Las dos orillas | El peligroso arte de la judicialización pictórica

29/03/2026.- Mi amigo y "paisano" Manuel Grillo me envió estos días una imagen que publicó en su perfil de la red social Instagram el también amigo Omar Cruz. La imagen que publica Omar incluye dos versiones de la segunda audiencia del juicio que se le sigue al presidente Nicolás Maduro, secuestrado junto a la primera dama Cilia Flores la madrugada del 3 de enero pasado. La primera imagen corresponde al dibujo judicial, mientras que la segunda, entiendo, recrea o, al menos, está más cercana a eso que llamamos "real".

La imagen que más ha circulado es la del dibujo judicial —un pastel de trazos gruesos y colores apagados, que retrata al presidente con una expresión de preocupación, casi de derrota— y evidencia una intencionalidad. La misma intencionalidad que se ha ido posicionando desde las primeras horas de la agresión militar y secuestro de la pareja presidencial. Esto deja claro que no es solo a nivel narrativo que opera la guerra cognitiva, sino también a nivel icónico.

Fíjense, las primeras imágenes del presidente que se difundieron ese 3 de enero fueron hechas con IA. La intención clara era comenzar a sentar las bases de la muerte moral de Nicolás Maduro. Su composición, su cromática y el plano elegido estaban orientados ex profeso a posicionar la idea de la derrota. Rápidamente fueron desmontadas, porque la IA funciona en dos sentidos y, por ahora, guarda un apego a la verdad si asumimos que los inteligentes somos nosotros.

En los días siguientes, fue el propio presidente quien se encargó de usar la comunicación corporal, con énfasis en la gestualidad, como la única caja de resonancia que tenía y tiene a su disposición. Así, la imagen de sus manos haciendo el gesto de victoria una y la otra señalando ese gesto se tradujeron como "estamos bien" y "venceremos".

En cambio, los dibujos judiciales no son meros registros objetivos; a menudo capturan dos conceptos clave: la muerte moral (la pérdida de humanidad del acusado) y la muerte pictórica (el uso del arte para condenar simbólicamente).

 

Muerte moral, muerte pictórica

Este concepto se refiere al momento en que el acusado, a lo largo del proceso judicial, parece perder su esencia humana ante los ojos del artista o del público. El dibujante captura no solo un rostro, sino un supuesto e intencionado estado de "vacío" o "monstruosidad" moral. Sin embargo, al mirar más de cerca, algo no cuadra. Los rasgos faciales están exagerados; la postura es forzada. No es una representación fiel de la realidad; es una caricatura que busca sembrar dudas sobre la integridad del mandatario. No se trata de una muerte física, sino de una condena simbólica.

Este es el peligro del boceto judicial. No es simplemente un dibujo de lo que sucedió en la segunda audiencia celebrada el pasado 26 de marzo en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. Consiste en una interpretación, una forma de reinterpretar la realidad a través de los ojos del artista. En un mundo donde las imágenes tienen un impacto en la opinión pública, un dibujo puede tener más peso que una sentencia o, por lo menos, ser el catalizador que justifique en la psique colectiva la secuencia muerte moral, muerte pictórica y muerte física.

 

¿Por qué un dibujo puede ser tan peligroso?

La naturaleza de este recurso es intrínsecamente subjetiva, ya que el artista posee la facultad de seleccionar qué elementos incluir o excluir, permitiéndose exagerar rasgos, oscurecer expresiones e incluso inventar detalles inexistentes para moldear la percepción visual. Al ser una herramienta profundamente emocional, el dibujo logra apelar de forma directa a los sentimientos del espectador, siendo capaz de generar estados de empatía, desconfianza o rechazo, según la intención del trazo.

Esta carga interpretativa se convierte en un mecanismo persuasivo de alto impacto, diseñado para influir en la opinión pública y orientar el juicio colectivo sobre la culpabilidad o inocencia de una persona. Así, lo que parece una simple ilustración funciona en realidad como un discurso visual que busca validar una narrativa específica por encima de la objetividad de los hechos.

En el caso de Maduro, el dibujo es parte de una campaña mediática para desacreditarlo. Se busca mostrarlo como un hombre débil, corrupto e incapaz de gobernar. Lamentablemente, esta estrategia parece estar funcionando. Muchas personas, sobre todo en el extranjero, ven en estas imágenes una prueba de la culpabilidad de Maduro.

Ahora, ¿quién está detrás de estos dibujos? ¿Son artistas independientes o están siendo financiados por intereses políticos? La respuesta no está clara, ¿o sí? Lo que sí es cierto es que estas imágenes están siendo utilizadas para manipular la opinión pública.

Si tuviéramos que hacernos una idea del estado físico, psicológico y anímico del presidente Nicolás Maduro, yo me quedaría con el testimonio de su hijo, el diputado Nicolás Ernesto Maduro Guerra, quien un día antes de esa segunda audiencia de su padre manifestó que veríamos al presidente "delgado y atleta. Está haciendo ejercicios todos los días", y de la pareja presidencial diría que "están muy bien, fuertes" y "con mucho ánimo".

Resulta vital mantener una postura crítica frente a la información que nos inoculan a través de medios y redes. No debemos creer con ingenuidad en todo lo que vemos, en particular en el caso de los bocetos judiciales, que no son más que interpretaciones cargadas de prejuicios y motivaciones políticas, como ya vimos. Si bien el arte posee un gran poder para la denuncia social, también puede ser instrumentalizado para la manipulación, dando paso a una judicialización pictórica donde la verdad se desvanece tras un simple trazo de papel diseñado para deformar la realidad.

 

Armando Carrieri

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