Xin chào | Escucha, Trump

 

Subestimamos el poder del nacionalismo que motivó

a una nación a luchar y a sacrificarse por sus ideales y valores.

En la actualidad, continuamos subestimando el poder

del nacionalismo en muchas partes del mundo.

Robert McNamara

(Ex secretario de Defensa EE. UU.)

 

03/04/2026.- El pasado 29 de marzo se cumplieron 53 años de un espectáculo que seguramente nadie quiere recordar hoy en la Casa Blanca, mientras que Donald Trump se encuentra entrampado en el Medio Oriente, una contienda bélica que es repudiada masivamente por el propio pueblo estadounidense, como había acontecido entre 1954 y 1975, cuando los gobiernos de John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson y Richard Nixon pretendieron adueñarse a lo macho de la península Indochina. Y es que aquel 29 de marzo de 1973, había sido arriada la bandera de las 50 estrellas.

Después de la caída de los franceses, Estados Unidos había iniciado el envío de sus primeros batallones “como advertencia”, pero prontamente todo escaló hacia una invasión progresiva en la parte sur del aguerrido país ubicado en Indochina, además de Laos y Camboya.

Cuando Lyndon B. Johnson pasó a ocupar el sillón presidencial, tras el asesinato en Dallas de John F. Kennedy en 1963, se incrementó sustancialmente el apoyo del Congreso estadounidense tras la jugada de Johnson con el falso positivo montado en el golfo de Tonkin, donde supuestamente una torpedera vietnamita había atacado al destructor Maddox (6 de agosto de1964). Tras esa puesta en escena, el nuevo mandatario emprendió una bestial ofensiva aérea, sobre todo al sur vietnamita, con un gigantesco poderío, apuntalado por los superbombarderos B-52, y el uso del agente naranja-dioxina, una mezcla química tóxica producida por unas 30 empresas estadounidenses, entre ellas Monsanto y Dow Chemical, hasta 1971, en lo que se denominó Operación Ranch Hand, con el propósito de destruir tanto la corteza forestal bajo la que se escondían los combatientes rebeldes como los cultivos, ríos y lagos, que les proporcionaban alimento a la población.

La llamada Estrategia de Guerra Local, de Johnson, incluyó el encarcelamiento de miles de campesinos y campesinas en las llamadas aldeas estratégicas para evitar el contacto de la población con los combatientes del Frente de Liberación Nacional, pero entre el 30 de enero y el 23 de febrero de 1968, el Frente de Liberación Nacional sorprendió a las fuerzas enemigas con la legendaria Ofensiva del Tet, lanzada sobre 36 de las 44 capitales provinciales, así como la estratégica colina Khe Sanh, Hue, Da Nang y Saigón, la capital del sur, donde fue tomada la principal emisora del gobierno títere y la Embajada de Estados Unidos.

El 26 de marzo de ese fatídico 1968 de Johnson, se produjo un cónclave donde estuvo el secretario de Defensa Clifford, quien había sustituido a Robert McNamara como secretario de Estado. El encuentro estuvo integrado por la crema y nata de la oficialidad gringa, que debatió durante tres días, y, al final, 10 de los 14 asistentes a la reunión aceptaron ponerle punto final a la guerra, lo que significaba admitir la derrota, porque, según la documentación generada por el cónclave de los más preparados e inteligentes oficiales, era imposible ganar esta guerra. Pero la confrontación armada no se detuvo, siguió, y al siguiente año (1969), Johnson anunció que no buscaría la reelección presidencial, con lo cual dejó el camino despejado a Nixon, quien se convirtió en el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Sin embargo, Nixon no asimiló la experiencia de su antecesor, prometiendo ante el agitado pueblo estadounidense que tenía meses protestando en calles de avenidas —como hoy— contra la guerra y con la pretensión de arrodillar a los vietnamitas, convirtiendo a Hanoi y Hai Phong en tierra arrasada.

Había sido a partir de ese 1964 cuando Estados Unidos desarrolló todo su potencial bélico; sin embargo, tras sufrir importantes derrotas, como la histórica Ofensiva del Tet (1968) y Dien Điện Biên Phủ en el Cielo (1972), Nixon decidió abandonar el campo de batalla y firmar el Acuerdo de París, luego del desastre de la aviación gringa bajo el cielo de Hanoi y Hai Phong, donde las modestas baterías vietnamitas derribaron 81 aviones de última generación, incluyendo 34 superbombarderos B-52, de 230 toneladas cada uno.

Tras aquella humillación asestada por la incansable guerrilla vietnamita bajo el cielo de la capital vietnamita, Nixon ordenó la retirada de sus tropas el 29 de marzo de 1973; no obstante, incrementó el apoyo al ejército vietnamita al servicio de EE. UU. en Vietnam del Sur, que se convirtió en el más grande y mejor equipado de la región, con más de un millón de efectivos, pero que dos años más tarde cayó como un puño de naipes cuando el Frente de Liberación Nacional (FLN) penetró incontenible en Saigón, el 30 de abril de 1975.

Las estadísticas manipuladas por el Pentágono aún sostienen que en el campo de batalla habían caído 58.209 militares gringos, y que otros 153.303 habrían resultado heridos, sin revelar que muchos soldados se suicidaron para rehuir al combate y que cientos lo hicieron de regreso a su país, y otros miles sufrieron de cáncer al quedar afectados por el agente naranja, incluyendo a un teniente, hijo del almirante Elmo Zumwal, quien dirigió los operativos con el agente naranja-dioxina. Ese jefe militar demandó al Gobierno de su país por 180 millones de dólares debido a los daños a su familia durante la guerra.

U Thant intentó frenar la guerra

El 28 de marzo de 1967, el secretario general de la ONU, U Thant, había propuesto una tregua general en Vietnam, seguida por las conversaciones de paz, cuando el conflicto armado propiciado por Estados Unidos tomaba cuerpo durante el mandato de Lyndon B. Johnson, quien confiaba en someter al pueblo vietnamita.

Estados Unidos había violado los articulados más importantes del Acuerdo de París (1973), donde se había comprometido a suspender las operaciones y contribuir a realizar elecciones para decidir la unificación definitiva de todo Vietnam. Pero, al contrario, las hostilidades aumentaron, por lo cual el secretario general de la ONU, U Thant, hizo todos los esfuerzos posibles por llevar la paz a Indochina.

U Thant, nacido en Myanmar, estuvo al frente de la ONU desde 1961 al 1971. Había sido electo para dirigir el organismo mundial tras la muerte del secretario general Dag Hammarskjöld en un accidente aéreo en 1961. U Thant nació en Pantanaw, Birmania, el 22 de enero de 1909, y estudió en la National High School de Pantanaw y en la University College de Rangún.

Hồ Chí Minh, como destacado diplomático forjado en la III Internacional Comunista, en representación de los países asiáticos, también hizo lo propio en numerosos intentos; por ello siempre se mantuvo atento, desde 1946, a las relaciones con la máxima autoridad francesa del momento, el comandante Thiery d'Argeulieu, en procura de acordar la paz en toda Indochina, incluyendo a Laos y Camboya. En esa dirección, se dieron los primeros pasos para abrir una conferencia en París. Por esos años ya se vislumbraba definitivamente la resistencia revolucionaria de la mano del Tío Hồ, quien había regresado de Europa para fundar el Partido Comunista Indochino, logrando así la creación de la República Democrática de Vietnam (RDV). Sin embargo, debieron transcurrir ocho años de batallas para que definitivamente el país indochino se liberara del yugo galo, tras darse la batalla de Điện Biên Phủ, en la cual fueron derrotados los usurpadores franceses.

Ángel Bastidas G.

Consulta:

Nguyen Huy Toan (2010). Vietnam, guerra de liberación (1945-1975). Thế Giới Ed.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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