Letra invitada | La estupidez criminal

02/04/2026.- Por estos aciagos días, alguien desde el Gobierno gringo señaló que había diversas formas de negociar doblegando al otro. Nosotros —decía— lo hacemos bombardeando... Y sobre esto no debería haber dudas. Para cualquier ciudadano medianamente pensante en cualquier país del mundo, tal política es la insólita y nefasta política gringa.

En realidad, no es nada insólita; la historia de la nación norteamericana nos muestra, abundantemente, su agresividad para desconocer la soberanía del resto de las naciones. Eso define mejor que nada el talante imperial que los guía. Así ha ocurrido a lo largo de sus dos siglos y medio de existencia. Según su filial Wikipedia, son más de 330 las intervenciones armadas en alrededor de 48 países, la cuarta parte de los países del mundo. Sin contar el exterminio de las naciones indígenas en su propio país.

No se trata del "loco" Trump. En esos dos siglos y medio han tenido 47 presidentes; pudiéramos decir que cada uno de ellos fue responsable de, al menos, 7 de estas intervenciones armadas. Estamos frente a una asombrosa cultura colectiva de la violencia. Ella ha convertido a millones de jóvenes, potenciados por la droga, en asesinos. Son los que levantan con orgullo una bandera que, en vez de estrellas, debería tener calaveras.

Lo anterior es lo más atroz de la sombría historia de este extenso, agresivo y criminal imperio, que ha convertido a generaciones de jóvenes, crédulos del sueño americano, en enajenados drogómanos seguidores de esa ideología que tiene como ariete un modelo de gobierno empresarial —considerado por ellos el propio— que controla los mercados internacionales. ¿Cómo diablos pueden suceder tales cosas?

Su fuerza militar, la mayor del mundo, es impulsada por el capital que produce, controla y mueve los medios de información, comunicación y entretenimiento en todo el mundo occidental, del norte y del sur. Hablo de esa excreción judía que, más allá de un lobby, naricea a la sombra a ese Estado. Ellos deciden cómo golpear y a quiénes, cuando sus intereses así lo consideren necesario.

Lo vimos en Venezuela. Fue un asalto para torcernos el brazo y obligarnos por las malas a negociar con ellos. Tal cosa no es un asunto de interpretación. Nos han llevado, con el secuestro del presidente y su esposa, a aceptar la Executive Order 14373 como si fuera un hecho divino. ¡Por favor! Dejémonos de carantoñas con nuestros agresores. Aquí no hay amistad que valga. Solo, y con dificultad, relaciones de Estado.

José Manuel Rodríguez 


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