanos miembros amantes de la paz, con independencia de su régimen social y económico, situación geográfica, extensión territorial, desarrollo económico, etc".
Desde hace mucho tiempo, ambos Estados resquebrajan estas obligaciones. Hoy los valores encarnados en los propósitos y principios de la ONU parecen perderse. Por ello, hay que desterrar a escala mundial la peligrosa política exterior de Estados Unidos e Israel.
Todos los seres humanos debemos implicarnos en la búsqueda de la paz y la seguridad internacionales, contribuyendo a facilitar la gran transición desde la razón de la fuerza a la fuerza de la razón.
Llegó la hora de necesitar un sistema mundial basado en la igualdad y la libertad, y no en la guerra. Basta de las relaciones de Estados que no se rigen por el derecho internacional.
J. J. Álvarez
