Punto y seguimos | El poder de una cultura de pensamiento profundo

07/04/2026.- La República Islámica de Irán, frente a los ataques que Estados Unidos e Israel han desatado en su contra, puntualmente con el lanzamiento de la operación Epic Fury en el mes de febrero, ha evidenciado una estrategia de defensa bien planificada que comprende todos los ámbitos, incluyendo el de la propaganda, que —demostrado por la historia— es un componente vital en la guerra. Y lo hace comprendiendo muy bien el contexto del mundo y el funcionamiento de los procesos que se dan en el campo de la comunicación en estas instancias del siglo XXI.

La guerra cognitiva es de tan amplio alcance, que es hoy imposible pensar en el éxito de una guerra militar convencional sin tener entendimiento de ella, de su estructura, las tecnologías a través de las que se expande y arraiga, y muy especialmente de su efecto en la mente de las personas, los individuos-masa que apoyarán, descartarán o se enfrentarán a acciones políticas reales moldeadas con imágenes, discursos y narrativas diseñados para tales fines. En ese sentido, es el mismo esquema básico de la vieja propaganda, pero con el agregado de la rapidez, la masividad y la aplicación de técnicas psicológicas brutales en tiempo real.

Irán, lejos de la actitud de delirante superioridad de EE. UU. e Israel, muestra que entiende el tablero y las piezas que juegan, lo que quiere decir que planifica con los recursos de los que dispone, mientras el otro lado proclama su condición de “realeza” y su fuerza bruta. Así las cosas, se embarcan en una campaña pulidísima de creación de contenidos con IA que inunda el espacio digital, no solo dentro del país, sino fuera de sus fronteras, jugando como los mejores en el juego de la percepción, generando reacciones y —lo más importante— difusión y apoyos en Oriente y Occidente, logrando un mayor y más rápido alcance en el posicionamiento de su narrativa de lo que ha logrado, por ejemplo, Palestina, que, aun con la gravedad y obviedad de la verdad de un genocidio de su lado —pero una población diezmada y sin recursos para convertirse en un actor activo en la guerra cognitiva—, no ha podido defenderse en este campo con el mismo margen que sí lo hace Irán.

Los videos que llegan casi a diario y que revelan cortas historias de animación (en estilos Lego, manga, etc.), donde se muestra la guerra en un storytelling en constante actualización de acuerdo con los hechos, son una mezcla de humor (sátira), información real, información difusa y burla directa de los contrincantes, con un uso prolijo y eficiente de la IA, que ha logrado atrapar a los usuarios de redes sociales del mundo entero, sorprendiendo a millones que, víctimas por décadas de desinformación y propaganda contra Irán (y el Medio Oriente en general), desconocían las capacidades intelectuales y prácticas de una civilización milenaria, cuna de las ciencias y las artes; que hoy, en plena agresión occidental, demuestra que el fuego no lo es todo, y que el conocimiento y el análisis son poder.

Y aun en un contexto en el que Occidente posee y domina las grandes plataformas de difusión y controla los algoritmos que determinan el flujo de contenidos en el ecosistema mediático; privilegiando la circulación de su propia propaganda y promoviendo la eliminación de los materiales de Irán y sus aliados; lo cierto es que los persas operan como una verdadera guerrilla digital muy bien hecha, rápidamente difundida y con contenidos que dan en el clavo de la atención del público mundial, consiguiendo dar golpes claves en el campo comunicacional y cognitivo que pueden llegar a ser determinantes en el desenlace de esta guerra. Parece que en la Edad de Piedra están —mentalmente— otros.

Mariel Carrillo García 

 

 


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