Retina | No en nombre de Jesús
06/04/2026.- El golpe de Estado en Bolivia, consumado el 10 de noviembre de 2019, fue ilustrado con la foto de una desproporcionada Biblia, izada como espada contra todo un pueblo. Es la reiteración de una visión religiosa que sobrepasa al nazismo en número de vidas mutiladas.
Como no me encuentro entre los enfermos que creen que el martirio del cuerpo puede ser una vía para salvar el alma, sentí que el ascenso al poder de esta secta racista boliviana estaba lejos de ser un buen augurio para nuestro continente.
En nombre de Jesucristo se han cometido ya demasiados crímenes. Las cruzadas, la Inquisición, las cacerías de brujas, la evangelización forzada de América y África, conforman un sustrato de almas torturadas y condenadas en nombre de unas creencias deshonestas que ocultaban las apetencias de posesiones y riquezas.
En el nombre de Jesús, mientras hacía su prédica como pastor, el muy abstemio general Ríos Montt masacraba al pueblo guatemalteco.
Quizá en el nombre de Dios, algunos obispos pedían más sanciones y hasta invasiones militares para hacer mayores los sufrimientos para las venezolanas y los venezolanos.
A veces me da por pensar que se trata de visiones religiosas que no admiten la revolución en las creencias que contiene el Nuevo Testamento, donde Jesús presenta la redención como una vía que se abre con el amor al prójimo, con la tolerancia, con la preocupación por la pobreza y con la crítica a la riqueza individual y la injusticia.
A nuestro mundo no le hace falta la presencia de ángeles que blanden espadas manchadas de sangre. Si de valores cristianos se trata, todo el profundo contenido humanista de su historia está reñido con las prácticas de clasismo, racismo y discriminación que algunos notables fanáticos enarbolan para justificar su accionar en contra de los pueblos.
Resulta aterrador ver las oraciones y juramentos de los poderosos mientras hacían preparativos para atacar al pueblo de Irán. Algo que no es Jesucristo, sino su negación, se expresa con fuerza en su determinación de aniquilar a quienes se resisten a aceptar la normalidad criminal que intentan imponer.
Yo, como miembro de la ineludible cultura cristiana en la que he crecido, obligado por mi condición de ateo a mirar con respeto y con profundidad los postulados y las afirmaciones cristianas, no puedo dejar de sentir horror al observar cómo estos personajes, por su codicia, más que pronunciar el nombre de Jesús en vano, intentan convertirlo en responsable espiritual de los asesinatos que cometen.
Freddy Fernández
@filoyborde
