Libros libres | Relectura de Mariano Picón Salas
29/07/2026.- Hay escritores que, como Mariano Picón Salas (1901-1965) están destinados a perdurar en la memoria de la cultura venezolana, debido, ante todo, a dos rasgos definitorios: elegancia de estilo y profundidad de ideas. En efecto, el insigne escritor merideño cumple con el propósito de ofrecernos un lenguaje lozano en la expresión y osado en sus propósitos conceptuales cuando observa fenómenos históricos, culturales y literarios; o emprende la escritura de crónicas, glosas de infancia o adolescencia; o cuando se propone tejer narraciones de ficción, la mayoría de estas, afincadas en la memoria infantil o juvenil.
Nacido en la ciudad de Mérida, en Venezuela, Picón Salas viaja pronto a la capital del país a realizar estudios superiores y luego a desempeñar deberes diplomáticos en México y Chile, donde expande sus posibilidades literarias y filosóficas, llevando nuestra prosa a puntos cenitales de expresión; tal se ilustra en los casos de obras como Buscando el camino (1921); Mundo imaginario (1927); Odisea de tierra firme (1931); Preguntas a Europa (1937); Un viaje y seis retratos (1940); Viaje al amanecer (1953); Apología de la pequeña nación (1946); Rumbo y problemática de nuestra historia (1947); Europa-América. Preguntas a la esfinge de la cultura (1947); Dependencia e independencia de la historia hispanoamericana (1952); Gusto de México (1952); Los días de Cipriano Castro (1953); Los tratos de la noche (relatos,1955); Las nieves de antaño (1958), y Los malos salvajes. Civilización y política contemporáneas (1962).
En ellos suele desglosar ideas o memorias, personajes o situaciones, universos culturales o morales, o indagar a través de obras de interpretación en fenómenos culturales o literarios como Problemas y método de la historia del arte (1933) y Formación y proceso de la literatura venezolana (1940) u obras de temas eminentemente históricos como Miranda (1946) o Los días de Cipriano Castro (1954), entre otras, que lo avalan como uno de los principales intérpretes de nuestros procesos histórico-culturales.
Hoy deseamos hacer énfasis en dos obras suyas reeditadas. Una es Comprensión de Venezuela, en 2022 en la Colección Bicentenario Carabobo, con un brillante prólogo de Guillermo Sucre; la otra, Dispersos y olvidados, una suma de cuentos publicada por la Biblioteca Ayacucho en su colección Claves de América, en 2025, con preámbulo de Alberto Rodríguez Carucci. Ambos textos críticos iluminan de modo sopesado rasgos y temas definitorios de estas obras.
Comprensión de Venezuela está conformada por once ensayos que versan sobre historia, poesía, pensamiento y cultura venezolana e incluye tres perfiles acerca de la ciudad de Caracas en distintos años (1920-1945 y 1957), y otro muy singular sobre el problema de nuestra cultura —Picón Salas suele poseer un humor cáustico, atenuado por los giros de su elegante estilo—, donde el autor lleva a cabo un repaso admirable sobre tal tema. Hace gala de una peculiar lucidez, la cual amalgama poder de indagación con osadía, los cuales le permiten abrirse paso con naturalidad entre temas harto complejos. Para quien desee obtener una visión clara y sucinta de nuestro país hasta mediados del siglo veinte, le bastaría penetrar en este breve volumen de 223 páginas y extraer de aquí sus propias conclusiones sobre las materias revisadas y las variadas preocupaciones que anidan en el alma venezolana.
En el otro volumen, Dispersos y olvidados, Alberto Rodríguez Carucci se ha encargado de exhumar con el mayor acierto catorce relatos que habían permanecido dispersos en varias publicaciones de Venezuela y Chile y eran de difícil localización hemerográfica. Alberto —con quien seguí, siendo estudiante, varios cursos en la Escuela de Letras en la Universidad de los Andes y con quien me une una sincera amistad— se encargó de someter tales textos a una acuciosa curaduría, a fin de presentarlos de manera impecable en este precioso volumen de la Biblioteca Ayacucho.
En verdad, ha resultado muy oportuna la publicación reciente de estas importantes obras de Picón Salas, las cuales estaban haciendo buena falta en el momento actual, sobre todo para que nuevas generaciones puedan calibrar el portento escriturario de este escritor nuestro, quien, además, fue fundador de la Facultad de Humanidades y Educación y de Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, y también su primer decano, director del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba) y de la Revista Nacional de Cultura. Ejerció sendos cargos diplomáticos como embajador en Brasil, Colombia y México y fue secretario de la Presidencia de Venezuela durante el último año de mandato de Rómulo Gallegos, labores que pusieron en alto la creación, el pensamiento y la filosofía de nuestro país, llegando en cierto modo a internacionalizarnos por vez primera en nuestra historia contemporánea, razones por las cuales le debemos tanto a este merideño universal.
He aquí dos extractos de las mencionadas obras:
Educación económica (rural, manual, técnica); educación física y sanitaria con rubros casi nuevos en eso que hasta ahora denominábamos nuestra Instrucción Pública. Simultáneamente con ello, hay que crear las cabezas que piensen para la Nación, los hombres capaces de señalarnos los caminos de la vida moderna. El médico, el abogado, el poeta espontáneo, han sabido ser los únicos representantes de nuestra vida cultural. Al humanismo clásico que dio su mejor fruto en Bello, en Fermín Toro, en Juan Vicente González, no lo sustituyó en nuestra enseñanza universitaria (fábrica de profesionales) el humanismo moderno en que pensó Cecilio Acosta; nuestra cultura superior ha sido —como en todos los países suramericanos— algo extraño al medio, flotante sobre nuestra realidad, ajeno al misterio propio que se llama el país (…) Por ello, existe tan profundo abismo entre las leyes fabricadas en Caracas y la oscura circunstancia autóctona. Por ello, lo que tiene más valor en la producción cultural venezolana son algunas obras de imaginación donde el instinto del artista —como en ciertas páginas de poesía o de novela— tropezó, más inconsciente que conscientemente, con el secreto o el enigma nativo. Algunos hombres de ciencia bien dotados, capaces de investigar y crear en un medio que no los comprendía, han trabajado terriblemente solos. Al margen de ellos, con el empirismo, la rutina, la copia mecánica de la ley y el decreto, permanecía el Estado venezolano.
Picón Salas, M. (2022). Proceso del pensamiento venezolano, en Compresión de Venezuela. Colección Bicentenario Carabobo. (Obra original publicada en 1940).
Viendo el fracaso de todos mis esfuerzos, tentado he estado de decir como resolución única para este problema que me atormenta: "¡La verdadera comodidad no existe!". Si en la hora en que caiga vencido por la esfinge no hay comodidad, puedo decir que esta palabra en el mundo tiene un sentido vacuo. Pido a los dioses que caiga mi muerte precisamente un día de difuntos. Porque morir yo que soy el invierno en cuerpo y el espíritu en los días de primavera sería una aberración; paradoja en el jacarandoso y pascual diciembre. Mientras que si mi vida termina un dos de noviembre, como por la piadosa conmemoración lloran con isocronía las campanas de los templos, a la vieja criada, mi heredera universal, le haré algo muy cómodo: que ahorre el gasto de la postrera caridad de un doble, pues como se confundiría con el grave y continuado de todas las campanas, nadie pensaría que era por mi ánima que iba en busca de otras comodidades en otros y desconocidos mundos.
Picón, Salas, M. (2025). "Filosofía y la comodidad", del Diario de un hombre que buscó la comodidad y no la halló, en Dispersos y olvidados.
Gabriel Jiménez Emán
