Rostro de mujer | Yudaima Pacheco

El arte de tallar el futuro con raíces de respeto

28/03/2026.- Existen trayectorias de vida que desafían la idea de que la madurez es sinónimo de quietud. Son historias donde el pasado no es un ancla que detiene, sino una raíz profunda que permite proyectarse con fuerza hacia el porvenir. En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, el verdadero arte reside en equilibrar la sabiduría de la experiencia con una curiosidad inagotable, demostrando que la evolución personal no tiene fecha de caducidad.

A través de la resiliencia, es posible transformar la vivencia en una herramienta de creación constante, donde cada valor aprendido se convierte en el cimiento de un futuro lleno de propósito. Bajo esta premisa, recibimos a nuestra invitada, Yudaima Pacheco, quien a sus 72 años no es una mujer de silencios; ella es hija del movimiento. Identificada plenamente con el pulso vibrante de Caracas, ha construido una vida que amalgama la rectitud de su crianza con una mentalidad audaz. Su historia es un testimonio de cómo los principios sólidos son el soporte perfecto en un mundo en constante transformación.

Su carácter se forjó en un hogar donde el respeto era la norma inquebrantable. Criada en un entorno de decoro y afecto, recuerda con nostalgia los tiempos de los "recortables", el trompo y las metras. Ante la ausencia física de su padre, su hermano mayor asumió el rol de guía y de veneración, dejando una huella de protección y ejemplo atesorado por ella hasta el día de hoy.

En su encuentro con el equipo de Rostro de mujer, Yudaima expresó que de su madre —una mujer de pueblo, pero de palabra firme— heredó la rectitud. Esa herencia se refleja hoy en el orgullo que siente por su hija, Thairis, una excelente profesional en el área del diseño y las relaciones públicas. La describe como una joven creativa, empática y de una disciplina inquebrantable, destacando sobre todo su responsabilidad, entrega y profesionalismo en cada proyecto que emprende.

Su trayectoria laboral le otorgó una lección de vida: la adaptabilidad. Ante los cambios generacionales y de procesos, ella siempre eligió evolucionar. "El que no se adapta, se queda en el aparato", afirma con la seguridad que otorga la experiencia. Tras su jubilación, lejos de detenerse, ha explorado nuevos horizontes: desde la delicadeza de la talla en madera y el arte de la peluquería hasta la gastronomía y su participación en un grupo musical de adultos mayores. "Todos tenemos un don que Dios nos dio; solo debemos descubrir nuestro potencial", aseguró.

Nuestra invitada se define como una mujer futurista. Aunque atesora lo bueno de sus raíces, su mirada está puesta en lo que vendrá. No teme a la realidad; la cuestiona con inteligencia. Le inquieta la erosión de valores en la dinámica social actual. Por ello, aboga por una competencia intelectual y sabia, donde la mujer se eleve por su capacidad y talento, sin descuidar la esencia humana y el núcleo familiar. Para ella, la clave reside en una competencia "leal y bonita" que fortalezca el tejido social.

Al mirar atrás, no cambiaría ni una página de su historia: "Mi vida ha sido chévere". Al proyectarse a cinco años, su deseo es la paz del horizonte. Se visualiza frente al mar, disfrutando de la compañía de su hija y viendo crecer a su nieta, quien para entonces será una joven de 17 años.

Yudaima concluye con una invitación a la introspección: "Todos vivimos un proceso; el secreto está en reconocerlo, aceptarlo y, sobre todo, vivirlo con plenitud". Con estas palabras, nos invita a dejar de ver el crecimiento como una meta lejana y empezar a entenderlo como el camino que transitamos aquí y ahora, transformando cada desafío en una oportunidad de autodescubrimiento.

Un corazón que no se detiene

 

Nirman García Berbeo

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